En Agosto nos fuimos Leo y yo a pasar una semana de vacaciones en el norte de Gales. Por desgracia esta vez no pudieron venir los hijos de nuestros amigos argentinos Elena y Martín, una pena porque sé que Leo disfruta mucho de su compañía.
Salimos un sábado a la hora de comer más o menos y tiramos hacia el norte. Hacía un día bastante bueno y el camino fue bastante relajado. Como sabía que la ruta hacia nuestro destino era bastante larga, habíamos decidido parar a mitad de camino y así lo hicimos en una pequeña granja al norte de Bristol. El sitio estaba genial, había espacio para muy pocas autocaravanas, sólo cuatro o cinco, pero estaba en lo alto de una colina con unas preciosas vistas hacia el oeste y disfrutamos de un atardecer espectacular.
Retomamos el camino el domingo y nuestra primera tarea era la de echar gas, pero esto fue un poco odisea. En el primer sitio al que fuimos no tenían gas. En el segundo la marquesina de la estación de servicio era demasiado baja y no cabíamos. Pero en el tercero afortunadamente ya sí que encontramos gas y además a un precio excelente. Lo único malo es que cada uno de estos intentos nos apartaba un poco de la ruta prevista, de forma que lo que tenían que haber sido unas cinco horas de ruta se transformaron en casi ocho.
La última parte del viaje fue genial, pasamos por una zona de bosques preciosa en las estribaciones del parque nacional Snowdonia y luego atravesamos el parque en si, disfrutando de unos paisajes espectaculares, muy ariscos y despoblados.
Finalmente llegamos al camping donde íbamos a pasar la semana y nos encontramos con que estaba genial, a sólo 50 metros de la playa, muy espacioso y muy bien equipado. Escogimos un sitio amplio, bajamos las bicis y nos fuimos a dar una vuelta por la playa y disfrutar del atardecer.
Por desgracia esa misma tarde empezó a soplar un viento bastante desagradable que nos estuvo acompañando toda nuestra estancia y que no paró hasta justo el día que nos volvíamos!
El plan de esa semana era que yo estaba trabajando así que lo que hacíamos es que yo comenzaba a trabajar temprano y sobre las tres terminaba de trabajar y nos cogíamos las bicis para ir a hacer alguna excursión, bien directamente con la bici o yendo a un pueblo cercano y cogiendo allí un autobús o un tren.
De esta manera hicimos excursiones a Pwllheli (pronunciado "pusheli"), un bonito pueblo galés, Criccieth, otro pueblo con un impresionante castillo junto a la playa, el playón de Aberdaron, la península de Porthdinllaen y su pueblito marinero y el pueblo de Portmerion
Todos estos sitios estaban llenos de paisajes espectaculares pero lo que más nos llamó la atención fue el pueblo de Portmeiron. Este pueblo es el capricho de un ricachón inglés que a principios del siglo XX se hizo construir en su Gales natal un pueblo al estilo de los coloridos pueblos mediterráneos del sur de Italia. El contraste es muy sorprendente y fascinante. Leo se hartó de hacer fotos de todos sus rincones.

El sábado emprendimos la vuelta pasando de nuevo por todos los maravillosos paisajes de Snowdonia. De nuevo partimos el viaje en dos y esta vez dormimos en un sitio que ya conocíamos muy cerca de Bristol. Para llegar allá el programa de mapas me mandó por unos caminos estrechos de narices, diferentes de los que yo conocía viniendo desde el sur. Al llegar al sitio el señor del lugar vio por donde habíamos venido y me dijo que éramos unos valientes. Estúpidos diría yo :-) Finalmente llegamos a nuestro sitio al día siguiente sin más aventuras dignas de reseñar. Una semana muy entretenida en la que una vez más pudimos disfrutar de los mágicos paisajes de Gales.
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