Aventuras marineras

 

Después del largo paréntesis invernal donde no fuimos a ver a La Gringa porque estaba prohibido (y además no apetecía nada con tanto frío y anocheciendo tan pronto), a mediados de Abril nos acercamos a ver cómo andaba y darle una limpieza. Y nos encontramos con que no la pudimos arrancar, el motor de arranque funcionaba pero no acababa de encender. Nos fuimos a casa frustrados por no haber podido ponerla en marcha.

Hablando con Steve, nuestro mecánico de motorhomes favorito, me comentó que con esos síntomas todo indicaba que pudiese ser un problema de la bomba de combustible y me dio unas instrucciones para probar varias cosas a ver si averiguábamos el problema. Volvimos al fin de semana siguiente y, tras un arduo trabajo detectivesco digno de Sherlock Holmes, determinamos que el problema estaba en un relé. Lo cambiamos por otro y, aleluya, conseguimos que arrancase.

Steve quedó en mandarme un relé de repuesto pero no lo pudo encontrar a tiempo, así que un fin de semana después me fui para Gales habiendo puesto en lugar del relé fundido el que controlaba el ventilador del calefactor, que no lo necesitaba usar. Llegué a Newport sin incidencias y allí se quedó La Gringa para que le mirasen unas cuantas cosas, principalmente la bomba de agua que no funcionaba correctamente desde nuestro viaje a Galicia.

Volvimos en tren al siguiente fin de semana y pasamos la noche aparcados junto al garaje de Anglo American Motorhomes. Vinieron a vernos Sara y Emma, nuestras amiguitas de Gales, y tuvimos una noche muy agradable de charla, risas y conversaciones mientras disfrutábamos de un menú takeaway hindú. Da gusto poder volver a ver a las amigas después de tanto tiempo de no poder ir a ningún lado.

Al día siguiente nos levantamos con calma y salimos hacia Tenby, un pueblo en el sur de Gales en el que íbamos a pasar el puente del primer fin de semana de Mayo. Tras un viaje tranquilo sin incidencias llegamos al camping que estaba bastante bien, mucho espacio y una buena localización, con una entrada poco complicada.

Empezamos a instalarnos y cuando fuimos a abrir los slide-outs nos encontramos con que el de adelante solo funcionaba de un lado. El motor de atrás se había quedado atascado y no iba para adelante ni para atrás. Afortunadamente conseguimos que casi volviese a su posición de reposo, quedando sobresaliendo sólo unos 5cm, así que podíamos conducir. Pero nos quedamos sin poder usar ese slide-out ese fin de semana.

Enseguida trabamos conversación con Sam, nuestra vecina de la parcela de al lado. Una chica de la zona que se había comprado una caravana y que estaba disfrutando de un fin de semana de vacaciones con sus dos hijas, a la espera de que se incorporase el marido al día siguiente, que ese sábado estaba trabajando. Las dos niñas pequeñas en seguida quisieron ver la motorhome, así que les hicimos un tour.

Después de comer cogimos las bicis y tomamos camino de Manorbier, una playa cercana. Cuando estábamos llegando me equivoqué en un cruce y tiré hacia donde no debía y de pronto me encontré delante de un castillo que no esperaba. Decidimos aprovechar y hacer una visita. El castillo era pequeñito pero molón y pasamos un buen rato recorriendo todos sus recovecos.

Después llegamos por fin a la playa de Manorbier, un playón estupendo con una zona muy rocosa y otra con arena. Hacía una tarde medio agradable y nos pudimos dar un paseo estupendo. Vimos a un tipo que de pronto se quedó en calzoncillos y se dio un baño. Le preguntamos qué tal el agua y nos dijo "very cold!" y nos partimos todos de risa.


Decidimos seguir camino junto a la costa en lugar de volver por el mismo lado y nos encontramos con unos cuestones que nos dejaron con la lengua fuera. Pero el día estaba agradable y nos pudimos dar un buen paseo por unas carreteras estrechas entre granjas y campos de cultivo.

Volvimos a La Gringa y después de unas merecidas cervezas cenamos unas costillas de cerdo y unos choricitos hechos en la barbacoa y luego pronto a descansar.

Al día siguiente cogimos de nuevo las bicis y tomamos camino de Tenby. Fuimos por un camino muy subibaja, lleno de cuestas. Llegamos a un punto desde el que había una vista estupenda de la isla de Caldey y muchos campos cultivados llenos de flores amarillas. Empezamos a descender camino de Tenby y bajamos por unas cuestas super empinadas, estaba claro que a la vuelta íbamos a tener que buscar otro camino.



Llegamos a Tenby y dejamos las bicis candadas muy cerca del puerto. Tenby es un pueblo marinero precioso. También es muy turístico y estaba hasta la bandera de gente. Nos dimos una vuelta pasando por una playita que había allí al lado y vimos mucha gente que, a pesar de que hacía bastante frío, como estaba soleado, estaban bañándose y tomando el sol. Nosotros íbamos con nuestro abrigos y parecíamos de razas diferentes.

Recorrimos todo el paseo marítimo y nos tomamos unos helados refugiados debajo de unas sombrillas en un momento en que se puso a llover. Volvimos a donde las bicis y comimos nuestros bocatas en unas mesitas que había junto al puerto, disfrutando de todo el ambiente marino.



Después de comer habíamos reservado para hacer una excursión en barco a la isla de Caldey. Pasamos un frío horroroso con el viento helado que hacía pero el paseo fue muy bonito, la isla era super chula y vimos muchas cosas interesantes, incluyendo algunas focas. Yo no paraba de pensar en varios niños que iban en el barco vestidos de verano, en chanclas, bañador y camiseta, pensando que debían estar helados, pero parecían bien contentos. Lo que digo yo, otra raza.

Al volver Puri consiguió entrar a comprar a una pequeña pescadería que había junto al puerto, había estado todo el día con mucha cola pero a esas horas la gente ya se estaba recogiendo. Salió con un buey de mar y un bogavante como botín, así que esa noche nos dimos un buen homenaje.

Emprendimos el camino de vuelta, por un camino menos empinado pero que también estaba lleno de subibajas. Al final de una buena cuesta me paré a esperar a Puri y estaba tardando mucho. La vi llegar muy despacio y con la lengua fuera. Resulta que su bici se había quedado sin batería. Afortunadamente estábamos ya bastante cerca del camping y pudimos llegar sin mayores contratiempos.

Cuando llegamos estuve un rato sentado con Sam y su marido que acababa de llegar, tomando un vermucito al calor del poco sol que alumbraba. Andaban por allí sus dos hijas terremotos, corriendo por todas partes descalzas y con un amiguete que habían hecho y que andaba también por allí como un bólido con su bici.

Al día siguiente el pronóstico del tiempo era horroroso, al parecer iba a hacer muchísimo viento y bastante lluvia empezando a media mañana. Así que nos levantamos bastante temprano y salimos dirección a Newport. Habíamos hablado con Steve y habíamos quedado en que le íbamos a dejar a La Gringa para que mirase el problema del slide-out. En el camino no nos hizo demasiado malo pero ya llegando a Newport empezaba a empeorar bastante. Volvimos en tren a casa con el alivio de habernos podido librar del temporal.

En resumen, un fin de semana estupendo en el que pudimos disfrutar de unas buenas aventuras junto al mar, lástima del problema con el slide-out y de haber tenido que volvernos tan pronto el lunes.



No hay comentarios:

Publicar un comentario