Cumpleaños con coche nodriza

 

A finales de octubre, después del cambio de hora, empieza a anochecer tan pronto que los días dan para poco y comienza a ser complicado ir a ningún lado con La Gringa. Pero el finde del 31 de octubre teníamos un día extra porque me daban un día libre en la empresa por ser mi cumpleaños, así que decidimos sacarla. Eso sí, a algún sitio cercano porque si no se nos iba a hacer de noche antes de que pudiéramos llegar a ningún lado, así que decidimos acercarnos a los Costwolds.

Según se acercaba la fecha, el pronóstico del tiempo era bastante horroroso. Ya habíamos tenido que cancelar algún plan de viaje por coincidir con mal tiempo pero esta vez no me apetecía nada quedarme en casa, me apetecía salir y disfrutar del cumple. Pero claro, tampoco apetecía pasarse el día en la caravana, que es lo que parecía que íbamos a tener que hacer con ese pronóstico tan malo. Así que se me ocurrió una idea. Como el sitio al que íbamos a ir estaba más o menos cerca se me ocurrió que podíamos llevarnos también el coche, yo conduciendo La Gringa y Puri el coche. Así por lo menos teníamos un medio de desplazarnos y visitar sitios si, según lo previsto, hacía mal tiempo. Y así hicimos.

Salimos el sábado por la mañana y, efectivamente, hacía un tiempo de perros, con bastante lluvia y viento. Pero según fue avanzando el día la cosa mejoró y cuando llegamos a Cheltenham estaba el tema bastante bien, nublado pero sin viento ni lluvia. El camping al que fuimos estaba genial, una entrada muy franca y unas parcelas estupendas, con suelo de grava. Uno de los mejores sitios en los que hemos estado.


Por la noche salimos a cenar a un estupendo restaurante de postín, celebrando mi cumpleaños. Una buena cena muy agradable, con cosas muy ricas, sobre todo una carne con una salsa con remolacha que estaba buenísima.

Al día siguiente salimos a visitar los pueblitos de los Costwolds. Son una maravilla, perfectamente conservados, llenos de casas muy hermosas, un placer para la vista. Fuimos primero a Stanway, un pueblito de cuatro casas con una iglesia espectacular y luego a Stanton donde nos dimos un buen paseo y nos hinchamos a hacer fotos. El pueblo estaba lleno de gente a caballo y se notaba que allí la gente tenía pasta.


Desde allí nos dirigimos a Broadway, un pueblo más grande en el que había un parking con una zona para autobuses donde vimos que La Gringa hubiese podido aparcar fenomenal. Apuntado para otra futura excursión a la zona. En Broadway sobre todo nos dedicamos a ir de tiendas, había un montón de comercios de alimentación, artesanía, ropa, etc... en la calle principal, todo muy auténtico, se agradecía ver un pueblo que no estaba invadido por los Zara, Costa y McDonalds de rigor. Nos dejamos una pasta, sobre todo en cositas ricas para comer. 

Cuando estábamos terminando nuestro paseo por el pueblo empezó a chispear. Hasta ese momento había estado haciendo un tiempo bastante bueno y yo me preguntaba si realmente habíamos necesitado traer el coche. Pero a partir de ahí el día empeoró bastante y la decisión de traer el coche se mostró muy sabia. 



Comimos unos bocatas en el coche y continuamos la excursión. Fuimos hasta Snowshill, otro pueblo precioso y hasta la torre de Broadway, muy espectacular, pero en ambos sitios no pudimos pasear porque estaba ya lloviendo bastante. El día se acababa así que nos volvimos a La Gringa y pasamos allí tranquilamente la tarde jugando al Mahjong

Al día siguiente vaciamos los depósitos de aguas grises y negras y salimos tranquilamente sin prisa. Nada más salir del camping me encuentro con que hay unas obras y están asfaltando la carretera. Se acerca uno de los operarios y me dice que no podemos pasar y que tenemos que dar vuelta. No había espacio para dar vuelta, así que me tocaba dar marcha atrás, algo complicado con este bicho gigante. Y además en la otra dirección había que pasar por un túnel por debajo de una autopista y no tenía claro que tuviese la altura necesaria para que pudiésemos pasar. Así que Puri se fue con el coche a investigar si podíamos pasar.

Estaba allí esperando a que volviese Puri cuando de pronto veo llegar a un camión y que pasa tranquilamente hacia delante sin que los de la obra le digan nada. Los de la obra debieron ver mi cara de no entender nada porque de pronto me hacen señas y me dicen que me apresure a pasar. Intento llamar a Puri para avisarla pero no consigo contactar, así que decido tirar adelante antes de que se arrepientan. Llego a una intersección y cuando estaba dudando qué hacer veo que ya vuelve Puri, que debió flipar al no verme donde las obras. 

Un camión me deja pasar y me incorporo. Pero no deja pasar a Puri y se tiene que incorporar varios coches más atrás. Me doy cuenta de que Puri no sabe exactamente a dónde vamos y tras girar en una rotonda no estoy muy seguro de que haya visto hacia dónde hay que ir. Intento parar en algún lado pero no hay ningún sitio donde poder hacerlo. Sigo adelante por el camino previsto, sin ver que Puri me siga, siempre buscando algún sitio donde poder parar pero me lleva más de 15 minutos antes de que lo consigo. Intento contactar con Puri pero no lo consigo, así que le mando una ubicación de a donde vamos por Whatsapp con la esperanza de que en algún momento pueda verla.

Puri no sabía exactamente dónde íbamos pero sí sabía que era un pueblo que tenía mercado los lunes y con ese dato y el rumbo aproximado consigue deducir donde es, así que finalmente llegamos a Cirencester más o menos al mismo tiempo y conseguimos volver a reunirnos.

Repostamos gas y dejamos La Gringa en el aparcamiento de camiones de la gasolinera. Sorprendentemente no hay límite de estancia en este parking e incluso está permitido pernoctar, algo muy poco habitual en este país donde todos los aparcamientos están limitados, así que tomamos nota para otra vez.



Nos acercamos con el coche a Cirencester, un pueblo que no tiene gran cosa de interés, tan sólo una iglesia chula y un mercadito bastante pequeño. Pero nos basta para comprar unos quesos y algunas otras cosas ricas y para darnos un agradable paseo aprovechando que el tiempo nos da un respiro.

Retomamos el camino y conseguimos llegar de vuelta a donde guardamos La Gringa antes de que anochezca. En resumen, una excursión muy tranquila en la que el hecho de llevar nuestro coche nodriza nos permitió poder celebrar mi cumpleaños y disfrutar de estos pueblitos tan encantadores.

Los cuentos de Canterbury

 


A principios de Octubre habíamos planeado hacer una excursión al New Forest pero ese fin de semana hizo un tiempo horroroso, así que lo tuvimos que cancelar. Afortunadamente, el fin de semana siguiente hizo bastante mejor y pudimos hacer otra excursión bastante interesante. Nos habíamos pedido el lunes de vacaciones, así que teníamos tres días y decidimos irnos a visitar la zona alrededor de Canterbury, que no la conocíamos

Salimos el sábado por la mañana y en el viaje de ida nos encontramos un montón de tráfico y retenciones causados por varias obras que había en el camino. En Inglaterra están siempre de obras en las carreteras, es un poco pesadilla. El viaje se hizo bastante eterno, teníamos que haber tardado tres horas y tardamos más de cinco.


Finalmente llegamos a Dover con el tiempo justo de darnos un paseo y poder ver los famosos acantilados. No están mal, pero prefiero los de Seven Sisters, cerca de Brighton. El camino de entrada a la zona de aparcamiento del National Trust era un poco estrecho pero como no había apenas tráfico pudimos pasar sin problemas. Y la zona de aparcar autobuses donde dejamos a La Gringa mientras dimos el paseo no era más que un solar medio inundado pero nos hizo el servicio

Después de esta visita relámpago tiramos hacia el camping que estaba en las inmediaciones de Sandwich. Llegamos justo a tiempo poco antes de anochecer, el camping estaba bastante bien, una buena entrada y mucho sitio, nos pusieron al final de un camino para que estuviésemos sobre un terreno duro.

Al día siguiente al despertar me encontré con que La Gringa estaba rodeada de coches, lo que me extrañó porque el día anterior no había nadie. Resulta que el camping tenía un montón de lagos para pescar y todos los coches eran de pescadores que habían venido temprano a echar el día. Desayunamos mientras contemplábamos alucinados el equipamento que desplegaban los pescadores. Parecía que iban a la guerra, con unos armatostes impresionantes, uno pasó con varios carritos llenos hasta arriba de cacharros. Los ingleses y la pesca, vaya mundo!!


El domingo el plan original era que nos íbamos a acercar a Canterbury con La Gringa y dejarla en el Park & Ride pero Puri descubrió que había una línea de autobuses que pasaba junto al camping y que nos llevaba directos y decidimos no mover nuestro trasto. Nos acercamos a la parada de autobús con las bicis y las dejamos allí candadas mientras íbamos a hacer la visita. El autobús iba por una ruta en la que la carretera era súper estrecha y el tío iba a toda leche, pasando a milímetros de las casas y obstáculos de la ruta, yo iba acojonado y no podía dejar de pensar en si hubiésemos tenido que hacer ese trayecto con La Gringa

Llegados a Canterbury nos acercamos a la catedral donde teníamos reservada la visita. La catedral es magnífica, muy curiosa, sobre todo porque tiene una arquitectura muy peculiar y una estructura muy diferente a otras catedrales que hayamos visitado. Pasamos un buen rato visitando la catedral a fondo, fue muy interesante. Lo único malo es que estaba en obras, con muchos andamios por fuera y una parte del techo cubierta, pero pudimos ver lo suficiente como para irnos satisfechos.


Después de la visita a la catedral teníamos hora para dar un paseo en barca por unos canales que hay por el centro de la ciudad. Justo antes de subirnos a la barca llovió un rato y por un momento temimos que se nos fuese a fastidiar el paseo, pero dejó de llover mientras esperábamos a embarcar y pudimos dar el paseo sin mojarnos. Nuestro guía era un chaval inglés que había pasado mucho tiempo en Málaga, fue muy simpático y el paseo muy ameno e interesante.

Después de este paseo fuimos a comer a un parquecito que habíamos visto desde la barca, un sitio bastante agradable. La ciudad no parecía dar para más, es algo que he visto en muchas ciudades con historia de Inglaterra, en cuanto te sales de las cuatro calles que tienen algo histórico el resto es todo igual en todas partes, lleno de Costas, Boots y similares, les falta caracter. Así que decidimos volver y acercarnos a Sandwich que habíamos leído que era bastante interesante.

Sandwich resultó una decepción. Fuera de un antiguo puente de peaje y cuatro casas medio antiguas no tenía nada que resaltar, así que fue un poco de chasco. Y además a mi bici le dio por dejar de funcionar el motor, así que tuve que estar toda la vuelta al camping dándolo todo con la lengua fuera.

Por la noche habíamos previsto hacer una barbacoa junto a La Gringa pero llegando allí había unas nubes bastante oscuras y decidimos cancelar el plan. Y menos mal que lo hicimos porque poco después comenzó a llover a lo bestia con una gran tormenta con rayos y truenos. Salvados por la campana!!

El lunes dejábamos el camping por la mañana pero al ir a salir nos encontramos con que uno de los pescadores había dejado su coche de tal forma que apenas dejaba hueco para pasar. Intenté pasar echándome mucho a un lado pero las ruedas de la autocaravana empezaron a patinar así que tuvimos que abortar el intento. Puri salió para avisar al del camping y tuvo que hacer un poco de alpinismo ya que el lado de la puerta estaba pegado a un desnivel lateral y apenas se podía pasar. El del camping fue a ver si encontraba al del coche y afortunadamente estaba por allí y no tuvimos que esperar mucho. Puri me escoltó el resto del camino hasta que salimos del camping porque había muchos otros coches aparcados y nos preocupaba que se repitiese el problema. Afortunadamente pudimos pasar sin más apuros por el resto de sitios.

Camino de Margate decidimos ir a echar gas a una gasolinera y entre que la gasolinera era bastante pequeña, que estaba hasta arriba de gente y que la gente no colaboraba ni una pizca, estuvimos un buen rato hasta que conseguimos hacer toda la maniobra de colocarnos junto al surtidor y luego volver a salir.

Llegamos por fin a Margate y aparcamos en un sitio cojonudo, un parking muy grande para coches que recorría todo el lateral de una playa, había cientos de sitios y no tuvimos problema en encontrar una zona donde dejar La Gringa ocupando varios de ellos. 


Cogimos las bicis y nos fuimos a visitar una cosa súper curiosa, una gruta que estaba completamente decorada con conchas, muy interesante y fascinante. Echamos un buen rato visitando la gruta y contemplando todo el trabajo que había llevado construirla. Después volvimos a coger las bicis y nos acercamos hasta la zona de playa.


Margate resulto ser un pueblo muy bonito, con unas zonas de playa espectaculares, muy cuidado e interesante. Es una pena que no tuviésemos más tiempo, habrá que volver en otro momento que haga mejor tiempo.

Mi bici seguía sin funcionar, así que volví de nuevo con la lengua fuera a donde habíamos aparcado La Gringa. Comimos y emprendimos el camino de vuelta. El regreso fue mucho mejor que la ida, no encontramos ningún tráfico y en poco más de tres horas estábamos de vuelta, se nos hizo el trayecto mucho más corto. Y Puri se animó a conducir un rato desde los alrededores de Sevenoaks hasta la estación de servicio de Fleet, así que todo estupendo.

En resumen un fin de semana muy interesante en el que pudimos conocer esta zona del país y en el que el tiempo nos respetó lo suficiente como para poder disfrutar del viaje. Nos quedaron ganas de volver en otro momento en el que haga incluso mejor tiempo y podamos disfrutar de las estupendas playas que conocimos.

Viaje a Galicia, segunda parte

Se acercaba la hora de empezar el viaje de vuelta y empezamos a llenar La Gringa con todas las cosas que nos íbamos a llevar de vuelta: varias cajas de vino blanco y tino, una caja de Estrella Galicia, dos cajas grandes llenas de productos alimentarios de todo tipo, un montón de verduras incluyendo una caja grande con 25kg patatas, 6 garrafas de 5L de aceite, unos buenos trozos de bacalao salado, un ossobuco, otras piezas de carne... Llevábamos la nevera a reventar y un montón de los espacios inferiores ocupados.

Salimos por fin el jueves 10 por la mañana temprano, con tiempo porque queríamos llegar a la Praia das Catedrais con tiempo de pillar la marea buena. Paramos en Ordes a repostar y seguimos camino, con Puri conduciendo. Un rato después, a la altura de Vilalba queríamos parar y cogimos una salida que indicaba una gasolinera. La tal gasolinera no se veía por ningún lado. Al cabo de un rato vimos un cartel que indicaba que estaba a 500m. Seguimos un buen rato y la gasolinera no apareció por ningún lado, un misterio digno de Cuarto Milenio. Paramos finalmente en un parking frente a una empresa y tras una breve parada retomamos el camino. Al cabo de un rato miré por el retrovisor y me di cuenta de que nos habíamos dejado abierta la puerta!! Qué despiste!! Paramos otra vez como pudimos y cerramos la puerta.

Llegamos finalmente al sitio donde íbamos a pasar la noche, un area de autocaravanas en San Cosme de Barreiros, frente a Foz. El area de autocaravanas no tenía apenas servicios pero estaba de maravilla, con unas vistas preciosas a la ría de Foz. Y encima no había nadie, todo el area para nosotros.

Comimos y salimos en bici camino de la Praia das Catedrais. Un bonito paseo junto al mar y llegamos justo a tiempo de pillar la marea bajando. Nos dimos una buena vuelta por esta maravillosa playa, haciendo un montón de fotos y disfrutando de las increíbles estructuras creadas por la naturaleza.

Después de la visita a esta playa seguimos camino y nos acercamos hasta Rinlo, un bonito pueblo desconocido por la mayoría de la gente. Puri se encontró a una antigua conocida del pueblo y estuvimos un rato charlando con ella y comentando el estado del pueblo y los alrededores. Luego volvimos de nuevo hasta San Cosme, parando un ratito a tomar una cervecita en un bar del pueblo. Un buen paseo con las bicis que nos dejó cansados pero bien a gustito.

Al día siguiente salimos camino de Santander. El día anterior, de camino a San Cosme, nos habíamos acordado de Yatecomeré, una casa que vende comidas preparadas, incluyendo unas estupendas croquetas. Puri les había llamado a ver si nos podían enviar un pedido a Reino Unido pero nos enteramos de que tenían un almacén en Asturias, junto a Oviedo, que nos pillaba más o menos de paso. Así que organizamos un pedido para recoger en este almacén. Hicimos esta parada, recogimos nuestro pedido de croquetas, cochinillo y carrilleras y seguimos camino con más cosas llenando nuestra caravana.

Llegamos finalmente a Santillana del Mar donde íbamos a pasar la noche. Aparcamos en un aparcamiento de autocaravanas que no tenía ningún servicio y que encima costaba 10€, pero estaba al ladito del pueblo, así que no nos quejamos. Nos dimos una vuelta estupenda por Santillana, es un pueblo precioso lleno de bonitos edificios. Conversamos un rato con un simpático artesano de la localidad que nos contó su vida y milagros. Tras comprarle unos pendientes nos fuimos a cenar y pudimos disfrutar de una buena cena en un sitio con una terraza interior súper agradable.

Al día siguiente cogimos las bicis y tiramos hacia la costa. Para llegar allá había que subir unas colinas y bajar por unos caminos bastante empinados. En uno de ellos de pronto oí a Puri gritando. Los frenos de su bici no estaban en el mejor estado del mundo y en esa cuesta no conseguía parar del todo. Afortunadamente finalmente consiguió parar y todo acabo en un sustillo. 

La playa a la que habíamos elegido ir se llamaba Santa Justa, una auténtica joya, súper bonita y recogida, con poca gente. Y con un estupendo chiringuito en el que nos sentamos a disfrutar de unas cervecitas. El chiringuito tenía como banda sonora una recopilación de música de los ochenta que nos ofreció una selección de temazos de la movida. Yo encantado!!


Después de comernos unos sandwiches emprendimos el camino de vuelta. Teníamos que volver a subir todas las colinas que habíamos bajado y, aunque no volvimos por los caminos más empinados, fue un buen esfuerzo y tuvimos que parar más de una vez a recuperar el resuello.

Después de volver a parar en Santillana a comprar unas empanadillas, salimos camino de Santander. Antes de embarcar queríamos llenar el depósito de La Gringa, que el gas está bastante más barato en España que en UK. Fuimos a una gasolinera que yo había visto y que estaba en el centro de Santander. Cometí el error de no revisar la gasolinera antes de ir con el Google Street View y cuando llegamos nos encontramos con algo bastante pequeño y estrecho. Pero conseguimos maniobrar La Gringa hasta poderla dejar en la posición buena para repostar. Eso sí, ocupábamos más de la mitad de la gasolinera!

Llegamos por fin a la zona de embarque y tras esperar lo que parecieron varios milenios por fin embarcamos (de los últimos, yo creo que el barco zarpó según subimos). El viaje de vuelta tranquilo y sin incidencias. Se nos hizo más largo que a la ida. Cuando desembarcamos, en la aduana inglesa, un policía me hizo abrir todos los compartimentos inferiores. Como estaban todos cerrados con llave estuvimos un buen rato hasta que conseguimos abrirlos todos y el tipo quedó satisfecho.

De Porstmouth al sitio donde dejamos la autocaravana nada que reseñar, un trayecto corto esta vez sin tráfico. Llenamos el coche hasta el techo con todas la cosas que habíamos traído (y aún quedaron unas cuantas en La Gringa pendientes de recoger más adelante) y tiramos hacia casa, tristes de que acabase este estupendo viaje donde lo habíamos pasado tan bien.

Viaje a Galicia, primera parte

 


A finales de Agosto por fin pudimos hacer el viaje que llevábamos un buen tiempo planeando. La situación estaba regular, con noticias no demasiado buenas desde España y el inconveniente de tener que hacer cuarentena a la vuelta, pero teníamos muchas ganas (y los billetes del ferry nos habían costado una pasta) así que nos liamos la manta a la cabeza y allá que tiramos.

Salimos un viernes por la tarde y en el camino a Portsmouth encontramos mucho tráfico. Menos mal que sólo hay una hora de distancia y que habíamos salido con mucho tiempo. Llegamos sin problemas al embarque del ferry y, tras un buen rato de espera, embarcamos y nos metieron junto a los camiones. Fuimos de los últimos en embarcar y el espacio que hay es bastante estrecho, así que hubo que andar con tiento para poder entrar hasta el final.

El viaje en el ferry fue muy cómodo, el ferry es muy grande, tiene diez plantas, y se menea poco. Los camarotes chiquitines pero suficientemente cómodos. Al día siguiente me pasó una cosa muy graciosa. Fuimos a coger la comida al self-service y había paella. La pedí y me preguntó la camarera que si quería patatas fritas y le dije que paella con patatas fritas es un crimen. La camarera, que era francesa, se partió de risa. Llegó el siguiente cliente, un tipo inglés y también pidió paella. La camarera también le preguntó si la quería con patatas fritas y el tipo le dijo que no, que con arroz. Así que allá que se fue tan contento el personaje con su plato de paella con un acompañamiento de arroz blanco!!

Entre lecturas, comidas y paseos por el barco se nos pasó la travesía y llegamos a Santander a media tarde del sábado. Emprendimos camino y paramos en lo que se supone que era un area de autocaravanas en Colunga, cerca de Gijón. El area de autocaravanas ya no era tal, habían quitado todos los servicios, sólo quedaba una explanada asfaltada junto a la gasolinera. Preguntamos y nos dijeron que no había problema en que pasásemos la noche allá y como no necesitábamos agua ni vaciar depósitos, pues nos valía. Salimos a dar una vuelta por el pueblo, chiquito pero interesante, con una bonita iglesia. Vimos una tienda que tenía muy buenos productos típicos y tomamos nota para parar a la vuelta. Unas raciones para cenar en un restaurante y a dormir.

 

Al día siguiente emprendimos camino, entramos a la autopista y de pronto miré por el retrovisor y me di cuenta de que nos habíamos dejado sacado el slide out del dormitorio!! Puri tuvo que levantarse a meterlo, menos mal que se puede activar fácilmente incluso en marcha. Qué susto y que despiste!! Paramos a echar gas un poco más allá de Avilés y Puri se animó a conducir La Gringa un rato. Ibamos a salir de la gasolinera y al dar la vuelta por la parte de atrás de pronto era súper estrecho. Pero Puri pudo maniobrar perfectamente y salir sin problema. A la altura de Navia volvimos a parar y volví a tomar yo las riendas. 

Seguimos camino y paramos a comer en una gasolinera de Ordes. En teoría íbamos a repostar allí pero resulta que la gasolinera que tenía el surtidor de gas era la que estaba en sentido norte y si íbamos a ese lado luego nos mandaban casi hasta Coruña antes de poder dar la vuelta. Así que decidimos seguir camino y parar en Santiago a repostar. Tuvimos que entrar bastante a Santiago, la gasolinera es una que está al norte de la ciudad, pero no hubo problema. Es la primera gasolinera en la que un empleado hace el trabajo de estar apretando el botón del gas hasta que se llena el depósito, que tarda una eternidad, yo lo agradecí.

A media tarde llegamos ya a Sanxenxo. En Julio habíamos estado explorando la zona y buscando sitios para pernoctar, repostar, llenar agua, etc... En Sanxenxo hay una cosa súper cómoda, hay una gasolinera que tiene un area para autocaravanas en la que cargar agua y descargar depósitos y te cobran sólo 5€, así que hicimos una parada técnica para hacer estas operaciones. Volvimos varias veces más a esta gasolinera cuando necesitábamos repostar agua o vaciar depósitos, fue genial porque así no tuvimos que ir a ningún camping.

Finalmente llegamos a O Grove. Puri había investigado y encontrado un sitio estupendo para aparcar la autocaravana, era un pequeño parking detrás de la Casa del Jubilado donde nunca había nadie, así que allí nos instalamos y estuvimos estupendamente varios días sin que nadie nos molestase. Y era genial porque todo lo que necesitábamos hacer en el pueblo estaba al alcance andando o en bici. Y si teníamos que ir a algún sitio más lejano nos prestaba su coche el hermano de Puri


Al día siguiente comenzó el baile de visitas de la caravana. Vino el hermano de Puri y sus padres y luego un montón de amigos. Fue muy divertido ver la cara de todos al ver lo grande que era nuestro bicho!! Una noche incluso nos animamos a organizar una cena y nos juntamos diez personas (seis mayores y cuatro chavales), un lujo poder disfrutar de tanto espacio.

El viernes siguiente a nuestra llegada Leo volvió ya para Madrid que tenía que comenzar el colegio. Nosotros fuimos una noche con La Gringa a dormir en el parking de A Lanzada, que tenía yo ganas de disfrutar del atardecer junto a la playa. Hizo un atardecer precioso y pudimos disfrutar de él junto a un grupo de amigos que habían venido a vernos. Lo único malo es que hacía mucho viento y por la noche una vez más se movía toda la caravana un huevo. Yo quería haberme levantado para también disfrutar del amanecer en la playa pero con la que soplaba no apetecía nada y preferí quedarme en la cama.


En resumen, pasamos unos días muy buenos, con un tiempo excelente. Pero todo lo bueno tiene su fin y llegaba el momento de volver. Pero todo eso os lo contaremos en el próximo post

Un viaje a Gales con los chavales


Durante toda la primavera no pudimos ir a ningún lado con La Gringa. Al principio estábamos todos confinados por el puñetero virus y luego, cuando ya podíamos salir un poco, seguían todos los campings cerrados. Además en una de las visitas que hicimos para mantenerla a punto pudimos ver que teníamos problemas eléctricos con la carga de la batería y el inversor.

Así que cuando reabrieron los campings en Julio lo primero que nos tocó es una nueva visita al taller para arreglar estos problemas. Luego ya estuvimos liados con otras cosas y lo único que pudimos hacer en Julio fue que yo me acerqué un par de días a un camping en el New Forest, momentos que aproveché para dejar todo a punto, vaciar y llenar todos los depósitos y darle una buena limpieza,

Había programado irme unos días a principio de Agosto con Leo y un par de amigos que tiene aquí en Inglaterra (son los hijos de una pareja de Argentina que son amigos nuestros y con los que Leo se lleva muy bien) pero a finales de Julio me fui a España a pasar una semana con él en Jávea y según llegamos nos enteramos de que Boris Johnson había decretado que los que volviesen de España tenían que hacer 15 días de cuarentena, así que nos toco chuparnos estos días y retrasar la salida con La Gringa. Lo que fue una pena porque durante los días previstos hizo un tiempo maravilloso, incluso con calor.

Así que con un par de semanas de retraso (y con una previsión del tiempo mucho peor) salimos camino de Gales. Martín (el padre de estos chicos) se había encargado de hacer la compra y teníamos comida para aburrir. Pero estuvo bien, que estos comen como limas, al final no nos sobró mucho. Como ese día salimos por la tarde después de trabajar, no nos daba tiempo a llegar hasta nuestro destino, así que hicimos escala en un camping cerca de Bristol que ya conocíamos de otras veces.

Esa noche me llegó un email del camping al que íbamos diciendo que estaba previsto que llegase una tormenta con grandes vientos y aconsejando a todo aquel que no tuviese una autocaravana o una tienda bien resistente que aplazasen el viaje. Y la verdad es que la previsión de tiempo era bastante horrorosa, acojonaba un poco.

Al día siguiente retomamos el camino al camping, saliendo a media mañana. Durante el viaje nos llovió bastante pero fue en general bastante soportable. Según llegamos al camping escampó y dejó de llover. Después de pasar por la recepción me mandaron a un prado gigante donde instalaban a las caravanas más grandes como la nuestra. Pero la llegada al prado estaba un poco en cuesta y con mucho barro. Enseguida La Gringa empezó a patinar y no había forma de subir. Además, intentando encontrar un punto que tuviese menos barro acabé en una zona en la que no iba ni palante ni patrás. La cosa podría haber sido seria pero afortunadamente tenían un tractor bien potente y el dueño del camping se encargó de remolcarnos hasta la parte superior del prado. Prueba superada!


Estábamos en la parte más alta del camping con unas vistas maravillosas. En vista de que hacía más o menos bueno nos animamos a acercarnos a una cala que había cerca del camping. Como estaba todo mojado la caminata se hizo complicada, con todo resbaladizo. Pero mereció la pena ya que los paisajes eran espectaculares y pasamos una buena tarde. Hasta vimos algunas focas que nadaban por allí cerca.

Cuando llegó la noche empezó a soplar el viento. Soplaba con una fuerza extraordinaria (después vería que tuvimos vientos de más de 60km/h), toda la caravana se sacudía y hacía un ruido horroroso. La verdad es que daba hasta miedo. Pero La Gringa aguantó como una campeona. La noche fue complicada con tanto ruido y tanto movimiento, así que no dormimos muy bien.

Al día siguiente siguió haciendo un viento horroroso y encima empezó a llover mogollón, así que nos pasamos toda la mañana encerrados sin poder ir a ningún lado. Pero afortunadamente por la tarde, aunque seguía haciendo mucho viento, dejó de llover e incluso salió un poco el sol, así que nos animamos a ir a hacer una visita turística.

Leo se había dejado su sudadera en casa y aunque uno de estos amigos le había prestado una, pensé que sería buena idea comprarle una. Así que abrí Google y puse "Tiendas de deporte cerca de St Davis" (el pueblo más cercano) y me salió una tienda de una marca que conocía (algo tipo "Décimas") en un centro comercial. Así que llamamos a un taxi y le dije al taxista que nos llevase al "centro comercial" de St Davis. El tipo ni se inmutó, salimos para allá y nos dejó junto a un edificio que, la verdad, no tenía pinta de centro comercial, pero me dije "bueno, será aquí". Entramos y era un súper! Y es que luego me di cuenta de que el centro comercial que había encontrado no estaba en St Davis, sino que era un centro comercial llamado St Davis en Cardiff!! Y en St Davis es normal que no haya ningún centro comercial porque resultó ser un pueblo enano de unas pocas casas!! El tipo debió pensar que yo era un redicho que llamaba "centro comercial" al súper!! :-) :-)



Pero la mayor sorpresa del día nos esperaba todavía. Resulta que St Davis es un pueblucho de cuatro casas pero tiene una catedral espectacular que ya quisiera más de una capital de provincia!! Flipamos a tope cuando nos asomamos y vimos el pedazo catedral que tenían en el pueblito.

Después de la visita a la catedral y de tomarnos unas bebidas en una terraza (se había quedado una buena tarde, sobre todo en el pueblo donde se notaba menos el viento) nos fuimos a un "escape room" que había en los alrededores. Estaba en una pequeña aldea preciosa de casas de piedra en un antiguo almacén de madera, precioso. Y en el escape room lo pasamos chupi (conseguimos salir a tiempo!) y a los chicos les encantó, era la primera vez que hacían este tipo de actividad y les moló mucho.

Luego se repitió la historia: una noche de muchísimo viento y una mañana con mucha lluvia, seguidos de una tarde en la que despejó lo suficiente como para poder darnos un paseo por los acantilados cerca del camping. Los paisajes son impresionantes, me gustó muchísimo la zona, tenemos que volver.


Finalmente ya el sábado bajó el viento lo suficiente como para que nos animásemos a sacar las bicis. Fuimos hasta una cala que estaba a un par de kms del camping y de nuevo flipamos con los espectaculares paisajes de la zona, en particular con una cala llamada "Blue Hole" creada a partir de una antigua cantera y que era una pasada. Y por fin nos hizo algo de buen tiempo, incluso durante algunos minutos llegamos a pasar calor y todo. Volvimos al camping con la lengua fuera (había unas buenas cuestas de vuelta) y por fin pudimos estrenar una barbacoa de gas que había comprado para La Gringa y disfrutamos de unas ricas hamburguesas. Por desgracia por la tarde comenzó a hacer malo de nuevo y sólo nos dio para otro corto paseo por la zona.

Finalmente el domingo emprendimos el viaje de regreso, tomándolo con calma, que era bastante distancia, parando cada poco para repostar, comer o descansar un rato. En total unas ocho horas (incluyendo paradas) y a casita.

En resumen, una excursión excelente que sólo tuvo la pega de un tiempo horroroso. Pero el hecho de que cada día pudiésemos encontrar un ratito en el que no hiciese demasiado malo nos permitió disfrutar de la excursión y los chavales lo pasaron en grande. Habrá que repetir!

Un fin de semana que parece una gincana


Nuestra caravana había estado una temporada con la gente de Anglo-American Motorhomes reparando unas cuantas cosas después del viaje a Suiza. Este fin de semana queríamos ir a Bath a ver una ópera en la que actuaba un conocido de Puri, así que aprovechamos para hacer el plan de ir a recoger la caravana para luego ir a Bath y finalmente devolverla al sitio donde la guardamos.

El viernes por la tarde viajamos Puri y yo por separado (yo venía de Londres de una conferencia y Puri de su curro) y nos vimos en la estación de Newport donde nos estaba esperando Tony de Anglo-American. Nos llevó hasta la motorhome y nos explicó todas las cosas que se habían arreglado. Como era bastante tarde, habíamos hablado con esta gente para poder quedarnos allí mismo a pasar la noche, que no nos apetecía conducir de noche con todo el tráfico del viernes a la tarde.

La idea original era que nuestras amigas Sara y Emma, que viven en Gales, irían hasta Bath para vernos, pero ya que íbamos a pasar la noche en Newport, pensamos que era mejor que se acercasen a vernos allí y cenar con nosotros en lugar de tener que ir hasta Bath al día siguiente. Así que allí las esperamos y después de unos buenos abrazos y probar la empanada de zamburiñas que había hecho Puri nos fuimos a cenar. Fuimos a un hindú y nos dijeron que teníamos que esperar más de dos horas a que tuviesen mesa!! A ver, que no estábamos en El Bulli... Andábamos pensando a dónde ir cuando Emma avistó otro hindú en una esquina cercana. Allá que fuimos y cenamos estupendamente, así que casi mejor que el primero estuviese lleno, ellos se lo pierden.

Nos despedimos con pesar de nuestras amigas y nos fuimos tempranito al sobre. Pronto empezó a soplar el viento de lo lindo y nos pasamos la noche notando como las rachas de viento zarandeaban la caravana.

Nos levantamos al día siguiente sin haber dormido muy bien. El día estaba horroroso, con lluvia y sobre todo un buen vendaval. La previsión era que amainase a mediodía, así que preferimos anular una excursión que pensábamos hacer a Wells y nos quedamos allí toda la mañana esperando a que bajase un poco el viento. A mediodía amainó un poco pero siguió soplando a lo bestia. No podíamos tampoco esperar mucho más porque teníamos que conseguir llegar a Bath a tiempo para poder ir a la ópera, así que con un poco de acojone salimos hacia allá.

Los primeros momentos de conducción de La Gringa fueron complicados. Se me hacía enorme después de varios meses sin conducirla y nada más salir tuvimos que negociar una curva un poco complicada entre un coche aparcado y unos postes y sudamos un poco de tinta. Pero enseguida me hice con ella y volví a sentirme cómodo.

Llegamos a la autopista y vimos que, a pesar de que hacía mucho viento, La Gringa se conducía sin problemas. Atravesamos el puente que une Gales con Bristol, que era el punto en principio más complicado porque allí siempre se forma mucho viento, sin nada destacable.

Atravesamos Bath y fuimos hacia el camping donde íbamos a dejar la Gringa. Poco antes de llegar tuvimos otro momento complicado. Había un punto en la carretera en el que coincidían varios coches aparcados con unos postes al otro lado. El espacio era muy justo y tuvimos que pasar a dos por hora, con una distancia mínima a ambos lados. No me gustó nada.

Llegamos por fin al camping y estába bastante bien, entrada fácil y unas parcelas de buen tamaño. Un sitio para apuntarse. Lo malo es que seguía haciendo un tiempo asqueroso, así que no pudimos disfrutar de lo que ofrecía el camping, tiene un laguito que tenía buena pinta pero con la que estaba cayendo no nos animamos a ir a visitarlo.

No había sido posible encontrar un sitio cerca de Bath donde nos admitiesen a La Gringa y el más cercano que encontramos fue este camping que estaba a unas diez millas. Demasiado lejos para las bicis (que tampoco nos habíamos traído), así que había que ir en transporte público. Un taxi nos acercó a la estación de Westbury y desde allí cogimos el tren a Bath, media horita.

La información original que yo tenía era que el último tren de vuelta era a las 9:30 y, cómo era previsible que la ópera terminase más tarde, pensábamos que no tendríamos más remedio que llamar a un Uber que nos iba a costar un ojo de la cara. Pero camino de Bath Puri vio que en realidad había trenes hasta las 11:30 así que al llegar a la estación fuimos a la taquilla a ver si nos cambiaban los billetes, que los habíamos sacado sólo de ida, por unos de ida y vuelta. Una vez terminada la transacción, Puri le preguntó al señor de la ventanilla: "¿Cuando es el último tren de vuelta?" y nos dijo muy serio "A las 7:30". Nos quedamos con cara de no dar crédito a lo que nos estaba diciendo y él seguía muy serio y de pronto se descojonó y nos dijo "Teníais que haber visto vuestras caras!!!". Buenísimo, que cachondo!! Nos confirmó que el último tren era a las 11:30 como suponíamos.

Fuimos a coger el autobús que nos llevaría hasta donde se representaba la ópera y le pedimos al conductor que nos confirmase que ese era el bus correcto. Le enseñé el destino en el Google Maps, lo miró un rato intentando descifrar lo que veía y finalmente nos dijo que sí. Salimos y vi en el Google Maps que íbamos hacia un sitio completamente diferente. Bajamos en la primera parada y tuvimos que volver a la carrera a la parada original, a toda prisa porque ya se nos estaba haciendo tarde. Volvimos a confirmar con el nuevo conductor que ese sí que era el correcto pero no me fiaba y hasta que no vi que Google me confirmó que íbamos en buena dirección no respiré.

Llegamos por fin a la ópera con suficiente tiempo y nos preparamos para disfrutar de la función. Terminó la primera parte y vimos que había durado casi dos horas. Hicimos cuentas y vimos que si la segunda parte duraba lo mismo no llegábamos al último tren ni de coña. Nos dijeron que la segunda parte no duraba tanto pero no nos fiábamos del todo y por si acaso nos colocamos en unos asientos cerca de la salida para poder salir a la carrera si hiciese falta. Finalmente la segunda parte no duró tanto y conseguimos salir en hora para coger el último tren.

Cuando estábamos esperando el autobús que nos había de llevar a la estación aparecieron unos cuantos chavales ingleses con unas cuantas copas de más y cantando voz en grito. Cuando subimos al autobús empezaron a aparecer más y más chavales y llenaron el piso de arriba del autobús cantando a pleno pulmón todo tipo de canciones, incluyendo Delilah

Llegamos a la estación y subiendo hacia el andén le dije a Puri "Parece que hay un pub ahí arriba". Se escuchaba un jolgorio gigante muy parecido al ambiente de un pub lleno hasta la bandera. Pero no había ningún pub, simplemente el andén está hasta arriba de peña, todos hablando a voz en grito como si estuviesen en un garito. Sólo faltaba el DJ y la bola de espejos. Hablamos con un operario de la estación que nos explicó que es que había habido rugby y todos estos eran aficionados.

Un taxi nos llevó hasta el camping y cuando estábamos llegando hasta La Gringa nos empezamos a preguntar de dónde venía un pitidito que parecía una alarma hasta que nos dimos cuenta de que realmente era una alarma que venía de La Gringa. Entramos y estaba sonando a todo volumen. Intentamos ver qué es lo que era pero no había forma, no podíamos identificar de dónde venía el sonido, parecía venir de todas partes a la vez. La alarma se calló y respiramos aliviados. Pero al poco volvió a saltar otra vez. De nuevo como pollos sin cabeza intentando saber dónde coño estaba la alarma hasta que ya por fin nos dimos cuenta de que era una que estaba a nivel de suelo. Nosotros estábamos mirando hacia arriba que es de donde parecía provenir el sonido pero en realidad venía del suelo y rebotaba en el techo confundiéndonos. La alarma se volvió a activar y vimos que era la del propano. Salí y cerré el gas, apagamos todas las calefacciones pero sólo se apagó del todo cuando abrimos la puerta y ventilamos un rato. Decidimos que no podíamos volver a abrir el gas, así que había que tirar del calentador eléctrico. Como sólo teníamos uno lo usaríamos para la zona del dormitorio, dejando la zona del salón con una ventana abierta para estar ventilada.

Nos fuimos a dormir un poco intranquilos y en mitad de la noche me desperté porque hacía bastante frío. Me di cuenta de que el automático exterior había saltado y el calentador no estaba funcionando. Lo subí pero al poco rato volvió a saltar. Parece que había algo que consumía bastante y hacía que saltase cuando poníamos el calentador. No conseguí que se quedase estable hasta que no desconecté todo lo eléctrico salvo el calentador. Pero entre una cosa y otra pasé un buen rato dando tumbos en la oscuridad. Además se había vuelto a levantar un viento gigantesco

Nos levantamos al día siguiente y hablamos con Steve de Anglo-American. Nos dijo que si no olíamos a gas y dado que esa mañana la alarma no estaba saltando, lo más posible es que fuese una falsa alarma y que el detector no estuviese muy bien. Quedamos en estar atentos a ver si volvía a saltar o si detectábamos algún olor pero a lo largo del día no detectamos nada. Seguía haciendo un viento horroroso, pero no podíamos esperar mucho, así que, sabiendo que esa mañana no teníamos que circular por ninguna carretera muy expuesta, salimos de nuevo hacia Bath. Había investigado el camino de salida del camping y había visto que podíamos ir por otro lado que tenía algunas zonas estrechas pero nos ahorrábamos el paso angosto entre los coches y los postes. Resultó una buena elección, las zonas estrechas no eran para tanto y salimos sin tener que luchar.

Bath tiene varios Park and Ride (sitios donde puedes dejar el coche y hay un autobús que te acerca al centro) pero solo tiene uno que no tenga limitación de altura. Por desgracia estaba justo al lado contrario, así que nos tocó atravesar Bath una vez más. Había muchos huecos libres así que conseguimos dejar La Gringa bien aparcada sin problema.

El autobús del Park and Ride nos dejó en el centro y nos fuimos al Thermae Spa, nuestro objetivo del día. Es un spa muy majo y no muy caro. Tiene varias piscinas, incluyendo una en la azotea del edificio. Lo malo que tiene es que no permite reservar y tienes que llegar y hacer cola. Llegamos en un momento bastante solicitado y nos tocó hacer una hora de cola para entrar. Pero mereció la pena, este spa está genial y nos dimos unos baños relajantes bien merecidos. Lo único malo es que hacía tan mal día que en la piscina de la terraza no se estaba bien. Había un viento congelado y cualquier parte de tu cuerpo que estuviese fuera del agua se quedaba hecha un carámbano.

Terminamos la sesión de Spa y estaba yo esperando a Puri y viendo que tardaba un montón. Al cabo de un buen rato salió y me dijo que no encontraba su abrigo por ninguna parte. Buscamos por todos lados y no lo encontramos. Reclutamos a varios empleados del Spa para que nos ayudasen pero ellos tampoco encontraron nada. Intentamos encontrar la localización del teléfono de Puri (que estaba en el abrigo) usando mi teléfono pero no fue posible y además me quedé sin batería. Estábamos ya dándonos por vencidos cuando apareció uno de los empleados con el abrigo, lo había encontrado en una de las cestas donde se echan los albornoces usados.

Comimos algo y fuimos a coger el autobús de vuelta al Park and Ride y vimos que se nos fue uno en las narices, algo que se repetiría a lo largo del día. Entre esto, la hora de espera para entrar y el rato buscando el abrigo de Puri se nos había hecho bastante tarde. Queríamos haber llegado al sitio de la caravana antes de que se hiciese de noche pero no iba a poder ser.

Salimos de vuelta, atravesamos de nuevo Bath hacia el sur (ya me sé el camino un poco de memoria) y tiramos hacia Salisbury. La tarde transcurrió sin novedad, el viento había amainado bastante y se circulaba bastante bien. No había mucho tráfico. Paramos para repostar en Salisbury y llegamos a nuestro sitio un poco después de las 7:30. Teníamos el problema de que, al haber ido hasta Newport en tren, no teníamos en el sitio nuestro coche para poder volver a casa, así que teníamos que volver utilizando algún transporte público desde la estación de Romsey, el pueblo más cercano. Puri había estado mirando la ruta y vimos que lo ideal era coger un tren que salía a las 8:07. Pero empezamos a llamar a las compañías de taxi para que nos acercasen hasta la estación y ninguna tenía disponibilidad o nos daban un tiempo de espera muy largo. La que más pronto nos podía recoger era a las 8:15, pero cuando decidimos optar por esta opción e ir en un tren más tardío los de esta compañía ya no cogían el teléfono. Estábamos un poco desesperados sin saber cómo salir de allí cuando se me ocurrió ver si quizá podíamos coger un Uber. Inicialmente me decía que no había coches disponibles pero después de insistir apareció uno. Aleluya!!

En la aplicación de Uber no había sido capaz de encontrar la estación a la que teníamos que ir, así que había puesto como destino el pueblo en general. Se lo expliqué a nuestra conductora de Uber (una rumana que hablaba un estupendo español que había aprendido en Guatemala) y buscó ella el destino. Pero salimos y vi que íbamos en dirección completamente contraria. Se lo dije a la chica y me confirmó que había puesto el destino equivocado. Si no hubiese estado atento, habíamos acabado en Murcia!! Cogimos por fin la ruta correcta y llegamos a la estación. Puri sacó los billetes y yo mientras intenté averiguar a qué andén teníamos que ir. Aquello estaba más desierto que el Sahara, no había ni Blas. Y vi que todos los paneles ponían que todos los trenes están cancelados!! Una voz en el altavoz nos informó de que el tren que queríamos coger saldría del "frente de la estación". Y yo dando vueltas intentando encontrar dónde leches era eso hasta que me di cuenta de que se referían a que era un autobús que salía de delante de la estación. Salimos y no había un autobús por ningún lado. Vimos pasar uno por una carretera más abajo y salimos a la carrera para ver si lo pillábamos. Pero cuando llegamos nos enteramos de que ese no era nuestro autobús y de que el que teníamos que pillar se acababa de ir en nuestras narices. Y ya iban dos!! Nos dijeron que había otro autobús que nos llevaba a Southampton y optamos por esta opción.

Llegamos a la estación de Southampton y pregunté a un señor por el tren a Winchester y le entendí que salía del andén 1. Estábamos buscando ese andén 1 cuando vimos que de nuevo todos los trenes estaban cancelados. Volvimos a preguntar al señor y me aclaró que lo que me había dicho era que teníamos que tomar un autobús que se cogía en la salida que estaba junto al andén 1. De nuevo echamos a correr y de nuevo el autobús se nos fue en las narices. Y ya iban tres!! Le pregunté a una chica que había allí organizando el cotarro y me dijo que pronto vendría otro. Pero en realidad era medio boba porque el nuevo autobús tardó más de media hora en aparecer. Si esta panoli no nos hubiese dicho esto, nos hubiésemos refugiado en el interior de la estación en lugar de pasarnos un buen rato medio mojados debajo de un soportal pasando frío. Lo único bueno de la espera es que pude ver la maniobra en la que una grúa gigante remolcaba a un autobús estropeado, algo muy curioso de ver.

Una vez que llegó el nuevo autobús el viaje discurrió sin más incidencias: autobús a Winchester, tren a Woking, tren a Aldershot y un último taxi hasta casa. Llegamos a casa reventados después de este fin de semana que más pareció una Gincana de Pekin Express que otra cosa...