A mediados de agosto emprendimos nuestro segundo viaje a Galicia. En esta ocasión el ferry era diferente del que cogimos el año pasado y tardaba más, salía a las 22:00 del jueves y llegaba a las 08:00 del sábado, así que había que pasar dos noches a bordo, un poco rollo. Cuando llegamos al ferry conocimos a un señor inglés que llevaba una autocaravana grande (no tanto como la nuestra) y un coche pequeño unido a la autocaravana con un enganche (a-frame), sin remolque. Esto es legal en el Reino Unido pero es ilegal en España, ya que se entiende que es como si un coche remolca a otro, que no es legal. El señor llevaba una serie de papeles para explicar por qué según no sé que normas esto debería ser legal pero no las tenía todas consigo. Yo creo que si le pilla la poli no le libraba nadie de la multa.
El viaje fue muy tranquilo, con buen tiempo y mar en calma, sólo un poco largo en exceso. El ferry se llamaba Galicia y estaba todo decorado con cuadros de temas gallegos y todas las salas tenían nombres gallegos, cosa que molaba bastante, era como un pequeño adelanto de lo que nos esperaba. En la comida también había platos supuestamente "gallegos" pero como estaban cocinados por franceses, el resultado era tirando a mediocre.
Después de desembarcar en Santander nos dirigimos directamente a nuestra siguiente parada, un área de autocaravanas junto a un camping en la playa de Bañugues, en Asturias, cerca de Luanco. Habíamos quedado allí a comer con Ana, una vieja amiga mía de hace muchos años que vive en Oviedo y estaba pasando las vacaciones en Luanco.
El área estaba bastante concurrida, tuvimos suerte de llegar a una buena hora, a última hora del día ya estaba completo. Estaba bastante bien, con bastante espacio y muy cerquita de la playa. Fuimos a comer con Ana y su marido y luego por la tarde fuimos a una playa cercana y nos dimos unos buenos baños. Según nos contó Ana habíamos tenido una suerte gigantesca, al parecer llevaba todo el verano haciendo un tiempo malísimo, con lluvia, y el día que llegamos fue el primer día que hizo bueno en todo el mes. Terminamos el día dándonos un buen paseo por Luanco y disfrutando de una buena cena al aire libre, una visita estupenda.
Al día siguiente emprendimos rumbo a Galicia y en el camino nos hizo un tiempo bastante malo, sobre todo al subir el puerto que hay que subir desde la costa de Lugo hasta el interior de la provincia, que nos cayó la del pulpo. Llegando a O Grove la cosa mejoró y llegamos con mejor tiempo. Cuando llegamos al pueblo nos encontramos con que estaba hasta arriba de autocaravanas. La zona donde nosotros solíamos aparcar, detrás del edificio de los abuelos, estaba ocupada y la zona alternativa del helipuerto tenía ya un montón de autocaravanas. Aparcamos la nuestra en un lateral y más tarde se llenó casi hasta el completo. La zona del espigón también estaba llena, así que había auténtico overbooking.

Pasamos unos días muy chulos en Galicia, sin apenas mover a La Gringa, solo fuimos una noche a dormir a La Lanzada. Al despertar al día siguiente había una niebla espectacular, había un ambiente auténticamente fantasmagórico. Estábamos en todo el proceso de ver casas en Pontevedra, así que aparte de ver a muchos amigos y a la familia y comer bien, nos pasamos mucho tiempo en Pontevedra viendo pisos, usando el coche del hermano de Puri para ir y venir.
Cuando llegó septiembre se fueron ya muchas caravanas y dejó de haber overbooking, cosa que agradecimos. El ambiente era más parecido al que habíamos visto el año anterior, sin tanta gente ni tanto agobio.
Cuando llegó el jueves 2 de septiembre emprendimos la vuelta. Habíamos tenido algunos problemas con las baterías de servicio que no cargaban bien, así que decidimos volver a parar en Bañugues porque sabíamos que allí había conexión eléctrica. Pero cuando llegamos nos encontramos con que el camping estaba cerrado y no había nadie para activar la conexión, así que nos tuvimos que apañar sin poder conectarnos a la red. Por la tarde dimos un paseo precioso por toda la costa entre Bañugues y Luanco, con unas vistas preciosas de los acantilados y playas de la zona.
Al día siguiente cogimos las bicis y nos acercamos a Luanco. Allí cogimos un autobús a Oviedo y pasamos la mañana deambulando por esta bonita ciudad que nos gustó mucho. Había hablado con mi amiga Ana y nos había recomendado algunos sitios para comer. Yo me zampé una riquísima fabada de la que todavía me acuerdo.
Por la tarde tiramos hasta Santander y pasamos la noche en un sitio estupendo. Es un área de autocaravanas que está al lado del puerto, a diez minutos del centro de la ciudad. Nos dimos un paseo muy chulo por el puerto, disfrutando de la vista y de los barquitos.
Al día siguiente el ferry salía a las 15:00 pero nos permitían hacer el trámite de check-in desde las 9:00 y que luego la autocaravana se quedase allí esperando. Así que después de desayunar tiramos hacia el puerto de los ferrys que estaba muy cerca, hicimos el trámite, cogimos las bicis y nos fuimos a explorar la ciudad.
Nos dimos un buen paseo siguiendo toda la línea de la costa hasta que el camino terminó en una playa. Al otro lado de la bahía podíamos ver el puerto donde estaba el área de autocaravanas donde habíamos pasado la noche. Después subimos hasta el Palacio de La Magdalena y estuvimos disfrutando de las bonitas vistas. Finalmente bajamos por el otro lado del monte hacia la playa del Sardinero. En el camino pudimos ver el recinto donde antiguamente había un oso polar y donde ahora tienen unas focas, algo un poco incongruente y sin mucho sentido. En la playa del Sardinero nos tomamos unas cervecitas y emprendimos el camino de vuelta para poder estar a la hora de salida del ferry.
El ferry salió a la hora prevista y nos despedimos con tristeza de España (pero sabiendo que muy pronto volveríamos). Un viaje muy agradable en el que pudimos disfrutar de nuestra tierra, la familia y los amigos.