Vuelta a España

La historia de este post comenzó en mayo del 2021 cuando tomamos la decisión de volvernos a España. En el verano hicimos un par de visitas a Galicia y aprovechamos para ver un montón de pisos. Finalmente a mediados de Agosto encontramos un piso que nos gustó, en una buena zona que ya conocíamos y bien de precio. Firmamos un contrato, dimos la señal y comenzamos la tarea de buscar una hipoteca.

Con la hipoteca ya concedida, en Noviembre viajé a Galicia para firmar la compra y finalmente fuimos los dueños de nuestra nueva casita en Pontevedra. Ahora sólo quedaba la tarea de organizar todo el transporte de nuestras cosas a España y organizar nuestra vuelta, incluyendo el traernos a La Gringa.

Como toda mudanza, el proceso fue bastante trabajoso entre la organización de lo que nos teníamos que llevar, lo que queríamos vender y lo que teníamos que tirar. Contratamos una empresa de mudanza para que se llevase el grueso de las cosas y muebles que queríamos llevarnos a España, con la idea de viajar nosotros con La Gringa y llevarnos el resto de cosas.

Habíamos contratado que esta empresa se llevase 1200Kg o 15m3. Llegó el día de cargar el camión y desde el primer momento el conductor empezó a poner pegas y a decir que no podía llevarse todo lo que habíamos planeado que se llevase, diciendo que pesaba mucho más de lo contratado. Después de mucho tira y afloja sólo conseguimos que se llevase la mayoría de los bultos grandes y una parte pequeña de las cajas pero nos quedaron más de 50 cajas sin cargar. Más adelante denunciamos a esta empresa y ganamos el juicio por lo que nos tuvieron que indemnizar pero por ahora teníamos el marrón de llevarnos todas estas cajas.

Decidimos que lo que haríamos sería llenar todos los compartimentos y la habitación de La Gringa de cajas y dormir nosotros en el salón. Era una gran putada pero no teníamos otra salida después de la faena que nos habían hecho.

Viajamos en avión a España para descargar lo que habían llevado los de la empresa de mudanzas y cuando estábamos allí nos enteramos de dos cosas: la primera es que alguien había chocado contra el coche de nuestros amigos argentinos que viven en Reino Unido. Ellos nos iban a llevar a recoger a La Gringa ya que nosotros ya habíamos vendido nuestro coche, así que teníamos el problema de cómo organizar esta recogida.

La segunda sorpresa es que el gobierno francés decidió que todos los pasajeros provenientes del Reino Unido tenían que hacer una cuarentena de diez días (que se quedaba en dos días si dabas negativo en un test de covid). Era el momento álgido de la variante Omicron, los casos estaban disparados en Reino Unido y todos los países estaban poniendo restricciones a los viajeros provenientes de allá. Lo malo es que se supone que tenías que dar una dirección donde ibas a pasar esta cuarentena. Pero claro, no estaba nada claro cómo se aplicaba esto a personas que estuviesen en tránsito como nosotros. Llamamos a las navieras y consultamos en internet por todas partes pero no encontramos nada que se aplicase a nuestro caso. Decidimos ir a la frontera francesa y ver qué pasaba.

Por cierto, teníamos que viajar via Francia porque venía con nosotros nuestra gatita Tasia y resulta que en los ferris los perros pueden ir en el camarote pero los gatos no, tienen que quedarse en el vehículo. Y el trayecto hasta España es demasiado largo (más de 30 horas) como para que la gata se quede en la autocaravana (el máximo que admiten son 6 horas), así que no nos quedaba más remedio que ir por Francia. Decidimos ir via Calais ya que con los otros trayectos apenas se ahorraba tiempo y eran bastante más caros.

Volamos de vuelta a Inglaterra y conseguimos organizar con nuestros amigos argentinos para que nos llevasen con otro coche así que salvamos el primer obstáculo. Fuimos a buscar una furgonetas que habíamos alquilado para llevar las cosas a La Gringa y luego me fui con Elena a recoger la autocaravana mientras Puri se quedaba organizando las últimas cosas y haciendo la última limpieza general de la casa. 

Cuando llegué a Aldershot aparqué en una calle a unos 5 minutos de casa donde ya sabíamos que había espacio suficiente para aparcar a La Gringa. Puri vino con la furgoneta llena de cosas y un par de amigos del trabajo que se habían ofrecido a ayudar. Pero según llegó me dijo: "Huy, has visto cómo está esa rueda?". Teníamos una raja grande en una de las ruedas traseras. Y siendo sábado iba a ser difícil encontrar un sitio donde me la cambiaran.

Llamé a un sitio local de neumáticos para preguntarles si conocían algún sitio donde cambiasen ruedas de vehículos pesados y me dijeron "vente para acá que nosotros te la cambiamos". Yo les dije "Seguro? Mira que pesa 9 toneladas y normalmente hace falta un equipo especial para estos pesos".  "Sí, Sí, sin problema, vente". Allá que me fui y después de esperar un rato largo a que apareciera el jefe, cuando llegó me dijo "Imposible, no podemos trabajar con un vehículo tan pesado". Si ya lo sabía yo!! Menudos idiotas, sólo me hicieron perder el tiempo!

Después de un rato largo de buscar en internet, encontré por fin un servicio móvil que podía venir a asistirme. Aparqué la autocaravana junto a una zona industrial y estuve esperando un buen rato a que apareciera el fulano. Finalmente llegó y cambió la rueda tras sacarme una pasta. Pero a esas alturas eran ya más de las cuatro de la tarde.

Puri había terminado la limpieza pero los amigos se habían tenido que ir, así que tuvimos que hacer todo el trabajo de cargar La Gringa nosotros dos solos. Hicimos varios viajes y fuimos organizando todo, haciendo una especie de Tetris en la habitación para que todo quedase lo más compacto y plano posible. La habitación quedó llena a media altura y todos los compartimentos inferiores estaban también hasta arriba pero conseguimos meterlo todo. Pero claro, para cuando terminamos eran más de las once de la noche.

Habíamos quedado con nuestro vecino Antonio en que viniese esa noche a cenar y así conocía La Gringa pero, claro, tuvimos que llamarle y decirle que visto el panorama la cena la tendríamos que cancelar, que llamaríamos para verle y despedirnos el día siguiente. Nos fuimos a dormir y pasamos mala noche pensando en todo lo que aún nos esperaba.

Nos levantamos pronto y fuimos a casa a hacer las últimas cosas: un último repaso a la casa, un último viaje al punto limpio y quedar con el casero para hacer la entrega de las llaves. Después de eso llamamos a Antonio para quedar con él y despedirnos pero no nos cogió el teléfono. En vista de esto y como Antonio vive unas pocas casas más arriba fuimos andando a despedirnos. Cuando llegamos a la casa llamamos y no contestó. Puri se fue a mirar por detrás pero yo escuché que estaba arriba y que nos pedía que subiéramos. Subimos y nos encontramos con que estaba en la cama indispuesto y necesitando atención médica. Tuvimos que llamara a una ambulancia y esperar a que apareciera. Por un lado nos hubiera gustado acompañar a Antonio al hospital pero nos teníamos que ir, teníamos que coger el ferry ese día sí o sí. Así que llamamos a su hijo y nos despedimos de Antonio. No sabíamos qué más nos podía pasar, había sido un cúmulo de problemas uno detrás de otro.

Salimos camino de Dover, todavía anonadados por todo lo que nos había ocurrido. El ferry que originalmente íbamos a coger lo habíamos perdido hace rato pero afortunadamente teníamos un billete que nos permitía coger uno hasta cuatro horas más tarde. Y afortunadamente todo el proceso de embarque fue super fluido, salía un ferry poco después de que llegásemos y todo fue fácil.

No nos pararon en la aduana ni nos miraron nada. Y menos mal que fue así porque esa mañana antes de salir vimos que algo de la carga se había debido mover y había bloqueado la puerta de la habitación de forma que no se podía abrir. Incluso intentamos cuando llegamos a Dover ir a una cuesta empinada a ver si la carga se movía para atrás pero nada, no hubo forma de abrir la puerta. Así que fue una suerte que no nos miraran nada, si no no sé qué habríamos hecho.


Llegar al ferry supuso un gran alivio, fue como el final de toda esa pesadilla que nos había acompañado hasta el momento. Aún nos quedaba todo el trayecto hasta España, pero ya estaba todo en La Gringa, estábamos en marcha y parecía que podíamos por fin dejar todos estos problemas atrás. El ferry iba medio vacío, con el tema de la Omicron y las restricciones apenas iban pasajeros y la mayoría de los que iban eran transportistas. Casi todo estaba cerrado en el ferry, sólo estaba abierto uno de los bares que tenía cuatro cosas.

Tan sólo nos quedaba un obstáculo posible: no sabíamos qué iba a pasar con el tema de la cuarentena en Francia, pero llegamos a la frontera y nadie dijo nada, ni nos pararon, así que decidimos pasar de esta norma y tirar hacia España, suponiendo que ya que no nos habían parado en la frontera nadie sabría que veníamos de UK. Condujimos como una hora hacia el sur y paramos a dormir en un area de autocaravanas en una granja de la zona. Esa noche estábamos ya más tranquilos y aliviados, estábamos por fin en marcha y habíamos dejado atrás la increíble cantidad de cosas chungas que nos habían pasado.

El viaje a Galicia eran unos 2000Km y habíamos decidido dividirlo en 5 días de viaje, haciendo unos 400Km cada día, con la velocidad que hace La Gringa no nos daba para mucho más sin hacer jornadas maratonianas. 

Nuestro primer destino era el Mont St Michel, ninguno de los dos lo conocíamos y, aunque nos teníamos que desviar un poco de la ruta más directa hacia España, era un destino que nos apetecía. El trayecto hasta allí muy cómodo, la verdad es que en las autopistas francesas da gusto, se conduce muy bien y hay un montón de áreas de servicio super bien dotadas. El único rollo es que se tomaban muy a pecho lo de los certificados Covid y había que andar mostrándolos simplemente para sentarte a tomarte un croissant.

Aparcamos en un área de autocaravanas estupenda, con vistas al Mt St Michel a lo lejos. A la llegada tuvimos un poco de lucha con los caminos ya que el programa de navegación nos mandó por un camino estrecho por el que apenas cabíamos. Pasamos al lado de una señora francesa que nos miraba sin dar crédito, pensando que a donde iban estos con ese cacharro. Y no sé por qué nos mandó por ahí porque había una carretera mucho mejor por la que llegar.


La visita al Mt St Michel nos encantó. Es un sitio mágico, muy bonito e impresionante. Fuimos con las bicis en un paseo genial de poco más de 15 minutos, atravesando el puente que une la isla con tierra firme. Lo único malo es que hacía un frío de pelotas y cuando volvimos por la noche después de cenar en la isla casi nos congelamos.

Otra putada es que las conexiones eléctricas eran de muy pocos amperios y en cuanto conectabas dos cosas saltaba. Y estaban cerradas con candado, por lo que no podías simplemente volver a subir el automático, así que tuve que irnos conectando a distintos enchufes según saltaba. Menos mal que no había apenas gente en el área de autocaravanas.

Nuestro siguiente destino era La Rochelle, una ciudad que yo ya había visitado y que me había gustado mucho. El trayecto fue también bastante cómodo, aunque pillamos bastante tráfico al circunvalar algunas de las ciudades en el camino como Nantes. Ya llegando el programa de navegación nos hizo otra de las suyas y nos quería mandar por un túnel por debajo de las vías del tren por el que no estaba claro que cupiésemos. Tuvimos que dar la vuelta y atravesar todo el casco urbano de La Rochelle hasta encontrar otro camino que atravesaba las vías del tren por un paso elevado.



Una vez estacionados en un area de autocaravanas gigantesco cogimos las bicis y nos fuimos a la zona del puerto donde dimos un buen paseo, disfrutando de esta bonita ciudad. Fuimos a cenar a un buen restaurante y nos dimos un homenaje, que ya nos lo merecíamos. De nuevo hacía bastante frío, algo menos que en Mont St Michel pero aún así volvimos a La Gringa medio pajaritos.

Durante todos estos trayectos Tasia iba bastante tranquila en la autocaravana. No sabíamos qué tal iba a llevar el viaje pero se la veía bastante bien. Cuando estábamos en marcha la metíamos en su jaula que iba justo detrás del asiento del copiloto y se la veía bastante tranquila. Cuando parábamos en algún lado la dejábamos salir por dentro de la caravana y le poníamos su arena y la comida. Y luego, cuando llegábamos a donde pasaríamos la noche, de nuevo la volvíamos a dejar salir. En general creo que para ella fue un viaje mucho menos estresante que el de ida a Inglaterra.

Nuestro siguiente destino era San Sebastián, una de mis ciudades favoritas en España. Según nos íbamos acercando iba haciendo mejor tiempo e iban desapareciendo las nubes. Llegamos a media tarde y nos quedamos en un área de autocaravanas muy maja que hay en la zona oeste de la ciudad. No es muy grande, así que imagino que en época estival debe ser poco menos que imposible aparcar allí, era diciembre y aún así estaba medio lleno, pero encontramos un buen hueco donde quedarnos.


De nuevo cogimos las bicis y nos fuimos pedaleando hasta La Concha. Hacía una tarde magnífica, soleada, con unos 20 grados de temperatura. Un cambio gigantesco respecto al frío que habíamos pasado en Francia. Nos sentamos en una terracita a tomar unas cervezas y fue como decir "Ahora sí". Estábamos ya en casa y los padecimientos de los días anteriores cada vez quedaban más lejanos. Nos dimos una buena vuelta por la ciudad, incluso nos dio para comprar algunos regalos y tras tomar unos ricos pintxos en la ciudad vieja nos volvimos a nuestra Gringa contentos y satisfechos.

Una cosa más que nos había pasado es que no teníamos el adaptador apropiado para llenar el depósito de gas para calefacción. Yo tenía los adaptadores que servían para rellenar el depósito de combustible pero el sistema del tanque de calefacción era algo distinto por lo que no nos valía. Así que llegó un punto en que nos quedamos sin calefacción y tuvimos que tirar del calefactor eléctrico.

Nuestro siguiente destino iba a ser Ribadeo pero por este problema con la calefacción decidimos cambiar de planes y en lugar de eso parar en el mismo lugar de Asturias donde habíamos estado en verano ya que ahí sabíamos que había electricidad y nos podíamos enchufar. Y la verdad es que estuvo estupendo que hiciésemos ese cambio, hasta Ribadeo había casi 500Km y ese día se me hizo muy largo. Las autovías vascas son muy complicadas, con mucha curva y mucha subida y bajada y cansa bastante conducir por ellas.

Una cosa que nos pasó es que íbamos por Cantabria y teníamos que repostar. Vimos que había una Repsol en Laredo y salimos de la autopista. Empezamos a bajar y la carretera cada vez se estrechaba más. Apareció una señal que decía prohibido camiones de más de 3.5T pero a esas alturas no había forma de dar vuelta. Así que nos encontramos de pronto en medio del pueblo de Laredo, atravesando toda la estrecha calle principal con un montón de gente y cabiendo a duras penas. Menudo lío!! Y encima llegamos a la gasolinera y era una de estas enanas que a veces hay en alguna calle donde apenas caben dos coches. Así que después de todo el pifostio encima nos tuvimos que ir sin repostar!

Llegamos al área de Bañugues y menuda diferencia con el verano. Ahora estábamos totalmente solos, con todo el área para nosotros. Era ya bastante tarde así que no fuimos a ningún lado.


Al día siguiente un viaje tranquilo camino de O Grove, con más o menos buen tiempo. Llegamos después de comer, justo a tiempo para la cena de Nochebuena, satisfechos de haber podido llegar finalmente después de tantos contratiempos y problemas. En resumen, una salida de Inglaterra espantosa seguida de un viaje mucho más agradable que pudimos disfrutar.

Segundo viaje a Galicia

 


A mediados de agosto emprendimos nuestro segundo viaje a Galicia. En esta ocasión el ferry era diferente del que cogimos el año pasado y tardaba más, salía a las 22:00 del jueves y llegaba a las 08:00 del sábado, así que había que pasar dos noches a bordo, un poco rollo. Cuando llegamos al ferry conocimos a un señor inglés que llevaba una autocaravana grande (no tanto como la nuestra) y un coche pequeño unido a la autocaravana con un enganche (a-frame), sin remolque. Esto es legal en el Reino Unido pero es ilegal en España, ya que se entiende que es como si un coche remolca a otro, que no es legal. El señor llevaba una serie de papeles para explicar por qué según no sé que normas esto debería ser legal pero no las tenía todas consigo. Yo creo que si le pilla la poli no le libraba nadie de la multa.

El viaje fue muy tranquilo, con buen tiempo y mar en calma, sólo un poco largo en exceso. El ferry se llamaba Galicia y estaba todo decorado con cuadros de temas gallegos y todas las salas tenían nombres gallegos, cosa que molaba bastante, era como un pequeño adelanto de lo que nos esperaba. En la comida también había platos supuestamente "gallegos" pero como estaban cocinados por franceses, el resultado era tirando a mediocre.

Después de desembarcar en Santander nos dirigimos directamente a nuestra siguiente parada, un área de autocaravanas junto a un camping en la playa de Bañugues, en Asturias, cerca de Luanco. Habíamos quedado allí a comer con Ana, una vieja amiga mía de hace muchos años que vive en Oviedo y estaba pasando las vacaciones en Luanco.


El área estaba bastante concurrida, tuvimos suerte de llegar a una buena hora, a última hora del día ya estaba completo. Estaba bastante bien, con bastante espacio y muy cerquita de la playa. Fuimos a comer con Ana y su marido y luego por la tarde fuimos a una playa cercana y nos dimos unos buenos baños. Según nos contó Ana habíamos tenido una suerte gigantesca, al parecer llevaba todo el verano haciendo un tiempo malísimo, con lluvia, y el día que llegamos fue el primer día que hizo bueno en todo el mes. Terminamos el día dándonos un buen paseo por Luanco y disfrutando de una buena cena al aire libre, una visita estupenda.

Al día siguiente emprendimos rumbo a Galicia y en el camino nos hizo un tiempo bastante malo, sobre todo al subir el puerto que hay que subir desde la costa de Lugo hasta el interior de la provincia, que nos cayó la del pulpo. Llegando a O Grove la cosa mejoró y llegamos con mejor tiempo. Cuando llegamos al pueblo nos encontramos con que estaba hasta arriba de autocaravanas. La zona donde nosotros solíamos aparcar, detrás del edificio de los abuelos, estaba ocupada y la zona alternativa del helipuerto tenía ya un montón de autocaravanas. Aparcamos la nuestra en un lateral y más tarde se llenó casi hasta el completo. La zona del espigón también estaba llena, así que había auténtico overbooking.


Pasamos unos días muy chulos en Galicia, sin apenas mover a La Gringa, solo fuimos una noche a dormir a La Lanzada. Al despertar al día siguiente había una niebla espectacular, había un ambiente auténticamente fantasmagórico. Estábamos en todo el proceso de ver casas en Pontevedra, así que aparte de ver a muchos amigos y a la familia y comer bien, nos pasamos mucho tiempo en Pontevedra viendo pisos, usando el coche del hermano de Puri para ir y venir.

Cuando llegó septiembre se fueron ya muchas caravanas y dejó de haber overbooking, cosa que agradecimos. El ambiente era más parecido al que habíamos visto el año anterior, sin tanta gente ni tanto agobio.

Cuando llegó el jueves 2 de septiembre emprendimos la vuelta. Habíamos tenido algunos problemas con las baterías de servicio que no cargaban bien, así que decidimos volver a parar en Bañugues porque sabíamos que allí había conexión eléctrica. Pero cuando llegamos nos encontramos con que el camping estaba cerrado y no había nadie para activar la conexión, así que nos tuvimos que apañar sin poder conectarnos a la red. Por la tarde dimos un paseo precioso por toda la costa entre Bañugues y Luanco, con unas vistas preciosas de los acantilados y playas de la zona.



Al día siguiente cogimos las bicis y nos acercamos a Luanco. Allí cogimos un autobús a Oviedo y pasamos la mañana deambulando por esta bonita ciudad que nos gustó mucho. Había hablado con mi amiga Ana y nos había recomendado algunos sitios para comer. Yo me zampé una riquísima fabada de la que todavía me acuerdo.



Por la tarde tiramos hasta Santander y pasamos la noche en un sitio estupendo. Es un área de autocaravanas que está al lado del puerto, a diez minutos del centro de la ciudad. Nos dimos un paseo muy chulo por el puerto, disfrutando de la vista y de los barquitos.

Al día siguiente el ferry salía a las 15:00 pero nos permitían hacer el trámite de check-in desde las 9:00 y que luego la autocaravana se quedase allí esperando. Así que después de desayunar tiramos hacia el puerto de los ferrys que estaba muy cerca, hicimos el trámite, cogimos las bicis y nos fuimos a explorar la ciudad.



Nos dimos un buen paseo siguiendo toda la línea de la costa hasta que el camino terminó en una playa. Al otro lado de la bahía podíamos ver el puerto donde estaba el área de autocaravanas donde habíamos pasado la noche. Después subimos hasta el Palacio de La Magdalena y estuvimos disfrutando de las bonitas vistas. Finalmente bajamos por el otro lado del monte hacia la playa del Sardinero. En el camino pudimos ver el recinto donde antiguamente había un oso polar y donde ahora tienen unas focas, algo un poco incongruente y sin mucho sentido. En la playa del Sardinero nos tomamos unas cervecitas y emprendimos el camino de vuelta para poder estar a la hora de salida del ferry.


El ferry salió a la hora prevista y nos despedimos con tristeza de España (pero sabiendo que muy pronto volveríamos). Un viaje muy agradable en el que pudimos disfrutar de nuestra tierra, la familia y los amigos.





Una semana en el norte de Gales


En Agosto nos fuimos Leo y yo a pasar una semana de vacaciones en el norte de Gales. Por desgracia esta vez no pudieron venir los hijos de nuestros amigos argentinos Elena y Martín, una pena porque sé que Leo disfruta mucho de su compañía.

Salimos un sábado a la hora de comer más o menos y tiramos hacia el norte. Hacía un día bastante bueno y el camino fue bastante relajado. Como sabía que la ruta hacia nuestro destino era bastante larga, habíamos decidido parar a mitad de camino y así lo hicimos en una pequeña granja al norte de Bristol. El sitio estaba genial, había espacio para muy pocas autocaravanas, sólo cuatro o cinco, pero estaba en lo alto de una colina con unas preciosas vistas hacia el oeste y disfrutamos de un atardecer espectacular.

Retomamos el camino el domingo y nuestra primera tarea era la de echar gas, pero esto fue un poco odisea. En el primer sitio al que fuimos no tenían gas. En el segundo la marquesina de la estación de servicio era demasiado baja y no cabíamos. Pero en el tercero afortunadamente ya sí que encontramos gas y además a un precio excelente. Lo único malo es que cada uno de estos intentos nos apartaba un poco de la ruta prevista, de forma que lo que tenían que haber sido unas cinco horas de ruta se transformaron en casi ocho.


La última parte del viaje fue genial, pasamos por una zona de bosques preciosa en las estribaciones del parque nacional Snowdonia y luego atravesamos el parque en si, disfrutando de unos paisajes espectaculares, muy ariscos y despoblados. 

Finalmente llegamos al camping donde íbamos a pasar la semana y nos encontramos con que estaba genial, a sólo 50 metros de la playa, muy espacioso y muy bien equipado. Escogimos un sitio amplio, bajamos las bicis y nos fuimos a dar una vuelta por la playa y disfrutar del atardecer.


Por desgracia esa misma tarde empezó a soplar un viento bastante desagradable que nos estuvo acompañando toda nuestra estancia y que no paró hasta justo el día que nos volvíamos!

El plan de esa semana era que yo estaba trabajando así que lo que hacíamos es que yo comenzaba a trabajar temprano y sobre las tres terminaba de trabajar y nos cogíamos las bicis para ir a hacer alguna excursión, bien directamente con la bici o yendo a un pueblo cercano y cogiendo allí un autobús o un tren.


De esta manera hicimos excursiones a Pwllheli (pronunciado "pusheli"), un bonito pueblo galés, Criccieth, otro pueblo con un impresionante castillo junto a la playa, el playón de Aberdaron, la península de Porthdinllaen y su pueblito marinero y el pueblo de Portmerion


Todos estos sitios estaban llenos de paisajes espectaculares pero lo que más nos llamó la atención fue el pueblo de Portmeiron. Este pueblo es el capricho de un ricachón inglés que a principios del siglo XX se hizo construir en su Gales natal un pueblo al estilo de los coloridos pueblos mediterráneos del sur de Italia. El contraste es muy sorprendente y fascinante. Leo se hartó de hacer fotos de todos sus rincones.


El sábado emprendimos la vuelta pasando de nuevo por todos los maravillosos paisajes de Snowdonia. De nuevo partimos el viaje en dos y esta vez dormimos en un sitio que ya conocíamos muy cerca de Bristol. Para llegar allá el programa de mapas me mandó por unos caminos estrechos de narices, diferentes de los que yo conocía viniendo desde el sur. Al llegar al sitio el señor del lugar vio por donde habíamos venido y me dijo que éramos unos valientes. Estúpidos diría yo :-) Finalmente llegamos a nuestro sitio al día siguiente sin más aventuras dignas de reseñar. Una semana muy entretenida en la que una vez más pudimos disfrutar de los mágicos paisajes de Gales.



Cuatro playas y una boda


En este post os vamos a contar varios viajes que hicimos a la costa, incluyendo uno que hicimos para acudir a la fiesta de una boda.

A finales de Mayo nos fuimos a Weston-Super-Mare, una ciudad vacacional que hay cerca de Bristol. Fuimos allí porque yo quería ir a ver una obra de teatro que ponían en Bristol. El sábado salimos de Winchester por la mañana y llegamos sin incidencias al camping en Weston-Super-Mare por la tarde después de comer. Dejamos a La Gringa aparcada y nos fuimos a Bristol en transporte público (bus + tren). La obra de teatro estuvo genial, era una adaptación del libro "Touching the Void" de Joe Simpson en el que narra un accidente que tuvo escalando en Los Andes y todas las perrerías que tuvo que soportar para sobrevivir. La adaptación teatral es impactante, realmente consiguen recrear el ambiente de la escalada de alta montaña en el escenario, un auténtico prodigio.

La obra terminaba bastante tarde, después de las once, y a esa hora ya no hay transporte público a Weston, así que nuestro plan era ir en Uber, que habíamos visto que nos costaría unas 40£. Imaginad nuestra sorpresa cuando abrimos la aplicación de Uber y nos dice que el precio son casi 80£ por "alta demanda". Decidimos esperar un poco dando una vuelta pero al consultar media hora después el precio había subido a más de 100£! Resignados estuvimos dando vueltas por la ciudad a la espera de que el precio bajase. Era el primer fin de semana con todo abierto después del lockdown y la gente estaba desatada, había chavales por todas partes y los sitios estaban de bote en bote. Intentamos entrar en uno a tomar un cocktel y nos dijeron que imposible si no habíamos reservado. Finalmente cerca de la una el precio bajó y pudimos pedir un Uber que no nos costase un ojo de la cara. Nos costó un huevo encontrarnos con el coche porque habíamos quedado en una plaza muy grande llena de gente y era imposible encontrarse con tanta movida como había. Y encima después de conseguir recogernos nos tuvo que dejar a los cinco minutos porque no le funcionaba el móvil y tuvimos que pedir un segundo Uber. Así que no llegamos a casa hasta más de las dos de la mañana.


Las playas de la zona tienen una peculiaridad y es que allí hay unas mareas gigantescas, de más de 10m, así que cuando la marea está baja el agua puede estar a más de 1km de la costa. Y encima es todo fango, así que realmente sólo te puedes bañar en un periodo muy pequeño del día, coincidiendo con la marea alta. Para cuando nos despertamos y estuvimos listos ese momento ya había pasado, así que cogimos las bicis y nos dirigimos a una pequeña península en la que hay un camino mantenido por el National Trust y nos dimos un buen paseo disfrutando de las vistas, incluyendo el espectáculo del mar retirándose y dejando ríos que se formaban en el fango de la playa.


Después de comer nos dirigimos con las bicis al pueblo de Weston-Super-Mare (nuestro camping no estaba en el pueblo en si, estaba como un par de kilómetros al norte). Nos habían dicho que estaba lleno de gente pero no era para tanto y nos pudimos dar una buena vuelta por el paseo marítimo. En el escaparate de un bar tenían un maniquí de la Reina, nos hizo bastante gracia y nos hicimos unas fotos. Nuestro plan original era haber vuelto al camping a cenar una barbacoa pero nos dio pereza y decidimos cenar en Weston, encontramos una brasería griega donde pudimos cenar unas buenas carnes a la brasa atendidos por gente bien simpática.


Al día siguiente sí que conseguimos estar listos a la hora de la marea alta y pasamos un rato en la playa al sol. Aunque sí que había agua como para bañarse, tampoco invitaba mucho porque estaba muy marrón de todo el fango que tiene, así que yo sólo me metí hasta las rodillas. Después de comer preparamos todo para irnos. La señora del camping obviamente había subestimado el tamaño de La Gringa porque intentó indicarme una maniobra imposible, pero con la ayuda de otro señor conseguimos maniobrar y salir. Pero nos esperaba un último obstáculo: el camino que llevaba al camping junto a la playa era bastante estrecho y había varios coches aparcados que hacían que no pudiésemos salir. Estuvimos esperando un rato y finalmente se fue el que más molestaba. Yo me acerqué y medí el espacio disponible y vi que cabíamos, justo pero cabíamos, así que con gran cuidado conseguimos salir y partir.


Un par de fines de semana después hicimos una excursión de fin de semana cerca de Arundel, un pueblo que tiene un castillo muy chulo en la costa sur, cerca de Portsmouth. Salimos el viernes por la tarde después de trabajar y en un par de horas estábamos allí. El camping era bastante agreste, en unos antiguos campos de una granja, pero bastante agradable. Tenía la peculiaridad de que los aseos estaban cerrados en general y los campistas los podían alquilar para un grupo privado. Enfrente de nosotros había un grupo de chicas que estaban pasando un fin de semana en plan grupete de amigas y enseguida les llamó la atención nuestra Gringa y estuvimos encantados de hacerles un tour. Una de ellas era monitora de yoga y estuvieron un rato largo haciendo todo tipo de ejercicios de yoga en la pradera delante de nosotros.


El castillo de Arundel está muy bien conservado y es muy chulo, el sábado fuimos con las bicis e hicimos una buena visita. Aparte de poder ver el castillo y visitarlo por dentro, una de las cosas más interesantes es que tiene un jardín muy grande lleno de todo tipo de plantas, incluyendo algunas que parecen más tropicales que otra cosa, así como muchas estructuras curiosas, fuentes, templetes, galerías, etc...


El domingo decidimos acercarnos a la playa y nos fuimos con las bicis hasta el pueblo de Littlehampton. Lo que no imaginábamos es que esa misma idea se le iba a ocurrir a media Inglaterra. La playa estaba increíblemente llena de gente, parecía Benidorm. Nos buscamos un par de metros cuadrados donde poder extender la toalla y nos dimos un baño rápido, pero aquello era un agobio con tanta gente por todas partes. Así que en un par de horas recogimos y nos fuimos pitando.


Un par de semanas más tarde hicimos otra excursión de fin de semana. El objetivo era poder conocer la playa de Tyneham que nos habían recomendado nuestros amigos Martín y Elena. Así que el viernes por la tarde cogimos La Gringa y nos plantamos en el camping en Corfe Castle. En el camino alguien nos vio y publicó en Facebook que había visto pasar una National Tropical por su pueblo y me hizo mucha ilusión poder confirmar que éramos nosotros. El camping era bastante básico, simplemente una granja en la que habían reacondicionado varios campos para acoger campistas. La granja estaba llena de colinas empinadas y en vista de que no eran apropiadas para nuestro bicho nos colocaron en lo alto de la colina lejos de todo el mundo.


El sábado vinieron nuestros amigos desde nuestro pueblo, nos recogieron en el camping y nos fuimos todos hasta la playa. Resultó ser una playa espectacular, muy bonita, recogida en una bahía. Y encima no había prácticamente nadie. Todo lo contrario de nuestra experiencia en Littlehampton! Pasamos una buena tarde disfrutando de esta playita y nos llevaron de vuelta al camping. Ese día era nuestro sexto aniversario de boda así que nos fuimos hasta el pueblo cercano de Corfe Castle a celebrarlo. Fuimos al "Pink Goat", un sitio agradable y muy original en el que disfrutamos de una buena cena.


El domingo aprovechamos que estábamos más o menos cerca de Dorchester para ir a ver a nuestra amiga Kate. Yo había visto un sitio donde podíamos dejar a La Gringa un rato mientras íbamos a comer, una antigua estación de pesado de vehículos que ahora estaba abandonada, pero al llegar allí nos encontramos con que estaba en obras y la tenían cerrada. Así que tuvimos que improvisar, yo me acordé de haber visto unos lay-bys (zonas de parada junto a la carretera) bastante grandes en una carretera cercana por la que habíamos pasado, así que nos fuimos para allá y dejamos a La Gringa mientras nos íbamos a comer con esta amiga. Un rato muy agradable de ponernos al día y volvimos a por nuestro bicho que estaba esperándonos tan contento.


Unas semanas después hicimos otro viaje, esta vez a la zona del norte de Devon. El objetivo era acudir a la boda de una compañera de trabajo de Puri, Terri. Como esto está bastante lejos la idea era salir el viernes y paramos a mitad de camino en un camping que ya conocíamos, uno que habíamos visitado en septiembre de 2019 y que tenía una plaza para auto-caravanas bien hermosa. Como íbamos un poco justos de tiempo para llegar no muy tarde al camping, decidimos traernos a La Gringa hasta nuestro pueblo el día anterior de salir y dejarla en un sitio que habíamos descubierto que estaba en un callejón lateral y donde parecía que se podía quedar aparcada sin problemas. El viernes llevé a Puri a trabajar, llevamos todas las cosas a la caravana y yo volví a casa con la idea de dejar allí el coche e ir hasta la caravana con la bici. Pero me llevé la desagradable sorpresa de que mi bici estaba pinchada. Así que no tuve más remedio que volver a llevar el coche hasta allí (con la bici dentro con la idea de repararla más adelante) y dejarlo aparcado en una calle cercana. Todo salió bien pero fue un poco de lío.

Por la tarde, después de llegar al camping me puse a reparar la bici. Una vez que tuve reparado el pinchazo decidí aprovechar e hinchar las ruedas de todas las bicis. Y con la de Leo me despisté e hinché una rueda de más hasta que la cámara explotó, destrozando también la cubierta de la bici. Como me explotó en las narices me dejó un rato medio sordo, con un pitido en los oídos.

Al día siguiente emprendimos el camino hacia nuestro destino final pero tuvimos que parar un par de veces, para echar gas y comprar una rueda nueva para la bici. En el sitio que paramos para comprar la rueda hubo que hacer una maniobra complicada para dar la vuelta pero con la ayuda de Puri pude lograrlo sin muchas dificultades. Por fin llegamos al camping después de comer y mientras Puri se terminaba de arreglar yo estuve intentando conseguir un taxi que nos llevase hasta el sitio de la boda, que estaba como a media hora, pero me costó un huevo, todo el mundo estaba ocupado o no disponible. Finalmente dimos con un taxi en el que nos llevó un chaval muy majete. 

Íbamos con preocupación porque llegábamos un poco tarde pero resultó una preocupación infundada, llegamos justo a tiempo de disfrutar de toda la fiesta. Una noche estupenda en la que bailamos un montón y pudimos pasar un rato bien agradable con los compañeros de Puri. La fiesta de la boda era en un sitio espectacular, con impresionantes vistas a la gigantesca playa de Westward Ho! y nos hicimos un montón de fotos mientras atardecía.

Al día siguiente habíamos planificado ir con La Gringa a una playa de la zona, pero mirándolo en el navegador vimos que estaba a casi una hora y se me hizo un poco cuesta arriba. Como estábamos un poco cansados decidimos en vez de eso quedarnos por la zona y dar un paseo por una ruta de bici que transcurría junto al camping. Era una vieja vía de tren que habían reacondicionado como ruta turística y que estaba estupenda. Al ser una vieja ruta de tren las pendientes no eran muy empinadas y el camino era muy liso, un lujo.


Paramos a comer en una vieja estación que habían reacondicionado como pub y mientras estábamos tomando unos helados y un café empezaron a tocar un grupo de gente y pasamos un rato estupendo disfrutando de sus melodías. No eran una banda organizada, simplemente un grupo de personas a las que les gustaban las músicas tradicionales y se juntaban para tocar y disfrutar de la música. Tocaron todo tipo de temas tradicionales, sobre todo irlandeses e incluso se atrevieron a tocar una versión del "Qué viva España!" a nuestro honor.

El lunes emprendimos camino de vuelta y llegamos sin mayor problema a Newport, donde me iba a quedar yo con la caravana para que le cambiasen un sensor que no funcionaba bien en la transmisión. Puri se volvió en tren. Una vez hecha esta reparación me volví el martes por la tarde y me recogió Puri en nuestro sitio de dejar la caravana. Con la mala fortuna de que me dejé mi bolso en el taller, así que más adelante hubo que ir a recogerlo, pero eso ya os lo contaré en otro post.

En resumen, cuatro visitas muy diferentes a las costas inglesas, con una boda incluida en la última de ellas.





Ora llueva, ora luce el sol (con tormenta)

A principios de mayo hicimos una excursión a Glastonbury y Wells y fue como esa frase que nos hacían aprender en el cole: "Ora llueve, ora luce el sol". Todo el fin de semana estuvo con un tiempo muy cambiante y lo mismo salía el sol y se estaba estupendamente que un rato después llegaban unas nubes negras horrorosas y caía un chaparrón.

El problema que habíamos tenido en el viaje anterior con el slide-out resultó ser un tornillo que se había quebrado, nos lo sustituyeron y ya está. Yo me fui a recoger a La Gringa en Newport el jueves por la noche y viajé al camping que habíamos encontrado cerca de Glastonbury el viernes por la tarde. Mientras tanto Puri vino desde casa con nuestro coche, así que una vez más teníamos dos vehículos, lo que nos vino muy bien dado el tiempo tan cambiante que nos hizo.

El sitio donde acampamos era super chulo, muy cuidado, con muchos detalles muy bonitos, de los más agradables donde hemos estado. Además parece ser que lo dedicaban fundamentalmente a gente que guardaba allí su caravana, más que a visitantes ocasionales, así que estuvimos súper solos, no vimos apenas a nadie. La mujer que lo llevaba era encantadora, mayor pero con las ideas muy claras (me ayudó a aparcar con unas instrucciones precisas y muy bien dadas) y tuvimos alguna buena charla con ella.

El sábado por la mañana fuimos hasta Wells donde había un pequeño mercado. Pasamos un rato estupendo curioseando todos los puestos y comprando algunas cosas ricas de comer y algún que otro detalle. De vez en cuando llegaban los chubascos y nos teníamos que ir a refugiar debajo de algún soportal.


Comimos al lado de la casa del obispo, un sitio muy chulo al que no entramos porque nos querían soplar 15£ y eso que estaba cerrado por el tema Covid y sólo se podía visitar el jardín, así que pasamos. Antes de entrar cayó otro buen chaparrón y estuvimos casi media hora refugiados en el portalón de entrada. Fuimos a intentar visitar la catedral pero ya la habían cerrado.

Cogimos el coche y emprendimos el camino de vuelta a Glastonbury. Empezó a llover de nuevo de lo lindo y en vista de esto decidimos hacer un plan alternativo. A la ida habíamos visto un outlet de Clarks, así que nos plantamos allá y pasamos un rato dominguero de tiendas.


A la salida del outlet parecía que el tiempo había mejorado un poco así que nos fuimos hacia el Tor, una edificación que hay en lo alto de una colina al lado de Glastonbury y desde la que hay unas vistas estupendas. La guía decía que había media hora de subida hasta la torre y Puri decidió ahorrarse la visita y esperarme en el coche. Pero la guía debía referirse a la subida desde el pueblo porque en menos de diez minutos estaba arriba. Al comenzar a descender volvió a empezar a llover a chorro gordo y me empapé bastante.

Luego volvió a salir el sol así que decidimos ir a darnos una vuelta por Glastonbury. Con tan mala fortuna que la abadía la cerraban a las 16:30 y tampoco la pudimos visitar. Pero nos dimos un agradable paseo viendo todas las tiendas hippies y llenas de objetos esotéricos que pueblan esta ciudad, parece ser que es un centro importante para iluminados, hippies y demás fauna. Entré a un super a comprar unas cosas y mientras estaba esperándome se le acercó a Puri una de estas flipadas y le dijo a dos centímetros de su oído "I love you", dándole a Puri un susto de muerte.

Por la noche hicimos una agradable barbacoa junto a La Gringa. Al día siguiente salimos hacia Bath y dejamos a La Gringa en un park and ride y nos fuimos en autobús al centro del pueblo. Teníamos reservada sesión en el Thermae Spa, un spa que ya conocemos y que nos gusta mucho y en el que ya habíamos estado con La Gringa el año pasado. Tras una relajante sesión de spa volvimos a La Gringa y emprendimos el viaje de vuelta.


Y ahí llegó la tormenta. Estaba subiendo una empinada cuesta a unas pocas millas de Bath cuando vi que se encendía una luz roja en el panel. Miré al indicador de temperatura y vi que estaba al máximo. Eché un vistazo y vi una señal que indicaba que había un lay-by (una zona de parar) a 400m. Reduje la velocidad y conduje hasta el lay-by donde intenté aparcar a La Gringa. Pero el sitio estaba lleno de coches y sólo conseguí entrar en un hueco parcialmente, dejando todavía medio metro de vehículo en la carretera. En cuanto paré empezó a salir un montón de vapor del motor. Puri consiguió aparcar un poco más atrás de mí y flipó con el panorama.

Llamamos a la asistencia en carretera y nos dijeron que vendría un vehículo de ayuda en 3 o 4 horas. Señalizamos a La Gringa como pudimos, con unos chalecos reflectantes que colgamos de la parte de atrás y un triángulo de señalización, pero nos preocupaba que llegase la noche. Finalmente al cabo de algo menos de tres horas llegó la ayuda. El señor que vino llenó de nuevo el depósito de refrigerante con agua (tuvimos que meter un montón de agua) y llegó un momento en el que vio que salía líquido de debajo del motor. Se metió debajo de La Gringa y nos dijo que había una tubería que tenía un agujero grande.

En vista de que no se iba a poder reparar nos dijo que lo mejor era moverla fuera de ese sitio donde estaba sobresaliendo de forma peligrosa antes de que se hiciese de noche, que como había vuelto a rellenar el depósito de refrigerante podríamos conducir unas millas sin problema. Así que eso hicimos, condujimos unas millas hasta una carretera lateral sin tráfico y allí nos quedamos esperando a una grúa.

La grúa tardó un montón en llegar, los de asistencia en carretera contactaron con una empresa de salvamento de vehículos que a su vez contactó con otra empresa más pequeña local. Así entre mensajes entre unos y otros no llegaron hasta nosotros hasta cerca de las doce de la noche. Puri aprovechó el rato para echar una cabezadita, pensando en que tenía que levantarse temprano al día siguiente.

Empezamos a subir a La Gringa a la grúa pero pronto se dieron cuenta de que había un problema. Nuestra altura al suelo en la parte de atrás es bastante baja por los depósitos del LPG (de hecho ya habíamos rozado alguna otra vez) y al inclinarnos para subir a la grúa tocaban en el suelo. Estuvieron un buen rato intentando solventar este problema a base de levantar las ruedas con unos tablones que llevaban en la grúa pero tuvimos que esperar a que llegase el jefe con unas traviesas grandes de tren que levantaron las ruedas lo suficiente como para que pasase sin tocar. La verdad es que los chicos que hicieron esta operación eran unos máquinas que sabían perfectamente lo que hacían, tuvimos suerte de dar con gente tan experimentada.


En la foto no se ve muy bien pero esa es nuestra Gringa finalmente subida en la grúa a las dos de la mañana. Gracias a que teníamos el coche pudimos seguir nuestro viaje y llegar finalmente a casa a las cuatro de la madrugada ¡Menuda pesadilla!

Al día siguiente La Gringa ya estaba en el taller de Steve en Newport (de nuevo se demostró la profesionalidad de los que nos asistieron) y esa misma semana quedó lista (tuvieron que pedir la pieza a EEUU y llegó en un tiempo record de dos días). Así que el fin de semana siguiente repetimos la jugada, yo me fui a Newport el viernes por la tarde y el sábado por la mañana me fui con La Gringa hasta un camping que habíamos cogido en el New Forest. Puri se vino desde casa con Marisa, una amiga que iba a pasar con nosotros el fin de semana.


En el New Forest estuvimos en un camping en el que ya había estado el año anterior, es un camping bastante chulo con mucho espacio. Por la mañana nos dimos un buen paseo por el bosque y por la tarde hicimos lo mismo con las bicis. El New Forest es un sitio mágico, con unas arboledas extraordinarias y lo pasamos estupendamente.

Al día siguiente nos acercamos con el coche a Lymington, un pueblito marinero en el que nos pudimos dar una vuelta disfrutando de los barquitos y la ría. Estábamos comprando unos helados en la calle principal cuando de pronto cayó una granizada tremenda, no duró ni un minuto pero fue bestial. Era lo único que nos faltaba para culminar estos fines de semana con un tiempo tan loco.


Aventuras marineras

 

Después del largo paréntesis invernal donde no fuimos a ver a La Gringa porque estaba prohibido (y además no apetecía nada con tanto frío y anocheciendo tan pronto), a mediados de Abril nos acercamos a ver cómo andaba y darle una limpieza. Y nos encontramos con que no la pudimos arrancar, el motor de arranque funcionaba pero no acababa de encender. Nos fuimos a casa frustrados por no haber podido ponerla en marcha.

Hablando con Steve, nuestro mecánico de motorhomes favorito, me comentó que con esos síntomas todo indicaba que pudiese ser un problema de la bomba de combustible y me dio unas instrucciones para probar varias cosas a ver si averiguábamos el problema. Volvimos al fin de semana siguiente y, tras un arduo trabajo detectivesco digno de Sherlock Holmes, determinamos que el problema estaba en un relé. Lo cambiamos por otro y, aleluya, conseguimos que arrancase.

Steve quedó en mandarme un relé de repuesto pero no lo pudo encontrar a tiempo, así que un fin de semana después me fui para Gales habiendo puesto en lugar del relé fundido el que controlaba el ventilador del calefactor, que no lo necesitaba usar. Llegué a Newport sin incidencias y allí se quedó La Gringa para que le mirasen unas cuantas cosas, principalmente la bomba de agua que no funcionaba correctamente desde nuestro viaje a Galicia.

Volvimos en tren al siguiente fin de semana y pasamos la noche aparcados junto al garaje de Anglo American Motorhomes. Vinieron a vernos Sara y Emma, nuestras amiguitas de Gales, y tuvimos una noche muy agradable de charla, risas y conversaciones mientras disfrutábamos de un menú takeaway hindú. Da gusto poder volver a ver a las amigas después de tanto tiempo de no poder ir a ningún lado.

Al día siguiente nos levantamos con calma y salimos hacia Tenby, un pueblo en el sur de Gales en el que íbamos a pasar el puente del primer fin de semana de Mayo. Tras un viaje tranquilo sin incidencias llegamos al camping que estaba bastante bien, mucho espacio y una buena localización, con una entrada poco complicada.

Empezamos a instalarnos y cuando fuimos a abrir los slide-outs nos encontramos con que el de adelante solo funcionaba de un lado. El motor de atrás se había quedado atascado y no iba para adelante ni para atrás. Afortunadamente conseguimos que casi volviese a su posición de reposo, quedando sobresaliendo sólo unos 5cm, así que podíamos conducir. Pero nos quedamos sin poder usar ese slide-out ese fin de semana.

Enseguida trabamos conversación con Sam, nuestra vecina de la parcela de al lado. Una chica de la zona que se había comprado una caravana y que estaba disfrutando de un fin de semana de vacaciones con sus dos hijas, a la espera de que se incorporase el marido al día siguiente, que ese sábado estaba trabajando. Las dos niñas pequeñas en seguida quisieron ver la motorhome, así que les hicimos un tour.

Después de comer cogimos las bicis y tomamos camino de Manorbier, una playa cercana. Cuando estábamos llegando me equivoqué en un cruce y tiré hacia donde no debía y de pronto me encontré delante de un castillo que no esperaba. Decidimos aprovechar y hacer una visita. El castillo era pequeñito pero molón y pasamos un buen rato recorriendo todos sus recovecos.

Después llegamos por fin a la playa de Manorbier, un playón estupendo con una zona muy rocosa y otra con arena. Hacía una tarde medio agradable y nos pudimos dar un paseo estupendo. Vimos a un tipo que de pronto se quedó en calzoncillos y se dio un baño. Le preguntamos qué tal el agua y nos dijo "very cold!" y nos partimos todos de risa.


Decidimos seguir camino junto a la costa en lugar de volver por el mismo lado y nos encontramos con unos cuestones que nos dejaron con la lengua fuera. Pero el día estaba agradable y nos pudimos dar un buen paseo por unas carreteras estrechas entre granjas y campos de cultivo.

Volvimos a La Gringa y después de unas merecidas cervezas cenamos unas costillas de cerdo y unos choricitos hechos en la barbacoa y luego pronto a descansar.

Al día siguiente cogimos de nuevo las bicis y tomamos camino de Tenby. Fuimos por un camino muy subibaja, lleno de cuestas. Llegamos a un punto desde el que había una vista estupenda de la isla de Caldey y muchos campos cultivados llenos de flores amarillas. Empezamos a descender camino de Tenby y bajamos por unas cuestas super empinadas, estaba claro que a la vuelta íbamos a tener que buscar otro camino.



Llegamos a Tenby y dejamos las bicis candadas muy cerca del puerto. Tenby es un pueblo marinero precioso. También es muy turístico y estaba hasta la bandera de gente. Nos dimos una vuelta pasando por una playita que había allí al lado y vimos mucha gente que, a pesar de que hacía bastante frío, como estaba soleado, estaban bañándose y tomando el sol. Nosotros íbamos con nuestro abrigos y parecíamos de razas diferentes.

Recorrimos todo el paseo marítimo y nos tomamos unos helados refugiados debajo de unas sombrillas en un momento en que se puso a llover. Volvimos a donde las bicis y comimos nuestros bocatas en unas mesitas que había junto al puerto, disfrutando de todo el ambiente marino.



Después de comer habíamos reservado para hacer una excursión en barco a la isla de Caldey. Pasamos un frío horroroso con el viento helado que hacía pero el paseo fue muy bonito, la isla era super chula y vimos muchas cosas interesantes, incluyendo algunas focas. Yo no paraba de pensar en varios niños que iban en el barco vestidos de verano, en chanclas, bañador y camiseta, pensando que debían estar helados, pero parecían bien contentos. Lo que digo yo, otra raza.

Al volver Puri consiguió entrar a comprar a una pequeña pescadería que había junto al puerto, había estado todo el día con mucha cola pero a esas horas la gente ya se estaba recogiendo. Salió con un buey de mar y un bogavante como botín, así que esa noche nos dimos un buen homenaje.

Emprendimos el camino de vuelta, por un camino menos empinado pero que también estaba lleno de subibajas. Al final de una buena cuesta me paré a esperar a Puri y estaba tardando mucho. La vi llegar muy despacio y con la lengua fuera. Resulta que su bici se había quedado sin batería. Afortunadamente estábamos ya bastante cerca del camping y pudimos llegar sin mayores contratiempos.

Cuando llegamos estuve un rato sentado con Sam y su marido que acababa de llegar, tomando un vermucito al calor del poco sol que alumbraba. Andaban por allí sus dos hijas terremotos, corriendo por todas partes descalzas y con un amiguete que habían hecho y que andaba también por allí como un bólido con su bici.

Al día siguiente el pronóstico del tiempo era horroroso, al parecer iba a hacer muchísimo viento y bastante lluvia empezando a media mañana. Así que nos levantamos bastante temprano y salimos dirección a Newport. Habíamos hablado con Steve y habíamos quedado en que le íbamos a dejar a La Gringa para que mirase el problema del slide-out. En el camino no nos hizo demasiado malo pero ya llegando a Newport empezaba a empeorar bastante. Volvimos en tren a casa con el alivio de habernos podido librar del temporal.

En resumen, un fin de semana estupendo en el que pudimos disfrutar de unas buenas aventuras junto al mar, lástima del problema con el slide-out y de haber tenido que volvernos tan pronto el lunes.