La historia de este post comenzó en mayo del 2021 cuando tomamos la decisión de volvernos a España. En el verano hicimos un par de visitas a Galicia y aprovechamos para ver un montón de pisos. Finalmente a mediados de Agosto encontramos un piso que nos gustó, en una buena zona que ya conocíamos y bien de precio. Firmamos un contrato, dimos la señal y comenzamos la tarea de buscar una hipoteca.
Decidimos que lo que haríamos sería llenar todos los compartimentos y la habitación de La Gringa de cajas y dormir nosotros en el salón. Era una gran putada pero no teníamos otra salida después de la faena que nos habían hecho.
Viajamos en avión a España para descargar lo que habían llevado los de la empresa de mudanzas y cuando estábamos allí nos enteramos de dos cosas: la primera es que alguien había chocado contra el coche de nuestros amigos argentinos que viven en Reino Unido. Ellos nos iban a llevar a recoger a La Gringa ya que nosotros ya habíamos vendido nuestro coche, así que teníamos el problema de cómo organizar esta recogida.
La segunda sorpresa es que el gobierno francés decidió que todos los pasajeros provenientes del Reino Unido tenían que hacer una cuarentena de diez días (que se quedaba en dos días si dabas negativo en un test de covid). Era el momento álgido de la variante Omicron, los casos estaban disparados en Reino Unido y todos los países estaban poniendo restricciones a los viajeros provenientes de allá. Lo malo es que se supone que tenías que dar una dirección donde ibas a pasar esta cuarentena. Pero claro, no estaba nada claro cómo se aplicaba esto a personas que estuviesen en tránsito como nosotros. Llamamos a las navieras y consultamos en internet por todas partes pero no encontramos nada que se aplicase a nuestro caso. Decidimos ir a la frontera francesa y ver qué pasaba.
Por cierto, teníamos que viajar via Francia porque venía con nosotros nuestra gatita Tasia y resulta que en los ferris los perros pueden ir en el camarote pero los gatos no, tienen que quedarse en el vehículo. Y el trayecto hasta España es demasiado largo (más de 30 horas) como para que la gata se quede en la autocaravana (el máximo que admiten son 6 horas), así que no nos quedaba más remedio que ir por Francia. Decidimos ir via Calais ya que con los otros trayectos apenas se ahorraba tiempo y eran bastante más caros.
Volamos de vuelta a Inglaterra y conseguimos organizar con nuestros amigos argentinos para que nos llevasen con otro coche así que salvamos el primer obstáculo. Fuimos a buscar una furgonetas que habíamos alquilado para llevar las cosas a La Gringa y luego me fui con Elena a recoger la autocaravana mientras Puri se quedaba organizando las últimas cosas y haciendo la última limpieza general de la casa.
Cuando llegué a Aldershot aparqué en una calle a unos 5 minutos de casa donde ya sabíamos que había espacio suficiente para aparcar a La Gringa. Puri vino con la furgoneta llena de cosas y un par de amigos del trabajo que se habían ofrecido a ayudar. Pero según llegó me dijo: "Huy, has visto cómo está esa rueda?". Teníamos una raja grande en una de las ruedas traseras. Y siendo sábado iba a ser difícil encontrar un sitio donde me la cambiaran.
Llamé a un sitio local de neumáticos para preguntarles si conocían algún sitio donde cambiasen ruedas de vehículos pesados y me dijeron "vente para acá que nosotros te la cambiamos". Yo les dije "Seguro? Mira que pesa 9 toneladas y normalmente hace falta un equipo especial para estos pesos". "Sí, Sí, sin problema, vente". Allá que me fui y después de esperar un rato largo a que apareciera el jefe, cuando llegó me dijo "Imposible, no podemos trabajar con un vehículo tan pesado". Si ya lo sabía yo!! Menudos idiotas, sólo me hicieron perder el tiempo!
Después de un rato largo de buscar en internet, encontré por fin un servicio móvil que podía venir a asistirme. Aparqué la autocaravana junto a una zona industrial y estuve esperando un buen rato a que apareciera el fulano. Finalmente llegó y cambió la rueda tras sacarme una pasta. Pero a esas alturas eran ya más de las cuatro de la tarde.
Puri había terminado la limpieza pero los amigos se habían tenido que ir, así que tuvimos que hacer todo el trabajo de cargar La Gringa nosotros dos solos. Hicimos varios viajes y fuimos organizando todo, haciendo una especie de Tetris en la habitación para que todo quedase lo más compacto y plano posible. La habitación quedó llena a media altura y todos los compartimentos inferiores estaban también hasta arriba pero conseguimos meterlo todo. Pero claro, para cuando terminamos eran más de las once de la noche.
Habíamos quedado con nuestro vecino Antonio en que viniese esa noche a cenar y así conocía La Gringa pero, claro, tuvimos que llamarle y decirle que visto el panorama la cena la tendríamos que cancelar, que llamaríamos para verle y despedirnos el día siguiente. Nos fuimos a dormir y pasamos mala noche pensando en todo lo que aún nos esperaba.
Nos levantamos pronto y fuimos a casa a hacer las últimas cosas: un último repaso a la casa, un último viaje al punto limpio y quedar con el casero para hacer la entrega de las llaves. Después de eso llamamos a Antonio para quedar con él y despedirnos pero no nos cogió el teléfono. En vista de esto y como Antonio vive unas pocas casas más arriba fuimos andando a despedirnos. Cuando llegamos a la casa llamamos y no contestó. Puri se fue a mirar por detrás pero yo escuché que estaba arriba y que nos pedía que subiéramos. Subimos y nos encontramos con que estaba en la cama indispuesto y necesitando atención médica. Tuvimos que llamara a una ambulancia y esperar a que apareciera. Por un lado nos hubiera gustado acompañar a Antonio al hospital pero nos teníamos que ir, teníamos que coger el ferry ese día sí o sí. Así que llamamos a su hijo y nos despedimos de Antonio. No sabíamos qué más nos podía pasar, había sido un cúmulo de problemas uno detrás de otro.
Salimos camino de Dover, todavía anonadados por todo lo que nos había ocurrido. El ferry que originalmente íbamos a coger lo habíamos perdido hace rato pero afortunadamente teníamos un billete que nos permitía coger uno hasta cuatro horas más tarde. Y afortunadamente todo el proceso de embarque fue super fluido, salía un ferry poco después de que llegásemos y todo fue fácil.
No nos pararon en la aduana ni nos miraron nada. Y menos mal que fue así porque esa mañana antes de salir vimos que algo de la carga se había debido mover y había bloqueado la puerta de la habitación de forma que no se podía abrir. Incluso intentamos cuando llegamos a Dover ir a una cuesta empinada a ver si la carga se movía para atrás pero nada, no hubo forma de abrir la puerta. Así que fue una suerte que no nos miraran nada, si no no sé qué habríamos hecho.
Tan sólo nos quedaba un obstáculo posible: no sabíamos qué iba a pasar con el tema de la cuarentena en Francia, pero llegamos a la frontera y nadie dijo nada, ni nos pararon, así que decidimos pasar de esta norma y tirar hacia España, suponiendo que ya que no nos habían parado en la frontera nadie sabría que veníamos de UK. Condujimos como una hora hacia el sur y paramos a dormir en un area de autocaravanas en una granja de la zona. Esa noche estábamos ya más tranquilos y aliviados, estábamos por fin en marcha y habíamos dejado atrás la increíble cantidad de cosas chungas que nos habían pasado.
El viaje a Galicia eran unos 2000Km y habíamos decidido dividirlo en 5 días de viaje, haciendo unos 400Km cada día, con la velocidad que hace La Gringa no nos daba para mucho más sin hacer jornadas maratonianas.
Nuestro primer destino era el Mont St Michel, ninguno de los dos lo conocíamos y, aunque nos teníamos que desviar un poco de la ruta más directa hacia España, era un destino que nos apetecía. El trayecto hasta allí muy cómodo, la verdad es que en las autopistas francesas da gusto, se conduce muy bien y hay un montón de áreas de servicio super bien dotadas. El único rollo es que se tomaban muy a pecho lo de los certificados Covid y había que andar mostrándolos simplemente para sentarte a tomarte un croissant.
Aparcamos en un área de autocaravanas estupenda, con vistas al Mt St Michel a lo lejos. A la llegada tuvimos un poco de lucha con los caminos ya que el programa de navegación nos mandó por un camino estrecho por el que apenas cabíamos. Pasamos al lado de una señora francesa que nos miraba sin dar crédito, pensando que a donde iban estos con ese cacharro. Y no sé por qué nos mandó por ahí porque había una carretera mucho mejor por la que llegar.
Otra putada es que las conexiones eléctricas eran de muy pocos amperios y en cuanto conectabas dos cosas saltaba. Y estaban cerradas con candado, por lo que no podías simplemente volver a subir el automático, así que tuve que irnos conectando a distintos enchufes según saltaba. Menos mal que no había apenas gente en el área de autocaravanas.
Nuestro siguiente destino era La Rochelle, una ciudad que yo ya había visitado y que me había gustado mucho. El trayecto fue también bastante cómodo, aunque pillamos bastante tráfico al circunvalar algunas de las ciudades en el camino como Nantes. Ya llegando el programa de navegación nos hizo otra de las suyas y nos quería mandar por un túnel por debajo de las vías del tren por el que no estaba claro que cupiésemos. Tuvimos que dar la vuelta y atravesar todo el casco urbano de La Rochelle hasta encontrar otro camino que atravesaba las vías del tren por un paso elevado.

Durante todos estos trayectos Tasia iba bastante tranquila en la autocaravana. No sabíamos qué tal iba a llevar el viaje pero se la veía bastante bien. Cuando estábamos en marcha la metíamos en su jaula que iba justo detrás del asiento del copiloto y se la veía bastante tranquila. Cuando parábamos en algún lado la dejábamos salir por dentro de la caravana y le poníamos su arena y la comida. Y luego, cuando llegábamos a donde pasaríamos la noche, de nuevo la volvíamos a dejar salir. En general creo que para ella fue un viaje mucho menos estresante que el de ida a Inglaterra.
Nuestro siguiente destino era San Sebastián, una de mis ciudades favoritas en España. Según nos íbamos acercando iba haciendo mejor tiempo e iban desapareciendo las nubes. Llegamos a media tarde y nos quedamos en un área de autocaravanas muy maja que hay en la zona oeste de la ciudad. No es muy grande, así que imagino que en época estival debe ser poco menos que imposible aparcar allí, era diciembre y aún así estaba medio lleno, pero encontramos un buen hueco donde quedarnos.
Una cosa más que nos había pasado es que no teníamos el adaptador apropiado para llenar el depósito de gas para calefacción. Yo tenía los adaptadores que servían para rellenar el depósito de combustible pero el sistema del tanque de calefacción era algo distinto por lo que no nos valía. Así que llegó un punto en que nos quedamos sin calefacción y tuvimos que tirar del calefactor eléctrico.
Nuestro siguiente destino iba a ser Ribadeo pero por este problema con la calefacción decidimos cambiar de planes y en lugar de eso parar en el mismo lugar de Asturias donde habíamos estado en verano ya que ahí sabíamos que había electricidad y nos podíamos enchufar. Y la verdad es que estuvo estupendo que hiciésemos ese cambio, hasta Ribadeo había casi 500Km y ese día se me hizo muy largo. Las autovías vascas son muy complicadas, con mucha curva y mucha subida y bajada y cansa bastante conducir por ellas.
Una cosa que nos pasó es que íbamos por Cantabria y teníamos que repostar. Vimos que había una Repsol en Laredo y salimos de la autopista. Empezamos a bajar y la carretera cada vez se estrechaba más. Apareció una señal que decía prohibido camiones de más de 3.5T pero a esas alturas no había forma de dar vuelta. Así que nos encontramos de pronto en medio del pueblo de Laredo, atravesando toda la estrecha calle principal con un montón de gente y cabiendo a duras penas. Menudo lío!! Y encima llegamos a la gasolinera y era una de estas enanas que a veces hay en alguna calle donde apenas caben dos coches. Así que después de todo el pifostio encima nos tuvimos que ir sin repostar!
Llegamos al área de Bañugues y menuda diferencia con el verano. Ahora estábamos totalmente solos, con todo el área para nosotros. Era ya bastante tarde así que no fuimos a ningún lado.


































