Los cuentos de Canterbury

 


A principios de Octubre habíamos planeado hacer una excursión al New Forest pero ese fin de semana hizo un tiempo horroroso, así que lo tuvimos que cancelar. Afortunadamente, el fin de semana siguiente hizo bastante mejor y pudimos hacer otra excursión bastante interesante. Nos habíamos pedido el lunes de vacaciones, así que teníamos tres días y decidimos irnos a visitar la zona alrededor de Canterbury, que no la conocíamos

Salimos el sábado por la mañana y en el viaje de ida nos encontramos un montón de tráfico y retenciones causados por varias obras que había en el camino. En Inglaterra están siempre de obras en las carreteras, es un poco pesadilla. El viaje se hizo bastante eterno, teníamos que haber tardado tres horas y tardamos más de cinco.


Finalmente llegamos a Dover con el tiempo justo de darnos un paseo y poder ver los famosos acantilados. No están mal, pero prefiero los de Seven Sisters, cerca de Brighton. El camino de entrada a la zona de aparcamiento del National Trust era un poco estrecho pero como no había apenas tráfico pudimos pasar sin problemas. Y la zona de aparcar autobuses donde dejamos a La Gringa mientras dimos el paseo no era más que un solar medio inundado pero nos hizo el servicio

Después de esta visita relámpago tiramos hacia el camping que estaba en las inmediaciones de Sandwich. Llegamos justo a tiempo poco antes de anochecer, el camping estaba bastante bien, una buena entrada y mucho sitio, nos pusieron al final de un camino para que estuviésemos sobre un terreno duro.

Al día siguiente al despertar me encontré con que La Gringa estaba rodeada de coches, lo que me extrañó porque el día anterior no había nadie. Resulta que el camping tenía un montón de lagos para pescar y todos los coches eran de pescadores que habían venido temprano a echar el día. Desayunamos mientras contemplábamos alucinados el equipamento que desplegaban los pescadores. Parecía que iban a la guerra, con unos armatostes impresionantes, uno pasó con varios carritos llenos hasta arriba de cacharros. Los ingleses y la pesca, vaya mundo!!


El domingo el plan original era que nos íbamos a acercar a Canterbury con La Gringa y dejarla en el Park & Ride pero Puri descubrió que había una línea de autobuses que pasaba junto al camping y que nos llevaba directos y decidimos no mover nuestro trasto. Nos acercamos a la parada de autobús con las bicis y las dejamos allí candadas mientras íbamos a hacer la visita. El autobús iba por una ruta en la que la carretera era súper estrecha y el tío iba a toda leche, pasando a milímetros de las casas y obstáculos de la ruta, yo iba acojonado y no podía dejar de pensar en si hubiésemos tenido que hacer ese trayecto con La Gringa

Llegados a Canterbury nos acercamos a la catedral donde teníamos reservada la visita. La catedral es magnífica, muy curiosa, sobre todo porque tiene una arquitectura muy peculiar y una estructura muy diferente a otras catedrales que hayamos visitado. Pasamos un buen rato visitando la catedral a fondo, fue muy interesante. Lo único malo es que estaba en obras, con muchos andamios por fuera y una parte del techo cubierta, pero pudimos ver lo suficiente como para irnos satisfechos.


Después de la visita a la catedral teníamos hora para dar un paseo en barca por unos canales que hay por el centro de la ciudad. Justo antes de subirnos a la barca llovió un rato y por un momento temimos que se nos fuese a fastidiar el paseo, pero dejó de llover mientras esperábamos a embarcar y pudimos dar el paseo sin mojarnos. Nuestro guía era un chaval inglés que había pasado mucho tiempo en Málaga, fue muy simpático y el paseo muy ameno e interesante.

Después de este paseo fuimos a comer a un parquecito que habíamos visto desde la barca, un sitio bastante agradable. La ciudad no parecía dar para más, es algo que he visto en muchas ciudades con historia de Inglaterra, en cuanto te sales de las cuatro calles que tienen algo histórico el resto es todo igual en todas partes, lleno de Costas, Boots y similares, les falta caracter. Así que decidimos volver y acercarnos a Sandwich que habíamos leído que era bastante interesante.

Sandwich resultó una decepción. Fuera de un antiguo puente de peaje y cuatro casas medio antiguas no tenía nada que resaltar, así que fue un poco de chasco. Y además a mi bici le dio por dejar de funcionar el motor, así que tuve que estar toda la vuelta al camping dándolo todo con la lengua fuera.

Por la noche habíamos previsto hacer una barbacoa junto a La Gringa pero llegando allí había unas nubes bastante oscuras y decidimos cancelar el plan. Y menos mal que lo hicimos porque poco después comenzó a llover a lo bestia con una gran tormenta con rayos y truenos. Salvados por la campana!!

El lunes dejábamos el camping por la mañana pero al ir a salir nos encontramos con que uno de los pescadores había dejado su coche de tal forma que apenas dejaba hueco para pasar. Intenté pasar echándome mucho a un lado pero las ruedas de la autocaravana empezaron a patinar así que tuvimos que abortar el intento. Puri salió para avisar al del camping y tuvo que hacer un poco de alpinismo ya que el lado de la puerta estaba pegado a un desnivel lateral y apenas se podía pasar. El del camping fue a ver si encontraba al del coche y afortunadamente estaba por allí y no tuvimos que esperar mucho. Puri me escoltó el resto del camino hasta que salimos del camping porque había muchos otros coches aparcados y nos preocupaba que se repitiese el problema. Afortunadamente pudimos pasar sin más apuros por el resto de sitios.

Camino de Margate decidimos ir a echar gas a una gasolinera y entre que la gasolinera era bastante pequeña, que estaba hasta arriba de gente y que la gente no colaboraba ni una pizca, estuvimos un buen rato hasta que conseguimos hacer toda la maniobra de colocarnos junto al surtidor y luego volver a salir.

Llegamos por fin a Margate y aparcamos en un sitio cojonudo, un parking muy grande para coches que recorría todo el lateral de una playa, había cientos de sitios y no tuvimos problema en encontrar una zona donde dejar La Gringa ocupando varios de ellos. 


Cogimos las bicis y nos fuimos a visitar una cosa súper curiosa, una gruta que estaba completamente decorada con conchas, muy interesante y fascinante. Echamos un buen rato visitando la gruta y contemplando todo el trabajo que había llevado construirla. Después volvimos a coger las bicis y nos acercamos hasta la zona de playa.


Margate resulto ser un pueblo muy bonito, con unas zonas de playa espectaculares, muy cuidado e interesante. Es una pena que no tuviésemos más tiempo, habrá que volver en otro momento que haga mejor tiempo.

Mi bici seguía sin funcionar, así que volví de nuevo con la lengua fuera a donde habíamos aparcado La Gringa. Comimos y emprendimos el camino de vuelta. El regreso fue mucho mejor que la ida, no encontramos ningún tráfico y en poco más de tres horas estábamos de vuelta, se nos hizo el trayecto mucho más corto. Y Puri se animó a conducir un rato desde los alrededores de Sevenoaks hasta la estación de servicio de Fleet, así que todo estupendo.

En resumen un fin de semana muy interesante en el que pudimos conocer esta zona del país y en el que el tiempo nos respetó lo suficiente como para poder disfrutar del viaje. Nos quedaron ganas de volver en otro momento en el que haga incluso mejor tiempo y podamos disfrutar de las estupendas playas que conocimos.

Viaje a Galicia, segunda parte

Se acercaba la hora de empezar el viaje de vuelta y empezamos a llenar La Gringa con todas las cosas que nos íbamos a llevar de vuelta: varias cajas de vino blanco y tino, una caja de Estrella Galicia, dos cajas grandes llenas de productos alimentarios de todo tipo, un montón de verduras incluyendo una caja grande con 25kg patatas, 6 garrafas de 5L de aceite, unos buenos trozos de bacalao salado, un ossobuco, otras piezas de carne... Llevábamos la nevera a reventar y un montón de los espacios inferiores ocupados.

Salimos por fin el jueves 10 por la mañana temprano, con tiempo porque queríamos llegar a la Praia das Catedrais con tiempo de pillar la marea buena. Paramos en Ordes a repostar y seguimos camino, con Puri conduciendo. Un rato después, a la altura de Vilalba queríamos parar y cogimos una salida que indicaba una gasolinera. La tal gasolinera no se veía por ningún lado. Al cabo de un rato vimos un cartel que indicaba que estaba a 500m. Seguimos un buen rato y la gasolinera no apareció por ningún lado, un misterio digno de Cuarto Milenio. Paramos finalmente en un parking frente a una empresa y tras una breve parada retomamos el camino. Al cabo de un rato miré por el retrovisor y me di cuenta de que nos habíamos dejado abierta la puerta!! Qué despiste!! Paramos otra vez como pudimos y cerramos la puerta.

Llegamos finalmente al sitio donde íbamos a pasar la noche, un area de autocaravanas en San Cosme de Barreiros, frente a Foz. El area de autocaravanas no tenía apenas servicios pero estaba de maravilla, con unas vistas preciosas a la ría de Foz. Y encima no había nadie, todo el area para nosotros.

Comimos y salimos en bici camino de la Praia das Catedrais. Un bonito paseo junto al mar y llegamos justo a tiempo de pillar la marea bajando. Nos dimos una buena vuelta por esta maravillosa playa, haciendo un montón de fotos y disfrutando de las increíbles estructuras creadas por la naturaleza.

Después de la visita a esta playa seguimos camino y nos acercamos hasta Rinlo, un bonito pueblo desconocido por la mayoría de la gente. Puri se encontró a una antigua conocida del pueblo y estuvimos un rato charlando con ella y comentando el estado del pueblo y los alrededores. Luego volvimos de nuevo hasta San Cosme, parando un ratito a tomar una cervecita en un bar del pueblo. Un buen paseo con las bicis que nos dejó cansados pero bien a gustito.

Al día siguiente salimos camino de Santander. El día anterior, de camino a San Cosme, nos habíamos acordado de Yatecomeré, una casa que vende comidas preparadas, incluyendo unas estupendas croquetas. Puri les había llamado a ver si nos podían enviar un pedido a Reino Unido pero nos enteramos de que tenían un almacén en Asturias, junto a Oviedo, que nos pillaba más o menos de paso. Así que organizamos un pedido para recoger en este almacén. Hicimos esta parada, recogimos nuestro pedido de croquetas, cochinillo y carrilleras y seguimos camino con más cosas llenando nuestra caravana.

Llegamos finalmente a Santillana del Mar donde íbamos a pasar la noche. Aparcamos en un aparcamiento de autocaravanas que no tenía ningún servicio y que encima costaba 10€, pero estaba al ladito del pueblo, así que no nos quejamos. Nos dimos una vuelta estupenda por Santillana, es un pueblo precioso lleno de bonitos edificios. Conversamos un rato con un simpático artesano de la localidad que nos contó su vida y milagros. Tras comprarle unos pendientes nos fuimos a cenar y pudimos disfrutar de una buena cena en un sitio con una terraza interior súper agradable.

Al día siguiente cogimos las bicis y tiramos hacia la costa. Para llegar allá había que subir unas colinas y bajar por unos caminos bastante empinados. En uno de ellos de pronto oí a Puri gritando. Los frenos de su bici no estaban en el mejor estado del mundo y en esa cuesta no conseguía parar del todo. Afortunadamente finalmente consiguió parar y todo acabo en un sustillo. 

La playa a la que habíamos elegido ir se llamaba Santa Justa, una auténtica joya, súper bonita y recogida, con poca gente. Y con un estupendo chiringuito en el que nos sentamos a disfrutar de unas cervecitas. El chiringuito tenía como banda sonora una recopilación de música de los ochenta que nos ofreció una selección de temazos de la movida. Yo encantado!!


Después de comernos unos sandwiches emprendimos el camino de vuelta. Teníamos que volver a subir todas las colinas que habíamos bajado y, aunque no volvimos por los caminos más empinados, fue un buen esfuerzo y tuvimos que parar más de una vez a recuperar el resuello.

Después de volver a parar en Santillana a comprar unas empanadillas, salimos camino de Santander. Antes de embarcar queríamos llenar el depósito de La Gringa, que el gas está bastante más barato en España que en UK. Fuimos a una gasolinera que yo había visto y que estaba en el centro de Santander. Cometí el error de no revisar la gasolinera antes de ir con el Google Street View y cuando llegamos nos encontramos con algo bastante pequeño y estrecho. Pero conseguimos maniobrar La Gringa hasta poderla dejar en la posición buena para repostar. Eso sí, ocupábamos más de la mitad de la gasolinera!

Llegamos por fin a la zona de embarque y tras esperar lo que parecieron varios milenios por fin embarcamos (de los últimos, yo creo que el barco zarpó según subimos). El viaje de vuelta tranquilo y sin incidencias. Se nos hizo más largo que a la ida. Cuando desembarcamos, en la aduana inglesa, un policía me hizo abrir todos los compartimentos inferiores. Como estaban todos cerrados con llave estuvimos un buen rato hasta que conseguimos abrirlos todos y el tipo quedó satisfecho.

De Porstmouth al sitio donde dejamos la autocaravana nada que reseñar, un trayecto corto esta vez sin tráfico. Llenamos el coche hasta el techo con todas la cosas que habíamos traído (y aún quedaron unas cuantas en La Gringa pendientes de recoger más adelante) y tiramos hacia casa, tristes de que acabase este estupendo viaje donde lo habíamos pasado tan bien.

Viaje a Galicia, primera parte

 


A finales de Agosto por fin pudimos hacer el viaje que llevábamos un buen tiempo planeando. La situación estaba regular, con noticias no demasiado buenas desde España y el inconveniente de tener que hacer cuarentena a la vuelta, pero teníamos muchas ganas (y los billetes del ferry nos habían costado una pasta) así que nos liamos la manta a la cabeza y allá que tiramos.

Salimos un viernes por la tarde y en el camino a Portsmouth encontramos mucho tráfico. Menos mal que sólo hay una hora de distancia y que habíamos salido con mucho tiempo. Llegamos sin problemas al embarque del ferry y, tras un buen rato de espera, embarcamos y nos metieron junto a los camiones. Fuimos de los últimos en embarcar y el espacio que hay es bastante estrecho, así que hubo que andar con tiento para poder entrar hasta el final.

El viaje en el ferry fue muy cómodo, el ferry es muy grande, tiene diez plantas, y se menea poco. Los camarotes chiquitines pero suficientemente cómodos. Al día siguiente me pasó una cosa muy graciosa. Fuimos a coger la comida al self-service y había paella. La pedí y me preguntó la camarera que si quería patatas fritas y le dije que paella con patatas fritas es un crimen. La camarera, que era francesa, se partió de risa. Llegó el siguiente cliente, un tipo inglés y también pidió paella. La camarera también le preguntó si la quería con patatas fritas y el tipo le dijo que no, que con arroz. Así que allá que se fue tan contento el personaje con su plato de paella con un acompañamiento de arroz blanco!!

Entre lecturas, comidas y paseos por el barco se nos pasó la travesía y llegamos a Santander a media tarde del sábado. Emprendimos camino y paramos en lo que se supone que era un area de autocaravanas en Colunga, cerca de Gijón. El area de autocaravanas ya no era tal, habían quitado todos los servicios, sólo quedaba una explanada asfaltada junto a la gasolinera. Preguntamos y nos dijeron que no había problema en que pasásemos la noche allá y como no necesitábamos agua ni vaciar depósitos, pues nos valía. Salimos a dar una vuelta por el pueblo, chiquito pero interesante, con una bonita iglesia. Vimos una tienda que tenía muy buenos productos típicos y tomamos nota para parar a la vuelta. Unas raciones para cenar en un restaurante y a dormir.

 

Al día siguiente emprendimos camino, entramos a la autopista y de pronto miré por el retrovisor y me di cuenta de que nos habíamos dejado sacado el slide out del dormitorio!! Puri tuvo que levantarse a meterlo, menos mal que se puede activar fácilmente incluso en marcha. Qué susto y que despiste!! Paramos a echar gas un poco más allá de Avilés y Puri se animó a conducir La Gringa un rato. Ibamos a salir de la gasolinera y al dar la vuelta por la parte de atrás de pronto era súper estrecho. Pero Puri pudo maniobrar perfectamente y salir sin problema. A la altura de Navia volvimos a parar y volví a tomar yo las riendas. 

Seguimos camino y paramos a comer en una gasolinera de Ordes. En teoría íbamos a repostar allí pero resulta que la gasolinera que tenía el surtidor de gas era la que estaba en sentido norte y si íbamos a ese lado luego nos mandaban casi hasta Coruña antes de poder dar la vuelta. Así que decidimos seguir camino y parar en Santiago a repostar. Tuvimos que entrar bastante a Santiago, la gasolinera es una que está al norte de la ciudad, pero no hubo problema. Es la primera gasolinera en la que un empleado hace el trabajo de estar apretando el botón del gas hasta que se llena el depósito, que tarda una eternidad, yo lo agradecí.

A media tarde llegamos ya a Sanxenxo. En Julio habíamos estado explorando la zona y buscando sitios para pernoctar, repostar, llenar agua, etc... En Sanxenxo hay una cosa súper cómoda, hay una gasolinera que tiene un area para autocaravanas en la que cargar agua y descargar depósitos y te cobran sólo 5€, así que hicimos una parada técnica para hacer estas operaciones. Volvimos varias veces más a esta gasolinera cuando necesitábamos repostar agua o vaciar depósitos, fue genial porque así no tuvimos que ir a ningún camping.

Finalmente llegamos a O Grove. Puri había investigado y encontrado un sitio estupendo para aparcar la autocaravana, era un pequeño parking detrás de la Casa del Jubilado donde nunca había nadie, así que allí nos instalamos y estuvimos estupendamente varios días sin que nadie nos molestase. Y era genial porque todo lo que necesitábamos hacer en el pueblo estaba al alcance andando o en bici. Y si teníamos que ir a algún sitio más lejano nos prestaba su coche el hermano de Puri


Al día siguiente comenzó el baile de visitas de la caravana. Vino el hermano de Puri y sus padres y luego un montón de amigos. Fue muy divertido ver la cara de todos al ver lo grande que era nuestro bicho!! Una noche incluso nos animamos a organizar una cena y nos juntamos diez personas (seis mayores y cuatro chavales), un lujo poder disfrutar de tanto espacio.

El viernes siguiente a nuestra llegada Leo volvió ya para Madrid que tenía que comenzar el colegio. Nosotros fuimos una noche con La Gringa a dormir en el parking de A Lanzada, que tenía yo ganas de disfrutar del atardecer junto a la playa. Hizo un atardecer precioso y pudimos disfrutar de él junto a un grupo de amigos que habían venido a vernos. Lo único malo es que hacía mucho viento y por la noche una vez más se movía toda la caravana un huevo. Yo quería haberme levantado para también disfrutar del amanecer en la playa pero con la que soplaba no apetecía nada y preferí quedarme en la cama.


En resumen, pasamos unos días muy buenos, con un tiempo excelente. Pero todo lo bueno tiene su fin y llegaba el momento de volver. Pero todo eso os lo contaremos en el próximo post

Un viaje a Gales con los chavales


Durante toda la primavera no pudimos ir a ningún lado con La Gringa. Al principio estábamos todos confinados por el puñetero virus y luego, cuando ya podíamos salir un poco, seguían todos los campings cerrados. Además en una de las visitas que hicimos para mantenerla a punto pudimos ver que teníamos problemas eléctricos con la carga de la batería y el inversor.

Así que cuando reabrieron los campings en Julio lo primero que nos tocó es una nueva visita al taller para arreglar estos problemas. Luego ya estuvimos liados con otras cosas y lo único que pudimos hacer en Julio fue que yo me acerqué un par de días a un camping en el New Forest, momentos que aproveché para dejar todo a punto, vaciar y llenar todos los depósitos y darle una buena limpieza,

Había programado irme unos días a principio de Agosto con Leo y un par de amigos que tiene aquí en Inglaterra (son los hijos de una pareja de Argentina que son amigos nuestros y con los que Leo se lleva muy bien) pero a finales de Julio me fui a España a pasar una semana con él en Jávea y según llegamos nos enteramos de que Boris Johnson había decretado que los que volviesen de España tenían que hacer 15 días de cuarentena, así que nos toco chuparnos estos días y retrasar la salida con La Gringa. Lo que fue una pena porque durante los días previstos hizo un tiempo maravilloso, incluso con calor.

Así que con un par de semanas de retraso (y con una previsión del tiempo mucho peor) salimos camino de Gales. Martín (el padre de estos chicos) se había encargado de hacer la compra y teníamos comida para aburrir. Pero estuvo bien, que estos comen como limas, al final no nos sobró mucho. Como ese día salimos por la tarde después de trabajar, no nos daba tiempo a llegar hasta nuestro destino, así que hicimos escala en un camping cerca de Bristol que ya conocíamos de otras veces.

Esa noche me llegó un email del camping al que íbamos diciendo que estaba previsto que llegase una tormenta con grandes vientos y aconsejando a todo aquel que no tuviese una autocaravana o una tienda bien resistente que aplazasen el viaje. Y la verdad es que la previsión de tiempo era bastante horrorosa, acojonaba un poco.

Al día siguiente retomamos el camino al camping, saliendo a media mañana. Durante el viaje nos llovió bastante pero fue en general bastante soportable. Según llegamos al camping escampó y dejó de llover. Después de pasar por la recepción me mandaron a un prado gigante donde instalaban a las caravanas más grandes como la nuestra. Pero la llegada al prado estaba un poco en cuesta y con mucho barro. Enseguida La Gringa empezó a patinar y no había forma de subir. Además, intentando encontrar un punto que tuviese menos barro acabé en una zona en la que no iba ni palante ni patrás. La cosa podría haber sido seria pero afortunadamente tenían un tractor bien potente y el dueño del camping se encargó de remolcarnos hasta la parte superior del prado. Prueba superada!


Estábamos en la parte más alta del camping con unas vistas maravillosas. En vista de que hacía más o menos bueno nos animamos a acercarnos a una cala que había cerca del camping. Como estaba todo mojado la caminata se hizo complicada, con todo resbaladizo. Pero mereció la pena ya que los paisajes eran espectaculares y pasamos una buena tarde. Hasta vimos algunas focas que nadaban por allí cerca.

Cuando llegó la noche empezó a soplar el viento. Soplaba con una fuerza extraordinaria (después vería que tuvimos vientos de más de 60km/h), toda la caravana se sacudía y hacía un ruido horroroso. La verdad es que daba hasta miedo. Pero La Gringa aguantó como una campeona. La noche fue complicada con tanto ruido y tanto movimiento, así que no dormimos muy bien.

Al día siguiente siguió haciendo un viento horroroso y encima empezó a llover mogollón, así que nos pasamos toda la mañana encerrados sin poder ir a ningún lado. Pero afortunadamente por la tarde, aunque seguía haciendo mucho viento, dejó de llover e incluso salió un poco el sol, así que nos animamos a ir a hacer una visita turística.

Leo se había dejado su sudadera en casa y aunque uno de estos amigos le había prestado una, pensé que sería buena idea comprarle una. Así que abrí Google y puse "Tiendas de deporte cerca de St Davis" (el pueblo más cercano) y me salió una tienda de una marca que conocía (algo tipo "Décimas") en un centro comercial. Así que llamamos a un taxi y le dije al taxista que nos llevase al "centro comercial" de St Davis. El tipo ni se inmutó, salimos para allá y nos dejó junto a un edificio que, la verdad, no tenía pinta de centro comercial, pero me dije "bueno, será aquí". Entramos y era un súper! Y es que luego me di cuenta de que el centro comercial que había encontrado no estaba en St Davis, sino que era un centro comercial llamado St Davis en Cardiff!! Y en St Davis es normal que no haya ningún centro comercial porque resultó ser un pueblo enano de unas pocas casas!! El tipo debió pensar que yo era un redicho que llamaba "centro comercial" al súper!! :-) :-)



Pero la mayor sorpresa del día nos esperaba todavía. Resulta que St Davis es un pueblucho de cuatro casas pero tiene una catedral espectacular que ya quisiera más de una capital de provincia!! Flipamos a tope cuando nos asomamos y vimos el pedazo catedral que tenían en el pueblito.

Después de la visita a la catedral y de tomarnos unas bebidas en una terraza (se había quedado una buena tarde, sobre todo en el pueblo donde se notaba menos el viento) nos fuimos a un "escape room" que había en los alrededores. Estaba en una pequeña aldea preciosa de casas de piedra en un antiguo almacén de madera, precioso. Y en el escape room lo pasamos chupi (conseguimos salir a tiempo!) y a los chicos les encantó, era la primera vez que hacían este tipo de actividad y les moló mucho.

Luego se repitió la historia: una noche de muchísimo viento y una mañana con mucha lluvia, seguidos de una tarde en la que despejó lo suficiente como para poder darnos un paseo por los acantilados cerca del camping. Los paisajes son impresionantes, me gustó muchísimo la zona, tenemos que volver.


Finalmente ya el sábado bajó el viento lo suficiente como para que nos animásemos a sacar las bicis. Fuimos hasta una cala que estaba a un par de kms del camping y de nuevo flipamos con los espectaculares paisajes de la zona, en particular con una cala llamada "Blue Hole" creada a partir de una antigua cantera y que era una pasada. Y por fin nos hizo algo de buen tiempo, incluso durante algunos minutos llegamos a pasar calor y todo. Volvimos al camping con la lengua fuera (había unas buenas cuestas de vuelta) y por fin pudimos estrenar una barbacoa de gas que había comprado para La Gringa y disfrutamos de unas ricas hamburguesas. Por desgracia por la tarde comenzó a hacer malo de nuevo y sólo nos dio para otro corto paseo por la zona.

Finalmente el domingo emprendimos el viaje de regreso, tomándolo con calma, que era bastante distancia, parando cada poco para repostar, comer o descansar un rato. En total unas ocho horas (incluyendo paradas) y a casita.

En resumen, una excursión excelente que sólo tuvo la pega de un tiempo horroroso. Pero el hecho de que cada día pudiésemos encontrar un ratito en el que no hiciese demasiado malo nos permitió disfrutar de la excursión y los chavales lo pasaron en grande. Habrá que repetir!

Un fin de semana que parece una gincana


Nuestra caravana había estado una temporada con la gente de Anglo-American Motorhomes reparando unas cuantas cosas después del viaje a Suiza. Este fin de semana queríamos ir a Bath a ver una ópera en la que actuaba un conocido de Puri, así que aprovechamos para hacer el plan de ir a recoger la caravana para luego ir a Bath y finalmente devolverla al sitio donde la guardamos.

El viernes por la tarde viajamos Puri y yo por separado (yo venía de Londres de una conferencia y Puri de su curro) y nos vimos en la estación de Newport donde nos estaba esperando Tony de Anglo-American. Nos llevó hasta la motorhome y nos explicó todas las cosas que se habían arreglado. Como era bastante tarde, habíamos hablado con esta gente para poder quedarnos allí mismo a pasar la noche, que no nos apetecía conducir de noche con todo el tráfico del viernes a la tarde.

La idea original era que nuestras amigas Sara y Emma, que viven en Gales, irían hasta Bath para vernos, pero ya que íbamos a pasar la noche en Newport, pensamos que era mejor que se acercasen a vernos allí y cenar con nosotros en lugar de tener que ir hasta Bath al día siguiente. Así que allí las esperamos y después de unos buenos abrazos y probar la empanada de zamburiñas que había hecho Puri nos fuimos a cenar. Fuimos a un hindú y nos dijeron que teníamos que esperar más de dos horas a que tuviesen mesa!! A ver, que no estábamos en El Bulli... Andábamos pensando a dónde ir cuando Emma avistó otro hindú en una esquina cercana. Allá que fuimos y cenamos estupendamente, así que casi mejor que el primero estuviese lleno, ellos se lo pierden.

Nos despedimos con pesar de nuestras amigas y nos fuimos tempranito al sobre. Pronto empezó a soplar el viento de lo lindo y nos pasamos la noche notando como las rachas de viento zarandeaban la caravana.

Nos levantamos al día siguiente sin haber dormido muy bien. El día estaba horroroso, con lluvia y sobre todo un buen vendaval. La previsión era que amainase a mediodía, así que preferimos anular una excursión que pensábamos hacer a Wells y nos quedamos allí toda la mañana esperando a que bajase un poco el viento. A mediodía amainó un poco pero siguió soplando a lo bestia. No podíamos tampoco esperar mucho más porque teníamos que conseguir llegar a Bath a tiempo para poder ir a la ópera, así que con un poco de acojone salimos hacia allá.

Los primeros momentos de conducción de La Gringa fueron complicados. Se me hacía enorme después de varios meses sin conducirla y nada más salir tuvimos que negociar una curva un poco complicada entre un coche aparcado y unos postes y sudamos un poco de tinta. Pero enseguida me hice con ella y volví a sentirme cómodo.

Llegamos a la autopista y vimos que, a pesar de que hacía mucho viento, La Gringa se conducía sin problemas. Atravesamos el puente que une Gales con Bristol, que era el punto en principio más complicado porque allí siempre se forma mucho viento, sin nada destacable.

Atravesamos Bath y fuimos hacia el camping donde íbamos a dejar la Gringa. Poco antes de llegar tuvimos otro momento complicado. Había un punto en la carretera en el que coincidían varios coches aparcados con unos postes al otro lado. El espacio era muy justo y tuvimos que pasar a dos por hora, con una distancia mínima a ambos lados. No me gustó nada.

Llegamos por fin al camping y estába bastante bien, entrada fácil y unas parcelas de buen tamaño. Un sitio para apuntarse. Lo malo es que seguía haciendo un tiempo asqueroso, así que no pudimos disfrutar de lo que ofrecía el camping, tiene un laguito que tenía buena pinta pero con la que estaba cayendo no nos animamos a ir a visitarlo.

No había sido posible encontrar un sitio cerca de Bath donde nos admitiesen a La Gringa y el más cercano que encontramos fue este camping que estaba a unas diez millas. Demasiado lejos para las bicis (que tampoco nos habíamos traído), así que había que ir en transporte público. Un taxi nos acercó a la estación de Westbury y desde allí cogimos el tren a Bath, media horita.

La información original que yo tenía era que el último tren de vuelta era a las 9:30 y, cómo era previsible que la ópera terminase más tarde, pensábamos que no tendríamos más remedio que llamar a un Uber que nos iba a costar un ojo de la cara. Pero camino de Bath Puri vio que en realidad había trenes hasta las 11:30 así que al llegar a la estación fuimos a la taquilla a ver si nos cambiaban los billetes, que los habíamos sacado sólo de ida, por unos de ida y vuelta. Una vez terminada la transacción, Puri le preguntó al señor de la ventanilla: "¿Cuando es el último tren de vuelta?" y nos dijo muy serio "A las 7:30". Nos quedamos con cara de no dar crédito a lo que nos estaba diciendo y él seguía muy serio y de pronto se descojonó y nos dijo "Teníais que haber visto vuestras caras!!!". Buenísimo, que cachondo!! Nos confirmó que el último tren era a las 11:30 como suponíamos.

Fuimos a coger el autobús que nos llevaría hasta donde se representaba la ópera y le pedimos al conductor que nos confirmase que ese era el bus correcto. Le enseñé el destino en el Google Maps, lo miró un rato intentando descifrar lo que veía y finalmente nos dijo que sí. Salimos y vi en el Google Maps que íbamos hacia un sitio completamente diferente. Bajamos en la primera parada y tuvimos que volver a la carrera a la parada original, a toda prisa porque ya se nos estaba haciendo tarde. Volvimos a confirmar con el nuevo conductor que ese sí que era el correcto pero no me fiaba y hasta que no vi que Google me confirmó que íbamos en buena dirección no respiré.

Llegamos por fin a la ópera con suficiente tiempo y nos preparamos para disfrutar de la función. Terminó la primera parte y vimos que había durado casi dos horas. Hicimos cuentas y vimos que si la segunda parte duraba lo mismo no llegábamos al último tren ni de coña. Nos dijeron que la segunda parte no duraba tanto pero no nos fiábamos del todo y por si acaso nos colocamos en unos asientos cerca de la salida para poder salir a la carrera si hiciese falta. Finalmente la segunda parte no duró tanto y conseguimos salir en hora para coger el último tren.

Cuando estábamos esperando el autobús que nos había de llevar a la estación aparecieron unos cuantos chavales ingleses con unas cuantas copas de más y cantando voz en grito. Cuando subimos al autobús empezaron a aparecer más y más chavales y llenaron el piso de arriba del autobús cantando a pleno pulmón todo tipo de canciones, incluyendo Delilah

Llegamos a la estación y subiendo hacia el andén le dije a Puri "Parece que hay un pub ahí arriba". Se escuchaba un jolgorio gigante muy parecido al ambiente de un pub lleno hasta la bandera. Pero no había ningún pub, simplemente el andén está hasta arriba de peña, todos hablando a voz en grito como si estuviesen en un garito. Sólo faltaba el DJ y la bola de espejos. Hablamos con un operario de la estación que nos explicó que es que había habido rugby y todos estos eran aficionados.

Un taxi nos llevó hasta el camping y cuando estábamos llegando hasta La Gringa nos empezamos a preguntar de dónde venía un pitidito que parecía una alarma hasta que nos dimos cuenta de que realmente era una alarma que venía de La Gringa. Entramos y estaba sonando a todo volumen. Intentamos ver qué es lo que era pero no había forma, no podíamos identificar de dónde venía el sonido, parecía venir de todas partes a la vez. La alarma se calló y respiramos aliviados. Pero al poco volvió a saltar otra vez. De nuevo como pollos sin cabeza intentando saber dónde coño estaba la alarma hasta que ya por fin nos dimos cuenta de que era una que estaba a nivel de suelo. Nosotros estábamos mirando hacia arriba que es de donde parecía provenir el sonido pero en realidad venía del suelo y rebotaba en el techo confundiéndonos. La alarma se volvió a activar y vimos que era la del propano. Salí y cerré el gas, apagamos todas las calefacciones pero sólo se apagó del todo cuando abrimos la puerta y ventilamos un rato. Decidimos que no podíamos volver a abrir el gas, así que había que tirar del calentador eléctrico. Como sólo teníamos uno lo usaríamos para la zona del dormitorio, dejando la zona del salón con una ventana abierta para estar ventilada.

Nos fuimos a dormir un poco intranquilos y en mitad de la noche me desperté porque hacía bastante frío. Me di cuenta de que el automático exterior había saltado y el calentador no estaba funcionando. Lo subí pero al poco rato volvió a saltar. Parece que había algo que consumía bastante y hacía que saltase cuando poníamos el calentador. No conseguí que se quedase estable hasta que no desconecté todo lo eléctrico salvo el calentador. Pero entre una cosa y otra pasé un buen rato dando tumbos en la oscuridad. Además se había vuelto a levantar un viento gigantesco

Nos levantamos al día siguiente y hablamos con Steve de Anglo-American. Nos dijo que si no olíamos a gas y dado que esa mañana la alarma no estaba saltando, lo más posible es que fuese una falsa alarma y que el detector no estuviese muy bien. Quedamos en estar atentos a ver si volvía a saltar o si detectábamos algún olor pero a lo largo del día no detectamos nada. Seguía haciendo un viento horroroso, pero no podíamos esperar mucho, así que, sabiendo que esa mañana no teníamos que circular por ninguna carretera muy expuesta, salimos de nuevo hacia Bath. Había investigado el camino de salida del camping y había visto que podíamos ir por otro lado que tenía algunas zonas estrechas pero nos ahorrábamos el paso angosto entre los coches y los postes. Resultó una buena elección, las zonas estrechas no eran para tanto y salimos sin tener que luchar.

Bath tiene varios Park and Ride (sitios donde puedes dejar el coche y hay un autobús que te acerca al centro) pero solo tiene uno que no tenga limitación de altura. Por desgracia estaba justo al lado contrario, así que nos tocó atravesar Bath una vez más. Había muchos huecos libres así que conseguimos dejar La Gringa bien aparcada sin problema.

El autobús del Park and Ride nos dejó en el centro y nos fuimos al Thermae Spa, nuestro objetivo del día. Es un spa muy majo y no muy caro. Tiene varias piscinas, incluyendo una en la azotea del edificio. Lo malo que tiene es que no permite reservar y tienes que llegar y hacer cola. Llegamos en un momento bastante solicitado y nos tocó hacer una hora de cola para entrar. Pero mereció la pena, este spa está genial y nos dimos unos baños relajantes bien merecidos. Lo único malo es que hacía tan mal día que en la piscina de la terraza no se estaba bien. Había un viento congelado y cualquier parte de tu cuerpo que estuviese fuera del agua se quedaba hecha un carámbano.

Terminamos la sesión de Spa y estaba yo esperando a Puri y viendo que tardaba un montón. Al cabo de un buen rato salió y me dijo que no encontraba su abrigo por ninguna parte. Buscamos por todos lados y no lo encontramos. Reclutamos a varios empleados del Spa para que nos ayudasen pero ellos tampoco encontraron nada. Intentamos encontrar la localización del teléfono de Puri (que estaba en el abrigo) usando mi teléfono pero no fue posible y además me quedé sin batería. Estábamos ya dándonos por vencidos cuando apareció uno de los empleados con el abrigo, lo había encontrado en una de las cestas donde se echan los albornoces usados.

Comimos algo y fuimos a coger el autobús de vuelta al Park and Ride y vimos que se nos fue uno en las narices, algo que se repetiría a lo largo del día. Entre esto, la hora de espera para entrar y el rato buscando el abrigo de Puri se nos había hecho bastante tarde. Queríamos haber llegado al sitio de la caravana antes de que se hiciese de noche pero no iba a poder ser.

Salimos de vuelta, atravesamos de nuevo Bath hacia el sur (ya me sé el camino un poco de memoria) y tiramos hacia Salisbury. La tarde transcurrió sin novedad, el viento había amainado bastante y se circulaba bastante bien. No había mucho tráfico. Paramos para repostar en Salisbury y llegamos a nuestro sitio un poco después de las 7:30. Teníamos el problema de que, al haber ido hasta Newport en tren, no teníamos en el sitio nuestro coche para poder volver a casa, así que teníamos que volver utilizando algún transporte público desde la estación de Romsey, el pueblo más cercano. Puri había estado mirando la ruta y vimos que lo ideal era coger un tren que salía a las 8:07. Pero empezamos a llamar a las compañías de taxi para que nos acercasen hasta la estación y ninguna tenía disponibilidad o nos daban un tiempo de espera muy largo. La que más pronto nos podía recoger era a las 8:15, pero cuando decidimos optar por esta opción e ir en un tren más tardío los de esta compañía ya no cogían el teléfono. Estábamos un poco desesperados sin saber cómo salir de allí cuando se me ocurrió ver si quizá podíamos coger un Uber. Inicialmente me decía que no había coches disponibles pero después de insistir apareció uno. Aleluya!!

En la aplicación de Uber no había sido capaz de encontrar la estación a la que teníamos que ir, así que había puesto como destino el pueblo en general. Se lo expliqué a nuestra conductora de Uber (una rumana que hablaba un estupendo español que había aprendido en Guatemala) y buscó ella el destino. Pero salimos y vi que íbamos en dirección completamente contraria. Se lo dije a la chica y me confirmó que había puesto el destino equivocado. Si no hubiese estado atento, habíamos acabado en Murcia!! Cogimos por fin la ruta correcta y llegamos a la estación. Puri sacó los billetes y yo mientras intenté averiguar a qué andén teníamos que ir. Aquello estaba más desierto que el Sahara, no había ni Blas. Y vi que todos los paneles ponían que todos los trenes están cancelados!! Una voz en el altavoz nos informó de que el tren que queríamos coger saldría del "frente de la estación". Y yo dando vueltas intentando encontrar dónde leches era eso hasta que me di cuenta de que se referían a que era un autobús que salía de delante de la estación. Salimos y no había un autobús por ningún lado. Vimos pasar uno por una carretera más abajo y salimos a la carrera para ver si lo pillábamos. Pero cuando llegamos nos enteramos de que ese no era nuestro autobús y de que el que teníamos que pillar se acababa de ir en nuestras narices. Y ya iban dos!! Nos dijeron que había otro autobús que nos llevaba a Southampton y optamos por esta opción.

Llegamos a la estación de Southampton y pregunté a un señor por el tren a Winchester y le entendí que salía del andén 1. Estábamos buscando ese andén 1 cuando vimos que de nuevo todos los trenes estaban cancelados. Volvimos a preguntar al señor y me aclaró que lo que me había dicho era que teníamos que tomar un autobús que se cogía en la salida que estaba junto al andén 1. De nuevo echamos a correr y de nuevo el autobús se nos fue en las narices. Y ya iban tres!! Le pregunté a una chica que había allí organizando el cotarro y me dijo que pronto vendría otro. Pero en realidad era medio boba porque el nuevo autobús tardó más de media hora en aparecer. Si esta panoli no nos hubiese dicho esto, nos hubiésemos refugiado en el interior de la estación en lugar de pasarnos un buen rato medio mojados debajo de un soportal pasando frío. Lo único bueno de la espera es que pude ver la maniobra en la que una grúa gigante remolcaba a un autobús estropeado, algo muy curioso de ver.

Una vez que llegó el nuevo autobús el viaje discurrió sin más incidencias: autobús a Winchester, tren a Woking, tren a Aldershot y un último taxi hasta casa. Llegamos a casa reventados después de este fin de semana que más pareció una Gincana de Pekin Express que otra cosa...




Viaje a Suiza, parte 2



Una vez en Suiza, pasamos unos días estupendos con la familia. Nos hizo un tiempo excelente y pudimos disfrutar de unos buenos paseos con unas vistas extraordinarias. Un día fuimos a un spa que está en un pueblo en lo alto de una ladera en las montañas y fue una pasada, poder estar metidos en el agua calentita rodeado de altas cumbres. No dormimos en La Gringa porque no teníamos gas para la calefacción, pero estuvimos muy a gusto, compartiendo un apartamento con Ángeles, la sobrina de Puri, y su familia.


La segunda noche hicimos una cena en La Gringa con la familia. Fue genial comprobar que, usando una mesa de camping muy amplia que llevamos, pudimos cenar un grupo bien grande de gente. Entre otras cosas, dimos buena cuenta de los quesos que habíamos comprado en Saint-Point Lac de camino a Suiza.

Uno de los días, al volver por la tarde después de una excursión, nos encontramos con que la policía nos había dejado un papelito informando de que La Gringa estaba mal aparcada y pidiendo que la moviésemos. Nos extrañó porque antes de venir el hermano de Puri había consultado con la policía para confirmar que no habría problema en que la dejásemos allí. Fue la cuñada de Puri a hablar de nuevo con ellos (allí se conocen todos) y le dijeron que realmente no tenían poder de actuación allí donde estaba aparcada porque era un parking privado que pertenecía al club de golf y que simplemente nos habían puesto el aviso pero que realmente no pasaba nada.

En cualquier caso, al día siguiente ya nos íbamos y partimos de Crans-Montana tras despedirnos de todos. El descenso desde la estación de esquí me preocupaba, no fuesen a calentarse en exceso y no funcionar bien los frenos, ya que la bajada es larga y pronunciada. Así que lo que hicimos es ir parando un rato cada pocos kilómetros. En cualquier caso, La Gringa respondió perfectamente y bajamos sin problemas.

Sin embargo, un rato más adelante se encendió una luz en el extremo de la palanca de cambios. Yo no sabía lo que quería decir. Paramos en una gasolinera y consulté en internet y, según la información que encontré, esa luz indicaba que había algún tipo de problema con la transmisión. Sonaba preocupante, sobre todo a más de 1000km de casa! Pero el caso es que La Gringa andaba bien, yo no notaba ningún tipo de problema con los cambios o con la potencia del motor. De todas formas, decidimos intentar revisar esto al día siguiente.


Esa noche pernoctamos en otro area para caravanas en Suiza, en un sitio bastante chulo junto a un río en una pequeña población cerca de Basilea. Nos visitó Melanie, otra sobrina de Puri, ella vive en Ginebra y no había podido acercarse a visitarnos a Crans. Fue una visita estupenda y disfrutamos un montón contándonos nuestras vidas. En este area en teoría había que pagar pero no hubo forma, la máquina sólo aceptaba monedas (y hacían falta 15 francos que no teníamos) o el pago mediante una aplicación móvil. Pero la aplicación sólo se podía vincular a cuentas bancarias suizas!!  Además los puntos de luz, que también iban con monedas, resulta que acumulaban el saldo de los anteriores que los hubiesen usado y había varios que tenían bastante saldo, así que, no sólo no pagamos sino que la luz nos salió gratis.

Al día siguiente, pasamos a Alemania porque yo había visto que había una ciudad que tenía varios talleres de camiones. Nos dirigimos a uno de ellos que parecía bastante grande y les comentamos el problema de la transmisión y les pedimos que si podían echar un vistazo. Nos dijeron que no estaban seguros de poder hacer algo, ya que ellos eran especialistas de otra marca (MAN), pero que harían lo que pudieran. Esperamos un rato bien largo y finalmente nos atendieron. Un operario nos confirmó que el nivel del líquido de la transmisión estaba correcto y que visualmente no se observaba ninguna pérdida ni nada que estuviese obviamente mal. Y también nos dijeron que no podían saber más porque no contaban con los ordenadores para conectar a un chasis Ford como el nuestro. Nos recomendaron otro taller Ford de la zona a ver si allí podían conectar el ordenador y encontrar el origen del fallo. Eso sí, nos cobraron 100€ por el vistazo!

Nos plantamos en el taller de Ford y preguntamos en recepción. Un chico bastante majo nos dijo que creía que sí nos lo podrían mirar pero que en ese momento estaban comiendo. Así que nos dimos una vuelta con La Gringa y volvimos al cabo de un rato. El chico nos dijo que pasásemos La Gringa al taller y allá fuimos entre estrecheces hacia dentro. Los del taller nos miraban como si estuviésemos locos y decían que a dónde íbamos con ese bicho. Nosotros decíamos que nos habían dicho que la metiésemos y hasta el fondo fue. Allí nos quedamos, nosotros sin saber qué hacer y los del taller mirando alucinados. Por fin llegó uno con pinta de jefe que nos dijo que finalmente no nos lo podían mirar porque los códigos de los Ford europeos no tenían nada que ver con los americanos y, siendo La Gringa americana, no podían conectar y ver el fallo. Estos por lo menos no nos cobraron nada.

En vista de que no había nada más que hacer y que la auto-caravana parecía ir bien, decidimos seguir viaje y hacerlo mirar más adelante cuando estuviésemos ya de vuelta en casa. Así que condujimos todos los kilómetros de vuelta a casa con la espada de Damocles de que en algún momento la cosa fuese a mayores. Afortunadamente no ocurrió nada y pudimos volver a casa sin más problemas.


Lo bueno de ir por Alemania es que las autopistas no son de peaje, así que seguimos dirección norte por este país todo lo que pudimos hasta que ya no tuvimos más remedio que pasarnos a Francia a la altura de Estrasburgo. Teníamos la intención de intentar pernoctar en Luxemburgo, pero pillamos mucho tráfico en la circunvalación de Estrasburgo, así que ante la perspectiva de llegar de noche, decidimos parar antes, todavía en territorio francés. Puri se animó a conducir un rato, pero lo dejó poco después, un poco asustada de lo que se movía La Gringa porque había bastante viento. Empezó a hacer un tiempo bastante horroroso con mucha lluvia, así que agradecí cuando llegamos y pudimos instalarnos. Es una pena que lloviese tanto, porque muy cerca había un spa que abría hasta tarde y normalmente hubiésemos ido a darnos un bañito relajante, pero bajo ese chaparrón no nos lo planteamos.


Al día siguiente emprendimos camino temprano porque habíamos quedado en Brujas con una amiga para cenar y queríamos llegar con tiempo suficiente para poder dar una buena vuelta por la ciudad. Atravesamos Luxemburgo (realmente no hubiera hecho falta, pero me hacía ilusión decir que había visitado ese país) y entramos a Bélgica. Lo bueno de este país en comparación con Francia es que, no sólo las autopistas no son de pago, sino que el combustible cuesta la mitad. Así que aprovechamos para llenar los depósitos hasta los topes.

El día transcurrió calmado y circulamos a buen ritmo, así que pudimos llegar a Brujas a la hora prevista, poco después de comer. Llegamos al area de auto-caravanas y de nuevo la entrada era bastante estrecha. Estábamos allí a ver si entrábamos y llegó un español que estaba pernoctando allá y nos echó una buena mano para poder maniobrar hasta que pudimos entrar. Las plazas no eran muy largas pero este amigo español lo solucionó pronto arrancando un tronco que había al final de una de esas plazas de forma que pudiésemos meter el culo de La Gringa y de esa forma poder caber. Las plazas tampoco eran muy anchas y no parecía que fuésemos a poder sacar los slide-outs ya que estábamos emparedados entre otras dos auto-caravanas.

Al lado nuestro estaba aparcado un holandés muy simpático que estaba alucinado con La Gringa, nos dijo que le encantaba y que su sueño era algún día tener algo así. Le invitamos a pasar y lo pasó como un niño pequeño explorando todos los espacios. Me hizo mucha gracia este hombre que nos cayó fenomenal.


Cogimos nuestras bicis y nos fuimos a explorar Brujas. En seguida tuvimos que abandonarlas y dejarlas candadas a un poste porque había tanta gente que no se podía realmente circular bien con ellas. Aquello estaba hasta arriba pero pudimos dar un hermoso paseo por esta bella ciudad. Nos gustó un montón, está súper bien conservada y es una preciosidad. También pudimos hacer unas cuantas compras y hacernos con un buen surtido de chocolate belga. No he visto en mi vida tantas tiendas de chocolate como las que vimos en Brujas

Empezó a atardecer y a hacer más frío (nos había hecho una tarde estupenda) y nos volvimos con las bicis a la auto-caravana. Nos encontramos con la agradable sorpresa de que nuestros vecinos de plaza se habían ido, así que, pensando que a esas horas no iba ya a aparecer nadie más a aparcar, movimos La Gringa de forma que ocupase dos plazas y así pudimos sacar los slide-outs. En seguida apareció Lola, nuestra amiga, con su hijo Santi y pasamos una buena noche con ella.

Lola y Santi se quedaron a dormir en nuestro sofá-cama. Al día siguiente, poco después de desayunar, nos despedimos de ellos y emprendimos viaje. Nuestro vecino holandés nos ayudó emocionado a maniobrar para salir y nos acompañó hasta la puerta, diciéndonos adiós con una mirada soñadora. No me extrañaría encontrármelo dentro de unos años conduciendo un bicho como el nuestro por Europa.


El resto del viaje transcurrió sin mayores incidencias o cosas dignas de mencionar. Llegamos a Calais a tiempo para el ferry, cruzamos a Dover, condujimos hasta Winchester y pudimos dejar La Gringa en su hogar justo antes de que se hiciese de noche. En resumen, un viaje delicioso, lleno de anécdotas, con sus problemillas pero una gozada. Deseando hacer el siguiente y poder contároslo.





Viaje a Suiza, parte 1



Había llegado el momento de plantearse un viaje más largo. Puri tiene una sobrina-nieta que ha nacido hace pocos meses y a la que no conocíamos. Su madre, sobrina de Puri, vive en Suiza, donde también vive el hermano mayor de Puri con su familia. Así que decidimos tomarnos unas vacaciones y hacer un viaje hasta Suiza, tomándonoslo con calma y disfrutando del camino.

Salimos un viernes por la tarde después de que yo recogiese a Puri con La Gringa frente al hospital donde ella trabaja. Un viaje bastante tranquilo hasta cerca de Dover donde íbamos a tomar el ferry. Habíamos planeado parar unas horas en una gasolinera en Dover porque nuestro ferry no salía hasta la una de la mañana. Pero al llegar a Dover nos dimos cuenta de que esa gasolinera no tenía area de descanso o aparcamiento. Teníamos un billete flexible que nos permitía coger un ferry hasta cuatro horas antes o después de la hora reservada, así que nos fuimos hasta la entrada al ferry a ver si podía ser posible coger uno más temprano. No hubo problema y además no nos cobraron nada extra (estos billetes más tempranos eran más caros) así que a las once ya estábamos embarcando. Genial!!

Tras un par de horas de travesía llegamos a Calais. Yo había buscado un area de auto-caravanas que estaba bastante cerca de la terminal del ferry, así que allí nos plantamos. Y nos encontramos con que la barrera de entrada al sitio era estrechísima y no había forma de que cupiese La Gringa. Justo enfrente del area de pago había una zona para descargar aguas grises y repostar agua. Dado que eran las tantas y que no nos apetecía andar buscando otro sitio decidimos pasar la noche en esa zona en la que en teoría no podíamos estar, pero ¿quién nos iba a decir algo a esas horas? Dormimos estupendamente pero a las ocho de la mañana ya teníamos allí un señor diciendo que nos teníamos que ir

Así que tras ese despertar más temprano de lo que hubiésemos deseado cogimos carretera y manta y pusimos rumbo a Reims. Las autopistas francesas son estupendas, muy bien conservadas y con unas areas para parar y descansar que son una maravilla. Además las hay cada pocos kilómetros, así que es súper fácil parar cuando es necesario para descansar. Puri se animó a conducir un rato sin ningún problema.

 

Llegamos a Reims poco antes de la hora de comer. Yo había buscado un sitio estupendo para dejar la caravana mientras visitábamos la ciudad, era el parking de un estadio y estaba cerquita del centro, ideal para ir en bici. Pero llegamos al parking y resulta que esa tarde había partido!! Así que el parking estaba cerrado. Puri miró en el móvil buscando otro sitio donde dejar a La Gringa y encontró un parking para autobuses. Tiramos para allá pero resultó ser una bodega de Champagne que tenía una zona de parada de buses para los visitantes pero nada más, así que no podíamos dejar allí la caravana. Decidí que había que parar donde pudiésemos para poder echar un vistazo con el ordenador y buscar un parking y de pronto encontramos un hueco grande para aparcar. La Gringa cabía perfectamente, la calle era lo suficientemente ancha para no molestar y no había ninguna señal que indicase que no podíamos aparcar, así que allí nos quedamos.



Comimos algo en la caravana, cogimos las bicis y fuimos hasta la catedral. Esta es impresionante, probablemente uno de los edificios más bellos que haya visto. De un tamaño descomunal, es sobrecogedora y una maravilla. Después de visitar la catedral nos sentamos a tomar algo en una terraza donde nos atendió un camarero de Madrid que llevaba tanto tiempo en Francia que ya tenía acento francés. El camino de vuelta con las bicis lo hicimos por una ruta diferente junto al río que estuvo estupenda.

Seguimos en ruta y paramos para pasar la noche en un pueblo pequeño camino de Dijon. Otra de las cosas buenas de Francia es que casi en cada pueblo tienes un area de auto-caravanas, la mayoría de ellas gratis. Nosotros habíamos comprado una guía de todas estas areas que nos vino genial para ir planificando la ruta. Un paseito antes de cenar por el pueblo que parecía fantasma, no había ni dios por las calles. Localizamos una panadería para comprar unos bollos para el desayuno del día siguiente y volvimos a nuestra Gringa a pasar la noche tan ricamente

Cuando nos levantamos al día siguiente casi todos nuestros vecinos en el area de auto-caravanas ya se habían ido. Qué madrugadores! Me acerqué a comprar unos ricos croissants (que maravilla unos croissants de verdad, no la patata que nos suelen vender en España) y después de desayunar emprendimos camino. Ese día apenas paramos más que para descansar un poco de vez en cuando y para repostar, comimos en un area de servicio en el camino. Puri también condujo una buena parte del camino.


Llegamos al sitio donde habíamos planeado pasar la noche, un area para caravanas junto a un lago precioso (Saint-Point Lac) junto a la frontera con Suiza. Este area era de pago y según llegamos veo que está vacía, lo que me extrañó bastante. Intentamos entrar y resulta que no hay forma, la máquina que hay a la entrada no acepta ningún tipo de tarjeta, siempre da error. Más tarde llegan otro par de caravanas y les pasa lo mismo. Por eso estaba vacía, no había forma de entrar. Decidimos quedarnos en un parking para coches que hay al lado, confiando de nuevo en que nadie nos diga nada. Las otras auto-caravanas siguen nuestro ejemplo.

Puri ve a unos paisanos con unas vacas y se va a curiosear. Consigue entenderse con uno de ellos que le confirma que aquí no hay policía ni nada parecido y que nadie nos va a decir nada. Se pasa un rato más charlando con ellos y viendo lo que hacen las vacas y consigue averiguar que muy cerquita hay una tienda de quesos que vende muchos quesos artesanos elaborados con la leche de estas vacas. A la mañana siguiente compramos un montón de estos quesos, un descubrimiento genial.

Al día siguiente emprendemos camino y pronto llegamos a la frontera con Suiza. Aunque habíamos comprado la pegatina para poder circular por las autopistas de Suiza allí nos enteramos de que esta pegatina sólo vale para vehículos de menos de 7500Kg, así que no nos vale y tenemos que pagar la tasa correspondiente a camiones que va según los días que vayas a estar y que se paga en la misma frontera. Bueno, ya lo sabemos para otra vez.

Paramos en una gasolinera y yo intento rellenar el depósito de gas que se usa para la calefacción, no el que se usa para combustible y descubro que no puedo usar el adaptador que tengo porque la boquilla de ese depósito no tiene rosca. Teníamos la duda de si cuando estuviésemos en el pueblo del hermano de Puri íbamos a dormir en La Gringa o no porque nos habían ofrecido quedarnos en un apartamento y el detalle de no tener combustible para la calefacción nos acabó de decidir para ir a ese apartamento. Además al ir a repostar me di cuenta de que en la anterior parada en la autopista me había dejado puesto el freno de mano. En el momento no le di más importancia al tema pero ya veréis que más adelante si que tuvo importancia.


Los paisajes de Suiza son espectaculares. El lago Lemans es una maravilla, rodeado de altas montañas, proporciona una vista que te deja alucinado. Seguimos una carretera bastante llana junto al lago con muy buenas vistas y por fin llegamos hasta el punto donde teníamos que coger la carretera que sube hasta Crans-Montana. Esta es una carretera muy empinada y yo no estaba seguro de como se iba a comportar La Gringa pero se comportó como una campeona, subimos despacito pero sin pausa y no tuvimos ningún problema hasta llegar hasta el pueblo.

Allí nos encontramos con que había un montón de obras. Resulta que es la época en la que menos gente hay, ya se fueron los visitantes de verano y aún no llegaron los de invierno y es la época en la que aprovechan para hacer todas las obras que hay que hacer. Así que fuimos poco a poco pasando de obra en obra entre estrecheces. En una de ellas había un buen escalón en uno de los lados y yo iba tan preocupado de no meterme en ese escalón que di con el espejo del lado del conductor con una señal de tráfico. El espejo se dobló sin dañarse y yo quise bajar para volverlo a colocar, así que puse el freno de mano y ya iba camino de la puerta cuando oigo a Puri gritar "Barel, que se mueve!!". Efectivamente, el freno de mano debió quedar dañado al quedarse puesto y ya no hacía su función y habíamos empezado a ir cuesta abajo. Volví al sitio de conducción de un salto y pude frenar la caravana antes de sufrir ningún percance pero menudo susto!!

Puri se bajó para intentar mover ella el espejo, pero está bastante alto y no llegaba bien así que sólo lo podía coger del borde inferior. Tirando de él para intentar colocarlo se separó el espejo inferior y quedó colgando, así que tuvimos que ir con este espejo bamboleando el resto del camino. Afortunadamente pudimos colocar el resto del espejo y más tarde una buena aplicación de cinta americana dejo el espejo perfecto para su uso.


Llegamos por fin junto al campo de golf donde está la casa del hermano de Puri. Allí estaba esperándonos él con nuestro sobrino-nieto, "terremoto" Adrián, una gran alegría poder verlos por fin. Un viaje estupendo en el que pudimos disfrutar mucho del camino. Luego pasamos unos días maravillosos en Suiza, pero de eso hablaremos en otro post.