El infierno de sacarse el carnet de camión


Ya teníamos nuestra Gringa, ahora el siguiente paso era sacarse el carnet de camión. Necesitamos el permiso de clase C porque La Gringa pesa más de 7.5 toneladas, así que tocaba hacer prácticas con un camión de verdad. Uff

Después de mirar en varios sitios, contratamos con una empresa que tenía su base en Hook, a media hora de casa y que no era demasiado cara y tenía buena pinta. El primer paso era hacerse un reconocimiento médico. Nos dieron cita en un sitio cerca de Reading y la verdad es que fue un poco cachondeo. El reconocimiento nos lo hizo un tipo que apenas levantó la vista del ordenador. Se limitó a mirar el certificado del chequeo de la vista que nos habíamos hecho en un Specsavers, a preguntarnos si teníamos un montón de enfermedades y a poner la mano para cobrar las 50 libras que nos sacaron. De risa.

Después había que hacer el teórico y la verdad es que no fue muy difícil. Nos dieron acceso a una página web donde podías repasar los temas y hacer muchos tests de prueba. Un poco de estudiar y en seguida estuvimos listos. Lo más curioso es que había unos vídeos en los que había que estar pendiente y cuando aparecía un peligro (hazard) pulsar enseguida. Era un poco como un videojuego. Lo más gracioso es que se nos quedó la coletilla y ahora cuando vamos conduciendo y aparece un peligro en lontananza, enseguida uno de los dos salta "Hazard!!"

Aprobamos el teórico a mediados de septiembre, nos fuimos de vacaciones a México y nada más llegar empecé yo con mis clases. El sistema que tienen aquí es que haces tres días de clases, cuatro horas cada día y el cuarto día haces un par de horas más de clase y luego al examen. Lo malo era que las clases empezaban a las 7 de la mañana, así que tocaba madrugón, luego las cuatro horas de clases y después iba a currar. Una paliza!!

Llego yo el primer día y esperaba que hiciésemos algunas prácticas en el solar de la empresa antes de salir a conducir pero nada de eso. Me subo y me dice el profe, "Hala, a conducir por la carretera". Joderrrr... Bueno, al final no fue para tanto, en seguida me hice más o menos con el tamaño del bicho y no se me dio demasiado mal. Lo peor era que el camión era de marchas y, aparte de que el mecanismo de un camión es más complicado que en un coche, con ocho marchas y una palanquita que tenías que andar subiendo y bajando para pasar de cuarta a quinta o viceversa, las jodidas marchas entraban fatal. Yo las pasaba canutas intentando que me entrasen y eso me distraía de otras cosas y no iba progresando todo lo que tenía que progresar. Además, Andy, mi profesor, era un poco carahuevo (además de vago) y sólo me decía lo que hacía mal, pero no trucos para hacerlo mejor. Resultado: llegué al examen mal preparado. Me aconsejaron que no lo hiciera, pero ya que estaba pagado y no se podía cancelar, decidí hacerlo y por lo menos ver cómo era. Lo hice bastante mal, tres faltas graves (no puedes hacer ninguna) y como doce leves (puedes hacer hasta quince). Lo único bueno fue que la maniobra de marcha atrás, que habíamos practicado bastante, me salió estupendamente.

Mientras estaba haciendo mi preparación nos enteramos de que el examen se podía hacer en camión automático, evitando el problema de las jodidas marchas. Y como La Gringa es automática, no tenía sentido que aprendiésemos algo que no íbamos a usar. Así que cancelamos la preparación de Puri, que iba a ser la semana siguiente y la organizamos para más adelante para poder hacerla en camión automático. Y yo también solicité hacer las nuevas clases que iba a hacer y el nuevo examen en un camión automático.

Cuando llegó el momento de que Puri empezase sus clases, Puri tuvo la mala suerte de que le tocó un profesor que era un hijo de puta. Era un tipo que venía del ejercito y que se creía que seguía allí. Le echaba unas broncas tremendas, le gritaba, le iba haciendo preguntas incómodas todo el rato y la pobre Puri lo pasaba fatal, venía todos los días con la moral por los suelos. Con ese panorama fue imposible que estuviese lista para su primer examen, así que lo canceló y esperó a poder hacer nuevas clases con otro profesor que no fuese el sargento de hierro. Yo le recomendé que las hiciese con Tony que fue el que me dio a mí mis siguientes clases, un tipo excelente, calmado, muy buen profesor, con un montón de trucos para aprender bien.

Yo mientras tanto fui pasando por el calvario de múltiples exámenes. El problema de este examen de camión es que es muy fácil de suspender. Tienes que conducir una hora seguida y durante ese tiempo no cometer ningún fallo serio. Y es muy difícil, vas por esas condenadas carreteras inglesas, estrechas como ellas solas, llenas de dificultades y de tráfico y es muy complicado no meter la pata en algo. Así que allí iba yo, desde el segundo examen ya iba bien preparado pero siempre fallaba en algo. Cuando no me subía a un bordillo se me olvidaba poner el freno de mano en una cuesta o me cambiaba de carril sin poner el intermitente o... lo que fuera. Una desesperación. Y cada vez que suspendía tocaba esperar otras tres o cuatro semanas para poderme examinar y tocaba pagar una pasta.

Entre un examen y otro íbamos a recorrer las rutas de examen en nuestro coche. Yo había grabado la ruta de los distintos exámenes que había hecho con el GPS del móvil y luego las recorríamos con el coche, uno haciendo que llevaba el camión y el otro haciendo de examinador. Nuestra bestia negra era un pueblo llamado West Clandon, unas carreteras estrechas de narices en las que ya sudábamos tinta con el coche, así que imaginaros con el camión. Había una curva tan estrecha que uno de los laterales estaba lleno de los restos de los retrovisores de los coches que se los habían dejado allí al intentar pasar en el momento en el que pasaba otro coche. La llamábamos "la curva de los espejos"

Puri mientras tanto había hecho otras dos tandas de clases con Tony y llegó un día en el que no se veía del todo preparada pero si lo suficiente para por lo menos intentarlo. Ese día fuimos los dos juntos en el camión, yo suspendí mi examen y allá fue Puri con poca fe. Pero, como dice ella, le toco "San Examinador", un polaco que apenas hablaba, que fue muy comprensivo y que no encontró ningún fallo grave en toda su conducción. Aprobada a la primera!! Qué máquina!! Yo estaba súper contento y ella más.


Y yo por fin a la sexta aprobé. El suspiro que di cuando el examinador me dijo que estaba aprobado se debió oír en la China. Estaba ya realmente desesperado y cada suspenso era otra losa encima mío. Qué alegría!!! Todavía varios días después me despertaba soñando que suspendía, tan poco me lo acababa de creer.

Bueno, lo importante era que el día 6 de Abril por fin teníamos ya los dos nuestro carnet de "Yo para ser feliz quiero un camión". Llegaba el momento de empezar a hacer viajes con La Gringa. O por lo menos eso creíamos nosotros, no sabíamos que todavía nos quedaban más obstáculos en el camino, pero eso ya os lo contaremos en otros posts. 

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