Viaje a Suiza, parte 2



Una vez en Suiza, pasamos unos días estupendos con la familia. Nos hizo un tiempo excelente y pudimos disfrutar de unos buenos paseos con unas vistas extraordinarias. Un día fuimos a un spa que está en un pueblo en lo alto de una ladera en las montañas y fue una pasada, poder estar metidos en el agua calentita rodeado de altas cumbres. No dormimos en La Gringa porque no teníamos gas para la calefacción, pero estuvimos muy a gusto, compartiendo un apartamento con Ángeles, la sobrina de Puri, y su familia.


La segunda noche hicimos una cena en La Gringa con la familia. Fue genial comprobar que, usando una mesa de camping muy amplia que llevamos, pudimos cenar un grupo bien grande de gente. Entre otras cosas, dimos buena cuenta de los quesos que habíamos comprado en Saint-Point Lac de camino a Suiza.

Uno de los días, al volver por la tarde después de una excursión, nos encontramos con que la policía nos había dejado un papelito informando de que La Gringa estaba mal aparcada y pidiendo que la moviésemos. Nos extrañó porque antes de venir el hermano de Puri había consultado con la policía para confirmar que no habría problema en que la dejásemos allí. Fue la cuñada de Puri a hablar de nuevo con ellos (allí se conocen todos) y le dijeron que realmente no tenían poder de actuación allí donde estaba aparcada porque era un parking privado que pertenecía al club de golf y que simplemente nos habían puesto el aviso pero que realmente no pasaba nada.

En cualquier caso, al día siguiente ya nos íbamos y partimos de Crans-Montana tras despedirnos de todos. El descenso desde la estación de esquí me preocupaba, no fuesen a calentarse en exceso y no funcionar bien los frenos, ya que la bajada es larga y pronunciada. Así que lo que hicimos es ir parando un rato cada pocos kilómetros. En cualquier caso, La Gringa respondió perfectamente y bajamos sin problemas.

Sin embargo, un rato más adelante se encendió una luz en el extremo de la palanca de cambios. Yo no sabía lo que quería decir. Paramos en una gasolinera y consulté en internet y, según la información que encontré, esa luz indicaba que había algún tipo de problema con la transmisión. Sonaba preocupante, sobre todo a más de 1000km de casa! Pero el caso es que La Gringa andaba bien, yo no notaba ningún tipo de problema con los cambios o con la potencia del motor. De todas formas, decidimos intentar revisar esto al día siguiente.


Esa noche pernoctamos en otro area para caravanas en Suiza, en un sitio bastante chulo junto a un río en una pequeña población cerca de Basilea. Nos visitó Melanie, otra sobrina de Puri, ella vive en Ginebra y no había podido acercarse a visitarnos a Crans. Fue una visita estupenda y disfrutamos un montón contándonos nuestras vidas. En este area en teoría había que pagar pero no hubo forma, la máquina sólo aceptaba monedas (y hacían falta 15 francos que no teníamos) o el pago mediante una aplicación móvil. Pero la aplicación sólo se podía vincular a cuentas bancarias suizas!!  Además los puntos de luz, que también iban con monedas, resulta que acumulaban el saldo de los anteriores que los hubiesen usado y había varios que tenían bastante saldo, así que, no sólo no pagamos sino que la luz nos salió gratis.

Al día siguiente, pasamos a Alemania porque yo había visto que había una ciudad que tenía varios talleres de camiones. Nos dirigimos a uno de ellos que parecía bastante grande y les comentamos el problema de la transmisión y les pedimos que si podían echar un vistazo. Nos dijeron que no estaban seguros de poder hacer algo, ya que ellos eran especialistas de otra marca (MAN), pero que harían lo que pudieran. Esperamos un rato bien largo y finalmente nos atendieron. Un operario nos confirmó que el nivel del líquido de la transmisión estaba correcto y que visualmente no se observaba ninguna pérdida ni nada que estuviese obviamente mal. Y también nos dijeron que no podían saber más porque no contaban con los ordenadores para conectar a un chasis Ford como el nuestro. Nos recomendaron otro taller Ford de la zona a ver si allí podían conectar el ordenador y encontrar el origen del fallo. Eso sí, nos cobraron 100€ por el vistazo!

Nos plantamos en el taller de Ford y preguntamos en recepción. Un chico bastante majo nos dijo que creía que sí nos lo podrían mirar pero que en ese momento estaban comiendo. Así que nos dimos una vuelta con La Gringa y volvimos al cabo de un rato. El chico nos dijo que pasásemos La Gringa al taller y allá fuimos entre estrecheces hacia dentro. Los del taller nos miraban como si estuviésemos locos y decían que a dónde íbamos con ese bicho. Nosotros decíamos que nos habían dicho que la metiésemos y hasta el fondo fue. Allí nos quedamos, nosotros sin saber qué hacer y los del taller mirando alucinados. Por fin llegó uno con pinta de jefe que nos dijo que finalmente no nos lo podían mirar porque los códigos de los Ford europeos no tenían nada que ver con los americanos y, siendo La Gringa americana, no podían conectar y ver el fallo. Estos por lo menos no nos cobraron nada.

En vista de que no había nada más que hacer y que la auto-caravana parecía ir bien, decidimos seguir viaje y hacerlo mirar más adelante cuando estuviésemos ya de vuelta en casa. Así que condujimos todos los kilómetros de vuelta a casa con la espada de Damocles de que en algún momento la cosa fuese a mayores. Afortunadamente no ocurrió nada y pudimos volver a casa sin más problemas.


Lo bueno de ir por Alemania es que las autopistas no son de peaje, así que seguimos dirección norte por este país todo lo que pudimos hasta que ya no tuvimos más remedio que pasarnos a Francia a la altura de Estrasburgo. Teníamos la intención de intentar pernoctar en Luxemburgo, pero pillamos mucho tráfico en la circunvalación de Estrasburgo, así que ante la perspectiva de llegar de noche, decidimos parar antes, todavía en territorio francés. Puri se animó a conducir un rato, pero lo dejó poco después, un poco asustada de lo que se movía La Gringa porque había bastante viento. Empezó a hacer un tiempo bastante horroroso con mucha lluvia, así que agradecí cuando llegamos y pudimos instalarnos. Es una pena que lloviese tanto, porque muy cerca había un spa que abría hasta tarde y normalmente hubiésemos ido a darnos un bañito relajante, pero bajo ese chaparrón no nos lo planteamos.


Al día siguiente emprendimos camino temprano porque habíamos quedado en Brujas con una amiga para cenar y queríamos llegar con tiempo suficiente para poder dar una buena vuelta por la ciudad. Atravesamos Luxemburgo (realmente no hubiera hecho falta, pero me hacía ilusión decir que había visitado ese país) y entramos a Bélgica. Lo bueno de este país en comparación con Francia es que, no sólo las autopistas no son de pago, sino que el combustible cuesta la mitad. Así que aprovechamos para llenar los depósitos hasta los topes.

El día transcurrió calmado y circulamos a buen ritmo, así que pudimos llegar a Brujas a la hora prevista, poco después de comer. Llegamos al area de auto-caravanas y de nuevo la entrada era bastante estrecha. Estábamos allí a ver si entrábamos y llegó un español que estaba pernoctando allá y nos echó una buena mano para poder maniobrar hasta que pudimos entrar. Las plazas no eran muy largas pero este amigo español lo solucionó pronto arrancando un tronco que había al final de una de esas plazas de forma que pudiésemos meter el culo de La Gringa y de esa forma poder caber. Las plazas tampoco eran muy anchas y no parecía que fuésemos a poder sacar los slide-outs ya que estábamos emparedados entre otras dos auto-caravanas.

Al lado nuestro estaba aparcado un holandés muy simpático que estaba alucinado con La Gringa, nos dijo que le encantaba y que su sueño era algún día tener algo así. Le invitamos a pasar y lo pasó como un niño pequeño explorando todos los espacios. Me hizo mucha gracia este hombre que nos cayó fenomenal.


Cogimos nuestras bicis y nos fuimos a explorar Brujas. En seguida tuvimos que abandonarlas y dejarlas candadas a un poste porque había tanta gente que no se podía realmente circular bien con ellas. Aquello estaba hasta arriba pero pudimos dar un hermoso paseo por esta bella ciudad. Nos gustó un montón, está súper bien conservada y es una preciosidad. También pudimos hacer unas cuantas compras y hacernos con un buen surtido de chocolate belga. No he visto en mi vida tantas tiendas de chocolate como las que vimos en Brujas

Empezó a atardecer y a hacer más frío (nos había hecho una tarde estupenda) y nos volvimos con las bicis a la auto-caravana. Nos encontramos con la agradable sorpresa de que nuestros vecinos de plaza se habían ido, así que, pensando que a esas horas no iba ya a aparecer nadie más a aparcar, movimos La Gringa de forma que ocupase dos plazas y así pudimos sacar los slide-outs. En seguida apareció Lola, nuestra amiga, con su hijo Santi y pasamos una buena noche con ella.

Lola y Santi se quedaron a dormir en nuestro sofá-cama. Al día siguiente, poco después de desayunar, nos despedimos de ellos y emprendimos viaje. Nuestro vecino holandés nos ayudó emocionado a maniobrar para salir y nos acompañó hasta la puerta, diciéndonos adiós con una mirada soñadora. No me extrañaría encontrármelo dentro de unos años conduciendo un bicho como el nuestro por Europa.


El resto del viaje transcurrió sin mayores incidencias o cosas dignas de mencionar. Llegamos a Calais a tiempo para el ferry, cruzamos a Dover, condujimos hasta Winchester y pudimos dejar La Gringa en su hogar justo antes de que se hiciese de noche. En resumen, un viaje delicioso, lleno de anécdotas, con sus problemillas pero una gozada. Deseando hacer el siguiente y poder contároslo.





Viaje a Suiza, parte 1



Había llegado el momento de plantearse un viaje más largo. Puri tiene una sobrina-nieta que ha nacido hace pocos meses y a la que no conocíamos. Su madre, sobrina de Puri, vive en Suiza, donde también vive el hermano mayor de Puri con su familia. Así que decidimos tomarnos unas vacaciones y hacer un viaje hasta Suiza, tomándonoslo con calma y disfrutando del camino.

Salimos un viernes por la tarde después de que yo recogiese a Puri con La Gringa frente al hospital donde ella trabaja. Un viaje bastante tranquilo hasta cerca de Dover donde íbamos a tomar el ferry. Habíamos planeado parar unas horas en una gasolinera en Dover porque nuestro ferry no salía hasta la una de la mañana. Pero al llegar a Dover nos dimos cuenta de que esa gasolinera no tenía area de descanso o aparcamiento. Teníamos un billete flexible que nos permitía coger un ferry hasta cuatro horas antes o después de la hora reservada, así que nos fuimos hasta la entrada al ferry a ver si podía ser posible coger uno más temprano. No hubo problema y además no nos cobraron nada extra (estos billetes más tempranos eran más caros) así que a las once ya estábamos embarcando. Genial!!

Tras un par de horas de travesía llegamos a Calais. Yo había buscado un area de auto-caravanas que estaba bastante cerca de la terminal del ferry, así que allí nos plantamos. Y nos encontramos con que la barrera de entrada al sitio era estrechísima y no había forma de que cupiese La Gringa. Justo enfrente del area de pago había una zona para descargar aguas grises y repostar agua. Dado que eran las tantas y que no nos apetecía andar buscando otro sitio decidimos pasar la noche en esa zona en la que en teoría no podíamos estar, pero ¿quién nos iba a decir algo a esas horas? Dormimos estupendamente pero a las ocho de la mañana ya teníamos allí un señor diciendo que nos teníamos que ir

Así que tras ese despertar más temprano de lo que hubiésemos deseado cogimos carretera y manta y pusimos rumbo a Reims. Las autopistas francesas son estupendas, muy bien conservadas y con unas areas para parar y descansar que son una maravilla. Además las hay cada pocos kilómetros, así que es súper fácil parar cuando es necesario para descansar. Puri se animó a conducir un rato sin ningún problema.

 

Llegamos a Reims poco antes de la hora de comer. Yo había buscado un sitio estupendo para dejar la caravana mientras visitábamos la ciudad, era el parking de un estadio y estaba cerquita del centro, ideal para ir en bici. Pero llegamos al parking y resulta que esa tarde había partido!! Así que el parking estaba cerrado. Puri miró en el móvil buscando otro sitio donde dejar a La Gringa y encontró un parking para autobuses. Tiramos para allá pero resultó ser una bodega de Champagne que tenía una zona de parada de buses para los visitantes pero nada más, así que no podíamos dejar allí la caravana. Decidí que había que parar donde pudiésemos para poder echar un vistazo con el ordenador y buscar un parking y de pronto encontramos un hueco grande para aparcar. La Gringa cabía perfectamente, la calle era lo suficientemente ancha para no molestar y no había ninguna señal que indicase que no podíamos aparcar, así que allí nos quedamos.



Comimos algo en la caravana, cogimos las bicis y fuimos hasta la catedral. Esta es impresionante, probablemente uno de los edificios más bellos que haya visto. De un tamaño descomunal, es sobrecogedora y una maravilla. Después de visitar la catedral nos sentamos a tomar algo en una terraza donde nos atendió un camarero de Madrid que llevaba tanto tiempo en Francia que ya tenía acento francés. El camino de vuelta con las bicis lo hicimos por una ruta diferente junto al río que estuvo estupenda.

Seguimos en ruta y paramos para pasar la noche en un pueblo pequeño camino de Dijon. Otra de las cosas buenas de Francia es que casi en cada pueblo tienes un area de auto-caravanas, la mayoría de ellas gratis. Nosotros habíamos comprado una guía de todas estas areas que nos vino genial para ir planificando la ruta. Un paseito antes de cenar por el pueblo que parecía fantasma, no había ni dios por las calles. Localizamos una panadería para comprar unos bollos para el desayuno del día siguiente y volvimos a nuestra Gringa a pasar la noche tan ricamente

Cuando nos levantamos al día siguiente casi todos nuestros vecinos en el area de auto-caravanas ya se habían ido. Qué madrugadores! Me acerqué a comprar unos ricos croissants (que maravilla unos croissants de verdad, no la patata que nos suelen vender en España) y después de desayunar emprendimos camino. Ese día apenas paramos más que para descansar un poco de vez en cuando y para repostar, comimos en un area de servicio en el camino. Puri también condujo una buena parte del camino.


Llegamos al sitio donde habíamos planeado pasar la noche, un area para caravanas junto a un lago precioso (Saint-Point Lac) junto a la frontera con Suiza. Este area era de pago y según llegamos veo que está vacía, lo que me extrañó bastante. Intentamos entrar y resulta que no hay forma, la máquina que hay a la entrada no acepta ningún tipo de tarjeta, siempre da error. Más tarde llegan otro par de caravanas y les pasa lo mismo. Por eso estaba vacía, no había forma de entrar. Decidimos quedarnos en un parking para coches que hay al lado, confiando de nuevo en que nadie nos diga nada. Las otras auto-caravanas siguen nuestro ejemplo.

Puri ve a unos paisanos con unas vacas y se va a curiosear. Consigue entenderse con uno de ellos que le confirma que aquí no hay policía ni nada parecido y que nadie nos va a decir nada. Se pasa un rato más charlando con ellos y viendo lo que hacen las vacas y consigue averiguar que muy cerquita hay una tienda de quesos que vende muchos quesos artesanos elaborados con la leche de estas vacas. A la mañana siguiente compramos un montón de estos quesos, un descubrimiento genial.

Al día siguiente emprendemos camino y pronto llegamos a la frontera con Suiza. Aunque habíamos comprado la pegatina para poder circular por las autopistas de Suiza allí nos enteramos de que esta pegatina sólo vale para vehículos de menos de 7500Kg, así que no nos vale y tenemos que pagar la tasa correspondiente a camiones que va según los días que vayas a estar y que se paga en la misma frontera. Bueno, ya lo sabemos para otra vez.

Paramos en una gasolinera y yo intento rellenar el depósito de gas que se usa para la calefacción, no el que se usa para combustible y descubro que no puedo usar el adaptador que tengo porque la boquilla de ese depósito no tiene rosca. Teníamos la duda de si cuando estuviésemos en el pueblo del hermano de Puri íbamos a dormir en La Gringa o no porque nos habían ofrecido quedarnos en un apartamento y el detalle de no tener combustible para la calefacción nos acabó de decidir para ir a ese apartamento. Además al ir a repostar me di cuenta de que en la anterior parada en la autopista me había dejado puesto el freno de mano. En el momento no le di más importancia al tema pero ya veréis que más adelante si que tuvo importancia.


Los paisajes de Suiza son espectaculares. El lago Lemans es una maravilla, rodeado de altas montañas, proporciona una vista que te deja alucinado. Seguimos una carretera bastante llana junto al lago con muy buenas vistas y por fin llegamos hasta el punto donde teníamos que coger la carretera que sube hasta Crans-Montana. Esta es una carretera muy empinada y yo no estaba seguro de como se iba a comportar La Gringa pero se comportó como una campeona, subimos despacito pero sin pausa y no tuvimos ningún problema hasta llegar hasta el pueblo.

Allí nos encontramos con que había un montón de obras. Resulta que es la época en la que menos gente hay, ya se fueron los visitantes de verano y aún no llegaron los de invierno y es la época en la que aprovechan para hacer todas las obras que hay que hacer. Así que fuimos poco a poco pasando de obra en obra entre estrecheces. En una de ellas había un buen escalón en uno de los lados y yo iba tan preocupado de no meterme en ese escalón que di con el espejo del lado del conductor con una señal de tráfico. El espejo se dobló sin dañarse y yo quise bajar para volverlo a colocar, así que puse el freno de mano y ya iba camino de la puerta cuando oigo a Puri gritar "Barel, que se mueve!!". Efectivamente, el freno de mano debió quedar dañado al quedarse puesto y ya no hacía su función y habíamos empezado a ir cuesta abajo. Volví al sitio de conducción de un salto y pude frenar la caravana antes de sufrir ningún percance pero menudo susto!!

Puri se bajó para intentar mover ella el espejo, pero está bastante alto y no llegaba bien así que sólo lo podía coger del borde inferior. Tirando de él para intentar colocarlo se separó el espejo inferior y quedó colgando, así que tuvimos que ir con este espejo bamboleando el resto del camino. Afortunadamente pudimos colocar el resto del espejo y más tarde una buena aplicación de cinta americana dejo el espejo perfecto para su uso.


Llegamos por fin junto al campo de golf donde está la casa del hermano de Puri. Allí estaba esperándonos él con nuestro sobrino-nieto, "terremoto" Adrián, una gran alegría poder verlos por fin. Un viaje estupendo en el que pudimos disfrutar mucho del camino. Luego pasamos unos días maravillosos en Suiza, pero de eso hablaremos en otro post.



Líos cerca de Dorchester


Tenemos una buena amiga, Kate, que hace un par de años se fue a vivir a Dorchester. Teníamos ganas de verla, así que decidimos hacerle una visita a ella y a su marido David con La Gringa. A pesar de que ya era septiembre, estaban todos los campings a tope y sólo pude encontrar sitio en un camping en Sparkford, a unas 25 millas de Dorchester.

Llegamos al camping el viernes por la noche y nos encontramos una parcela para La Gringa estupenda, muy grande, de muy fácil acceso, tenía incluso una mesita de madera con un par de bancos junto a la parcela, de lujo!! Una cosa curiosa es que era un camping sólo para mayores de edad, no se admitían niños. Me gustó mucho el sitio, sin duda volveremos

Al día siguiente habíamos quedado por la noche con estos amigos, así que aprovechamos el día para hacer un poco de limpieza y arreglar algunas cosas que estaban pendientes. Por fin conseguimos que funcionase la lavadora, había un grifo escondido que no sabíamos que existía y que estaba cerrado. Cuando lo abrí por fin conseguimos ponerla en marcha.


Por la tarde cogimos las bicis y nos fuimos a Castle Cary, un pueblo cercano bastante chulo. El paseo en bici se nos dio fenomenal y las bicis eléctricas se portaron como unas campeonas. Sobre las 6 vinieron ya estos amigos. Habíamos quedado bastante pronto porque el camping cerraba sus puertas por la noche a las 9 y tenían que haber salido antes de esto, así que planeamos una cena temprana (para los horarios españoles). La cena estuvo estupenda y fue un placer poder compartir este tiempo con ellos.

Para el día siguiente no teníamos plan pero vimos que había cerca una casa de National Trust, Montacute House, y quedamos con estos amigos en vernos allí para visitar la casa y comer en la cafetería. En la propia casa no había un parking donde pudiésemos dejar La Gringa así que estuve yo investigando y encontré un parking que había en lo alto de un monte cerca de un paraje natural, a poco más de una milla de la casa. Estuve mirando con Google Street View la entrada al parking y parecía lo suficientemente ancha como para no tener problemas, así que al día siguiente allá que fuimos.


La entrada al parking efectivamente no fue nada complicada y pudimos dejar La Gringa bien aparcadita y coger las bicis, pero antes de llegar allí tuvimos que pasar por unas calles bastante complicadas y estrechas, aunque afortunadamente no encontramos ningún tráfico de frente y no tuvimos problemas. Bajamos toda la cuesta hasta Montacute e hicimos una buena visita a la casa. Después de comer con estos amigos nos despedimos y emprendimos el camino de vuelta. El camino era bastante empinado pero aún así conseguimos subirlo bastante bien con las bicis eléctricas.

Como en el camino de ida habíamos pasado por unos sitios bastante estrechos, miré el mapa y vi que siguiendo en la dirección contraria podíamos llegar también a la carretera que nos interesaba y el camino no parecía muy complicado. Pero no miré el Street View y ahí estuvo el error. Porque poco después de salir, el camino comenzó a estrecharse y estrecharse y comenzamos a tener un montón de coches viniendo en dirección contraria. Fue un lío de mil pares de narices, cabíamos por los pelos, los otros coches eran torpes y no se apartaban lo suficiente (hubo incluso uno que por sus santos huevos dijo que no se movía, que cabíamos, me dieron ganas de llevarme su retrovisor). Sudamos la gota gorda, sobre todo Puri que lo pasó fatal. Cuando un rato largo más tarde conseguimos por fin llegar a una carretera más ancha juramos que nunca más cogeríamos un camino sin estudiarlo previamente. Pero bueno, no hubo ningún incidente y conseguimos sortear el problema.

Bristol y alrededores


El último fin de semana de Agosto, que aquí en Inglaterra es puente, nos fuimos Leo y yo con La Gringa a un camping cerca de Bristol. Es un fin de semana en el que todos los ingleses aprovechan para salir de vacaciones y encima hizo buen tiempo, así que estaba todo hasta la bandera. El camping parecía un parque de atracciones, con niños corriendo por todas partes. Habían incluso montado puestos con pizza y perritos, así que era un poco como estar en la feria.

El primer día del fin de semana cogimos La Gringa y nos fuimos a Bristol. Yo había usado una aplicación que se llama Park4Night que sirve para encontrar sitios donde dejar la auto-caravana sin ser un parking y había visto que había una calle ancha y poco transitada cerca de un parque en las afueras de Bristol donde mucha gente dejaba su auto-caravana. Allá que fuimos y resultó ser un sitio ideal, una avenida ancha con un carril lateral donde aparcar bajo la sombra de los árboles. Dejamos a La Gringa bien aparcadita, cogimos las bicis y nos fuimos al centro de Bristol. Hicimos un tour sobre street art que estuvo genial, con un montón de graffitis interesantes, incluyendo varios de Banksy. Después por la tarde visitamos un museo interactivo sobre inventos científicos que también molo mucho

Al día siguiente fuimos a visitar la garganta de Cheddar, el pueblo del que es originario esa variedad de queso, que está al lado de una garganta impresionante con unas cuevas muy interesantes. Al llegar a la zona de las cuevas aparqué La Gringa en una zona de aparcamiento para autobuses y ya nos íbamos a ir tan contentos cuando me dice un señor que si la iba a dejar así. La Gringa es tan grande que, aunque yo la había metido hasta el fondo del hueco para aparcar, todavía entraba un metro en la carretera. Tuve que avanzarla y meter el morro en el arcén hasta casi dar con un árbol para que no sobresaliese. La visita a las cuevas estuvo genial, muy recomendada

El último día hicimos una cosa bastante loca: encontramos un circuito cerca de dónde estábamos donde hacían carreras de choques de coches: coches destartalados haciendo carreras locas y chocando unos contra otros. Fue súper gracioso y lo pasamos chupi. Llegar hasta el circuito con La Gringa fue un poco aventura, porque esto estaba en el medio de la nada con unas carreteras bastante estrechuelas, pero llegamos sin problema ni nada digno de reseñar

En resumen, un fin de semana largo muy entretenido y La Gringa se portó como una campeona.

Una semana en North Devon


Una vez que ya por fin estaba todo arreglado en La Gringa era el momento de hacer su primer viaje grande. Unos amigos nuestros de Sevilla, Moi y Leti y sus hijos Bruno y Mauro nos venían a visitar y a pasar 9 días con nosotros. Antes de saber que iban a venir yo ya había mirado para estar una semana en un camping de North Devon, lo había elegido porque estaba cerca de varias playas que decían que eran muy buenas para el surf con la idea de que Leo pudiese practicar. Estos amigos decidieron unirse al plan y pasar esa semana en North Devon con nosotros.

Pero antes de ir a North Devon, buscamos un sitio que estuviese más cerca para que Puri pudiese unirse el primer fin de semana (durante la semana ella no iba a poder venir, que tenía que trabajar) y escogimos un camping cerca de Portsmouth. Allí se produjo la esperada reunión con estos amigos. Lo de llamar camping al sitio donde estábamos es por decir algo, porque básicamente era un prado al lado de una granja, sin más servicios que unos grifos donde repostar agua. Pero bueno, era super barato, 10£ por noche, así que tampoco nos vamos a quejar


El sábado dejamos La Gringa y la caravana de estos amigos en la granja y nos fuimos a Portsmouth. Visitamos los barcos del Historic Dockyard y lo pasamos chupi (especialmente todos los chavales) disfrutando de la historia naval. Nos dio tiempo incluso para pasarnos por los outlets de Gunwharf Quay y comprarnos unos caprichitos :-)

Al día siguiente nos despedimos de Puri y condujimos hasta un camping bastante chulo cerca de Dorchester. Tenía un lago donde se podía pescar y los chavales estaban como locos por que les comprásemos una caña, pero eran demasiado caras. Yo les había propuesto a estos amigos que el lunes, mientras yo trabajaba (esa semana iba a estar currando desde la motorhome) se acercasen a ver la Durdle Door, una playa super chula con un arco de piedra espectacular, pero les dio pereza y al final pasaron el día en el camping tranquilamente. Por la tarde salimos hacia North Devon y poco antes de anochecer llegamos al que sería nuestro sitio para el resto de la semana, Un camping muy chulo, espacioso, con buenos servicios, una entrada no demasiado complicada y unas parcelas muy hermosas.


Pasamos unos días estupendos, disfrutando de todos los pueblitos marineros de los alrededores, sitios como Westward Ho, Ilfracombe o Lynton, unos pueblos entrañables, muy marineros, en una costa abrupta y espectacular. La Gringa no se movió del camping en todos esto días, aprovechamos que estos chicos iban en coche y podíamos más o menos ir todos. Lo más chulo para mi fue un día que se fueron todos a la playa y yo me incorporé más tarde, después de trabajar e hice un recorrido en bici junto a la desembocadura de un río que fue precioso (incluyendo tomar un mini ferry para cruzar la ría). Lo peor fue que nos hizo un tiempo bastante malo que no dejó que pudiésemos apenas disfrutar de la playa, incluso un día llovió tanto que no fuimos a ningún lado y pasamos el día en el camping. Menos mal que vinieron estos amigos, porque el plan original de que Leo hiciese surf hubiese sido un fracaso.


El fin de semana volvió Puri con nosotros y el sábado fuimos a visitar otro pueblito marinero, Clovelly, que también fue super chulo. Una cosa curiosa es que en este pueblo cobraban por entrar, 7£ nada más y nada menos, algo que no había visto en la vida. Pero mereció la pena porque la verdad es que el pueblo es encantador y merece la pena visitarlo.

Llegó el domingo y llegó la hora de volver. Hasta ese momento la semana había transcurrido sin incidentes, pero estaba claro que no nos podíamos librar, que algo nos tenía que ocurrir. Al salir del camping, la puerta de la motorhome no había quedado bien cerrada y se abrió. Al abrirse, salió el escalón eléctrico y le dimos una buena leche con una piedra, quedando bien doblado. Con la ayuda de Moi y deslomándonos un poco, conseguimos volverlo a meter, pero quedó sin funcionar correctamente...

El resto del viaje de vuelta transcurrió sin más incidentes. Volvimos a casa y estos amigos aparcaron su caravana muy cerquita y pasaron la noche con nosotros. El lunes tocó despedirse con pena, pero pensando ya en la próxima vez que nos veamos (vamos a ir en Abril a verles a Sevilla, coincidiendo con el inicio de La Feria, pero sin Gringa, claro)




Líos y más líos


Como os conté en el último post, aun no habían terminado todos nuestros líos con La Gringa. Después de que la llevé a reparar los frenos al tipo que reparaba autobuses, me dijo que no iba muy fina de motor cuando la llevó a pasar la ITV. Y efectivamente, de camino de vuelta al sitio donde la guardamos, noté que no iba bien, se quedaba sin potencia y daba tirones, especialmente cuando funcionaba con gas licuado.

Pregunté un poco y me recomendaron una gente en Newport (sur de Gales, muy cerca de Cardiff), Anglo-American Motorhomes, les pedí cita y me presenté allí el viernes antes de nuestra excursión a Gales que os conté en el post anterior. Yo no esperaba que fuese una reparación muy grave pero después de estar un rato con la caravana me llaman y me dan la mala noticia de que uno de los cilindros no funciona, lo que puede llegar a ser una avería muy costosa. Y además no pueden acceder al cilindro porque la bujía está apretada super fuerte y si intentan abrirla puede acabar rompiendo. Ante esa perspectiva, acordamos que, como ya habíamos quedado con nuestras amigas para pasar con ellas ese fin de semana, me llevaría la motorhome y se la volvería a traer más adelante.

Así que pasamos un fin de semana estupendo como os conté en el último post y un par de semanas después quedé para dejar La Gringa con esta gente un sábado. Para no llegar muy tarde, me fui el día anterior y pasé la noche en un camping cerca de Bristol que estaba muy bien, muy tranquilo. Pero según llego me dice el señor del camping: "Oye, ¿te habías dado cuenta de que tienes una rueda rajada?" Y no, no me había dado cuenta para nada. Es una de las ruedas de un eje que es doble (tiene dos ruedas por cada lado) y además tiene otro eje justo detrás, así que incluso con la rueda pinchada se puede circular, por lo que no tengo ni idea de si se acababa de pinchar o de si llevaba varios días circulando así sin darme cuenta. Una razón más para hacer una inspección habitual de todas las ruedas antes de empezar cualquier viaje.


Yo no tenía nada para poder reparar o cambiar la rueda. Y, aunque habíamos pensado en contratar una asistencia en carretera, todavía no lo habíamos hecho. Me conecté a la página del RAC y vi que su asistencia en carretera empezaba a ser válida desde el día siguiente en que era contratada. Así que esa misma tarde la contraté y al día siguiente, echándole un poco de morro, les llamé y les dije que se me acababa de pinchar una rueda.

Acordaron en que vendría un vehículo de asistencia. A pesar de que les había avisado de las dimensiones del bicho, se presentó un tipo en una furgoneta pequeña y no paraba de mirar alucinado a nuestro monstruo, pensando cómo diablos se iba a enfrentar a esto. Cómo claramente no tenía los medios para ayudarme, me propuso acompañarme a un taller cercano, me dijo que estando en un eje con otras ruedas no debería tener problemas si íbamos despacio y con cuidado.

Así que allá nos fuimos y nos presentamos en el taller. Los tipos del taller intentaron de todas las maneras posibles elevar la motorhome para poder cambiarle la rueda, pero no hubo manera, todos los gatos que tenían no eran capaces de levantar tanto peso. En vista de que no podían ayudarme, estuvimos llamando a todos los talleres de camiones de los alrededores pero, siendo ya sábado a mediodía, estaban todos ya cerrando o cerrados. Lo único que conseguí es que me dieran una cita para llevarla el lunes. Hablé con los de Anglo American y me aconsejaron que no condujese hasta allá, que para pasar a Gales hay que ir por un puente en una autopista y, si tenía un reventón, ahí si que iba ya a ser un cristo importante.

Así que no me quedó más remedio que cambiar todos mis planes y buscar un camping cercano para quedarme hasta el lunes. Encontré uno que no tenía mala pinta y les llamé para asegurarme de que La Gringa cabría sin problemas. Me dijeron que no había problema y que adelante. Llego al camping y de lo de sin problemas nada de nada. Para entrar había que hacer un giro de 90 grados para pasar luego por una puerta estrecha y las pasé canutas para entrar. Después, una vez ya instalado, se me acerca el tipo del camping y me dice que le asombra que haya sido capaz de entrar. Será cabrón!!!

Así que me tocó pasarme ese finde en ese camping. Afortunadamente, vi que Bath estaba relativamente cerca y que había un autobús que me llevaba directo, así que decidí pasar el domingo allí y visitar el Thermae Bath Spa, un sitio genial, que tiene una piscina caliente abierta al aire libre que es una pasada. Algo bueno tenía que salir de tanto lío

El lunes ya por fin fui al taller, me cambiaron la rueda en un pis-pas (sólo me cobraron 10 libras por el servicio!!) y conduje hasta Newport para dejarles la motorhome. Pocos días después me llamaron con las malas noticias: habían conseguido sacar la bujía pero la cabeza del cilindro estaba dañada y había que sustituirla. La operación iba a ser cara porque el acceso al motor es muy complicado y llevaba mucho trabajo simplemente el poder acceder para poder cambiarla. Me propusieron varias soluciones, desde reparar la cabeza actual a cambiarla por una completamente nueva y optamos por una intermedia de cambiar la cabeza por una de segunda mano que tenían localizada procedente de otra motorhome en UK. Procedieron a hacer ese cambio pero la nueva cabeza no iba bien. Y lo malo es que se nos acababa el tiempo pues en Agosto habíamos quedado ya con unos amigos de Sevilla para pasar con ellos una semana por ahí con La Gringa

Steve de Anglo-American se volcó en el tema, estoy super agradecido, resulto ser una de esas personas de confianza que se vuelcan en solucionar tu problema de la mejor manera. Después de mucho buscar, encontró otra cabeza de segunda mano en USA y consiguió que se la mandasen a tiempo para que pudiésemos tenerla lista para el viaje con estos amigos. La reparación nos costó una pasta, pero por lo menos pudimos disfrutar de nuestra bicha cuando la necesitamos. Pero esto os lo contaré en otro post.



Nuestro primer viaje con La Gringa


Con la ITV no habían acabado todos nuestros líos, todavía quedaban más problemas en la recámara, pero eso os lo contaremos en otro post, hoy prefiero centrarme en algo más positivo: nuestro primer viaje con La Gringa!

Yo había ido a recoger a La Gringa a Newport, en Gales (ya os dije que ya contaré...) y recogí a Puri en la estación de tren de Bristol el viernes por la tarde. Habíamos reservado en un camping cercano y allá que nos fuimos. La llegada al camping sin incidencias, un camping muy majo con una parcela estupenda. Fuimos a descargar las aguas negras y grises y a darle un buen repaso al tanque de aguas negras, que ya le iba haciendo falta.

Al día siguiente amanecimos con calma y conocimos a unas señoras muy simpáticas (madre e hija) que estaban en una caravana cerca de la nuestra. La hija estaba alucinada con La Gringa, las invitamos a pasar a echar un vistazo y les encantó lo que vieron y creo que nos despidieron con envidia.

Tomamos camino de Barry, cerca de Cardiff, donde habíamos quedado con nuestras amigas Sara y Emma. Llegamos allí un poco antes de comer y, a falta de otro sitio mejor, las esperamos en una zona de aparcamiento junto a la carretera que lleva al aeropuerto. Gran alegría de encontrarnos. El hijo de Emma nos condujo a donde íbamos a pasar la noche con La Gringa. Era un sitio súper curioso. Él trabaja para los ferrocarriles en un almacén donde tienen un montón de antiguos vagones de tren que se dedicaban al transporte de carbón. Ahora están en desuso pero tampoco quieren desprenderse de ellos, así que tiene que haber alguien que se dedique a moverlos de vez en cuando y esta es la labor que él hace. Junto al almacén hay un montón de sitio disponible y el hijo de Emma pidió permiso para que nos pudiésemos quedar allí. Así que allí nos instalamos, rodeados de vagones de tren y locomotoras. Mola!!

Fuimos a comer algo y a dar un paseo por la playa de Barry y después ya nos volvimos a La Gringa a preparar la cena. Hacía bueno, así que sacamos la mesa de camping y la instalamos en unas vías abandonadas junto a nuestra auto-caravana. Vinieron también otros amigos de Sara y Emma y pasamos una tarde-noche súper entretenida.

Una cosa curiosa es que en este mismo espacio del almacén de trenes estaba instalada un montón de gente con sus auto-caravanas. Supongo que oficialmente debe estar prohibido que estén ahí, pero los de los trenes deben hacer la vista gorda. Así que allí estaba una mini colonia de 7 u 8 auto-caravanas perfectamente instalada. Por la tarde veías a todos los viejecitos que vivían en ellas juntarse para hacer un poco de vida en común, no parecían encontrarse nada mal

Al día siguiente después de desayunar cogimos las bicis y fuimos a una zona protegida que hay cerca de Barry, muy chula con mucho bosque y un acceso a la playa con muy buenas vistas. A la ida tuvimos que subir un buen cuestón y bajar otro que prometía algo de paliza a la vuelta. Afortunadamente yo me había fijado en un caminito que salía lateralmente y que nos permitió volver a La Gringa sin tener que volver a subir esa colina. Un paseo muy agradable.

Después de comer decidimos ir a dar una vuelta a Porthcawl, un pueblo cercano que tenía buena pinta. El viaje hasta allá sin incidencias pero cuando llegamos allí fue imposible encontrar un sitio dónde poder aparcar La Gringa, así que después de un par de vueltas por el pueblo decidimos marcharnos. Salimos con la conclusión de que con este bicho es necesario planificar más y no podemos simplemente plantarnos en los sitios. Si hubiésemos hecho una investigación previa, seguro que habíamos encontrado un sitio algo más alejado donde poder dejarla y haber ido con las bicis. Poco a poco!!

Camino de Porthcawl Puri se había animado a conducir La Gringa un rato, su primera experiencia con nuestra auto-caravana y se le dio estupendamente, incluso superando una zona de obras algo dificultosa. Y luego de vuelta a casa la cogió otro rato en la autopista, donde también se le dio genial. Así que prueba conseguida por partida doble: nuestro primer viaje con éxito con La Gringa y la primera conducción para Puri. Aleluya!!


Los líos de la ITV


Ya teníamos carnet, teníamos seguro ¿Estaba todo ya listo para empezar a circular con nuestra Gringa? No, nos faltaba pasar la ITV (MOT la llaman aquí). En el periodo en el que nos estuvimos sacando el carnet había caducado y había que pasarla antes de que pudiésemos empezar a circular (se puede conducir para llevar la auto-caravana al punto de ITV pero nada más)

Aquí la ITV no se pasa en unos sitios oficiales de Tráfico. Hay un montón de talleres que están habilitados para hacerla y sólo tienes que llevarlo a uno y allí mismo te lo hacen. Pero claro, para un bicho tan grande, no te lo hacen en cualquier lado. Me habían recomendado una empresa que se llama Motorhome Medics, ellos me podían hacer una revisión general (con cambio de aceite, etc...) y luego llevarla a pasar la ITV en el sitio apropiado. Así que pedí cita y me preparé para ir a llevarla.

Esta era la primera vez que iba a conducir nuestro autobús y, la verdad, estaba un poco acojonado. Como dijo uno de Facebook cuando le preguntaron cómo era lo de conducir uno de estos bichos por las estrechas carreteras inglesas: "El primer día, cambio de pantalones, luego ya te haces con el manejo". Me estudié bien todas las carreteras de los alrededores para elegir el camino menos complicado y allá vamos. Qué sudores en los primeros kilómetros!!! Y no te digo nada cuando poco después de empezar me tengo que cruzar con un autobús en un tramo bastante estrecho. Pufff!!! Pero el caso es que al poco rato ya me encontraba muy cómodo y notaba que la llevaba muy bien.

Un poco más allá me tengo que incorporar a una autopista en una rotonda pero me equivoco de salida y acabo metido en un barrio residencial de calles estrechas con coches aparcados por todos lados. Y cuanto más avanzaba, más se estrechaba esto. En vista de que iba a acabar en algún callejón sin salida, me decido a dar la vuelta en una rotonda que es un poco menos mini que las demás. Me hacen falta cuatro maniobras pero consigo dar la vuelta y volver a la autopista. El haber podido salir airoso de esta prueba aumenta mi confianza.

Llego por fin al sitio de la ITV, les dejo el bicho y me voy al pueblo de al lado a trabajar un rato en un café. Me llaman al cabo de un rato no muy grande: "Oye, que hay un problema, no podemos pasar la ITV porque resulta que el número de bastidor que hay en la documentación no coincide con el que está grabado en la auto-caravana". Ostrás!! Mi primera reacción es que me han vendido un vehículo robado o algún otro tipo de problema gordo pero me aclaran pronto que simplemente se trata de un error de transcripción: al transcribir el número de bastidor, la persona que lo hizo escribió una D en lugar de un 0 y una G en lugar de un 6. No me jodas!!! Y resulta que nadie se había dado cuenta hasta ahora, pero hoy nos tenía que tocar el puntilloso de turno... Así que me toca volver a llevar la Gringa al sitio donde la teníamos con el rabo entre las piernas.

En el camino me las arreglo para volver a equivocarme de carretera y meterme por una súper estrecha donde tengo que hacer malabarismos con los coches con los que me cruzo y además paro en una gasolinera a rellenar gas licuado y tengo que hacer un montón de maniobras para poder colocar La Gringa en el sitio donde puedo repostar. Me manejo muy bien en todas partes, me he hecho enseguida con el tamaño de este monstruo. Así que, aunque no pude pasar la ITV, vuelvo contento.

Mandamos a Tráfico la documentación para que nos corrijan los papeles de registro de la auto-caravana y en teoría en un par de semanas nos la tendrían que devolver arreglada. Pero va pasando el tiempo y cuando llamo a Tráfico nadie sabe nada y me dicen que tengo que esperar más. Cuando llevamos ya más de cuatro semanas esperando me decido a hacer lo que tenía que haber hecho desde un principio: llevar La Gringa al taller donde ha pasado siempre la ITV ya que, por lo que se ve, allí no se molestan en comprobar el número de bastidor. Y efectivamente, allí me la aceptan sin rechistar y sin mirar nada de nada (la documentación nos acabaría llegando varias semanas después, cuando yo más o menos lo daba por perdido)

Así que, ¿Estaba ya todo? Nooo, no podía ser tan fácil. Me dicen los de la ITV que tengo que solucionar dos problemas: hay unas luces de atrás que no funcionan y uno de los frenos de las ruedas de atrás está bloqueado (me dicen que probablemente por el tiempo que ha pasado sin moverse). Normalmente de estas cosas se ocupa un taller que hay al lado de la ITV pero les llaman y les dicen que, dada la época que es, justo antes del verano, están hasta arriba de trabajo y no pueden ocuparse de mi auto-caravana. Después de pensarlo un rato se acuerdan de un tipo al que llaman "el de los autobuses", le llaman y les dice que me acerque para que le eche un vistazo. Allá que me voy con La Gringa. El tipo que me recibe es súper curioso, va vestido con un uniforme del ejército alemán y tiene una pinta de hippy que tira patrás. Tiene un almacén destartalado lleno de autobuses antiguos y me cuenta que se dedica a restaurarlos, sobre todo para museos o coleccionistas. Un tipo muy curioso, pero también muy simpático y me da una buena impresión.

Después de echarle un vistazo rápido, me confirma que se puede ocupar de arreglar ambas cosas, pero que no puede hacerlo hasta el lunes (ese día era un viernes) porque en ese momento estaba liado con un trabajo que tenía que terminar. Y lo malo es que no podía dejarle en ese momento la Gringa, porque no tenía forma de volver hasta el sitio donde había dejado el coche, donde teníamos la auto-caravana. Quedo en que se la llevaría el domingo, aunque él no trabajaba y que le dejaría las llaves en el buzón. Vino Puri ese viernes por la tarde, pasamos el fin de semana tranquilamente en la Gringa y el domingo fuimos a llevarla al sitio del de los autobuses. Pero este sitio estaba en una zona industrial cerrada, con verja y garita y se había olvidado de avisar de que íbamos a ir. Al tipo de la entrada casi le da un pasmo cuando nos ve llegar. Después de hablar con el tipo de los autobuses se acabó arreglando todo, pero al de la entrada le dimos el día

Mr Autobuses se encargó de reparar estas cosas, llevar la Gringa a pasar la ITV (esta vez sin problemas) y el miércoles siguiente fui yo a buscarla y a llevarla al sitio donde íbamos a tenerla definitivamente. Parecía que estaba ya todo listo pero no sabíamos que nos esperaba otra sorpresita más. Pero esto os lo contaremos en otro post.

El infierno de sacarse el carnet de camión


Ya teníamos nuestra Gringa, ahora el siguiente paso era sacarse el carnet de camión. Necesitamos el permiso de clase C porque La Gringa pesa más de 7.5 toneladas, así que tocaba hacer prácticas con un camión de verdad. Uff

Después de mirar en varios sitios, contratamos con una empresa que tenía su base en Hook, a media hora de casa y que no era demasiado cara y tenía buena pinta. El primer paso era hacerse un reconocimiento médico. Nos dieron cita en un sitio cerca de Reading y la verdad es que fue un poco cachondeo. El reconocimiento nos lo hizo un tipo que apenas levantó la vista del ordenador. Se limitó a mirar el certificado del chequeo de la vista que nos habíamos hecho en un Specsavers, a preguntarnos si teníamos un montón de enfermedades y a poner la mano para cobrar las 50 libras que nos sacaron. De risa.

Después había que hacer el teórico y la verdad es que no fue muy difícil. Nos dieron acceso a una página web donde podías repasar los temas y hacer muchos tests de prueba. Un poco de estudiar y en seguida estuvimos listos. Lo más curioso es que había unos vídeos en los que había que estar pendiente y cuando aparecía un peligro (hazard) pulsar enseguida. Era un poco como un videojuego. Lo más gracioso es que se nos quedó la coletilla y ahora cuando vamos conduciendo y aparece un peligro en lontananza, enseguida uno de los dos salta "Hazard!!"

Aprobamos el teórico a mediados de septiembre, nos fuimos de vacaciones a México y nada más llegar empecé yo con mis clases. El sistema que tienen aquí es que haces tres días de clases, cuatro horas cada día y el cuarto día haces un par de horas más de clase y luego al examen. Lo malo era que las clases empezaban a las 7 de la mañana, así que tocaba madrugón, luego las cuatro horas de clases y después iba a currar. Una paliza!!

Llego yo el primer día y esperaba que hiciésemos algunas prácticas en el solar de la empresa antes de salir a conducir pero nada de eso. Me subo y me dice el profe, "Hala, a conducir por la carretera". Joderrrr... Bueno, al final no fue para tanto, en seguida me hice más o menos con el tamaño del bicho y no se me dio demasiado mal. Lo peor era que el camión era de marchas y, aparte de que el mecanismo de un camión es más complicado que en un coche, con ocho marchas y una palanquita que tenías que andar subiendo y bajando para pasar de cuarta a quinta o viceversa, las jodidas marchas entraban fatal. Yo las pasaba canutas intentando que me entrasen y eso me distraía de otras cosas y no iba progresando todo lo que tenía que progresar. Además, Andy, mi profesor, era un poco carahuevo (además de vago) y sólo me decía lo que hacía mal, pero no trucos para hacerlo mejor. Resultado: llegué al examen mal preparado. Me aconsejaron que no lo hiciera, pero ya que estaba pagado y no se podía cancelar, decidí hacerlo y por lo menos ver cómo era. Lo hice bastante mal, tres faltas graves (no puedes hacer ninguna) y como doce leves (puedes hacer hasta quince). Lo único bueno fue que la maniobra de marcha atrás, que habíamos practicado bastante, me salió estupendamente.

Mientras estaba haciendo mi preparación nos enteramos de que el examen se podía hacer en camión automático, evitando el problema de las jodidas marchas. Y como La Gringa es automática, no tenía sentido que aprendiésemos algo que no íbamos a usar. Así que cancelamos la preparación de Puri, que iba a ser la semana siguiente y la organizamos para más adelante para poder hacerla en camión automático. Y yo también solicité hacer las nuevas clases que iba a hacer y el nuevo examen en un camión automático.

Cuando llegó el momento de que Puri empezase sus clases, Puri tuvo la mala suerte de que le tocó un profesor que era un hijo de puta. Era un tipo que venía del ejercito y que se creía que seguía allí. Le echaba unas broncas tremendas, le gritaba, le iba haciendo preguntas incómodas todo el rato y la pobre Puri lo pasaba fatal, venía todos los días con la moral por los suelos. Con ese panorama fue imposible que estuviese lista para su primer examen, así que lo canceló y esperó a poder hacer nuevas clases con otro profesor que no fuese el sargento de hierro. Yo le recomendé que las hiciese con Tony que fue el que me dio a mí mis siguientes clases, un tipo excelente, calmado, muy buen profesor, con un montón de trucos para aprender bien.

Yo mientras tanto fui pasando por el calvario de múltiples exámenes. El problema de este examen de camión es que es muy fácil de suspender. Tienes que conducir una hora seguida y durante ese tiempo no cometer ningún fallo serio. Y es muy difícil, vas por esas condenadas carreteras inglesas, estrechas como ellas solas, llenas de dificultades y de tráfico y es muy complicado no meter la pata en algo. Así que allí iba yo, desde el segundo examen ya iba bien preparado pero siempre fallaba en algo. Cuando no me subía a un bordillo se me olvidaba poner el freno de mano en una cuesta o me cambiaba de carril sin poner el intermitente o... lo que fuera. Una desesperación. Y cada vez que suspendía tocaba esperar otras tres o cuatro semanas para poderme examinar y tocaba pagar una pasta.

Entre un examen y otro íbamos a recorrer las rutas de examen en nuestro coche. Yo había grabado la ruta de los distintos exámenes que había hecho con el GPS del móvil y luego las recorríamos con el coche, uno haciendo que llevaba el camión y el otro haciendo de examinador. Nuestra bestia negra era un pueblo llamado West Clandon, unas carreteras estrechas de narices en las que ya sudábamos tinta con el coche, así que imaginaros con el camión. Había una curva tan estrecha que uno de los laterales estaba lleno de los restos de los retrovisores de los coches que se los habían dejado allí al intentar pasar en el momento en el que pasaba otro coche. La llamábamos "la curva de los espejos"

Puri mientras tanto había hecho otras dos tandas de clases con Tony y llegó un día en el que no se veía del todo preparada pero si lo suficiente para por lo menos intentarlo. Ese día fuimos los dos juntos en el camión, yo suspendí mi examen y allá fue Puri con poca fe. Pero, como dice ella, le toco "San Examinador", un polaco que apenas hablaba, que fue muy comprensivo y que no encontró ningún fallo grave en toda su conducción. Aprobada a la primera!! Qué máquina!! Yo estaba súper contento y ella más.


Y yo por fin a la sexta aprobé. El suspiro que di cuando el examinador me dijo que estaba aprobado se debió oír en la China. Estaba ya realmente desesperado y cada suspenso era otra losa encima mío. Qué alegría!!! Todavía varios días después me despertaba soñando que suspendía, tan poco me lo acababa de creer.

Bueno, lo importante era que el día 6 de Abril por fin teníamos ya los dos nuestro carnet de "Yo para ser feliz quiero un camión". Llegaba el momento de empezar a hacer viajes con La Gringa. O por lo menos eso creíamos nosotros, no sabíamos que todavía nos quedaban más obstáculos en el camino, pero eso ya os lo contaremos en otros posts.