Ora llueva, ora luce el sol (con tormenta)

A principios de mayo hicimos una excursión a Glastonbury y Wells y fue como esa frase que nos hacían aprender en el cole: "Ora llueve, ora luce el sol". Todo el fin de semana estuvo con un tiempo muy cambiante y lo mismo salía el sol y se estaba estupendamente que un rato después llegaban unas nubes negras horrorosas y caía un chaparrón.

El problema que habíamos tenido en el viaje anterior con el slide-out resultó ser un tornillo que se había quebrado, nos lo sustituyeron y ya está. Yo me fui a recoger a La Gringa en Newport el jueves por la noche y viajé al camping que habíamos encontrado cerca de Glastonbury el viernes por la tarde. Mientras tanto Puri vino desde casa con nuestro coche, así que una vez más teníamos dos vehículos, lo que nos vino muy bien dado el tiempo tan cambiante que nos hizo.

El sitio donde acampamos era super chulo, muy cuidado, con muchos detalles muy bonitos, de los más agradables donde hemos estado. Además parece ser que lo dedicaban fundamentalmente a gente que guardaba allí su caravana, más que a visitantes ocasionales, así que estuvimos súper solos, no vimos apenas a nadie. La mujer que lo llevaba era encantadora, mayor pero con las ideas muy claras (me ayudó a aparcar con unas instrucciones precisas y muy bien dadas) y tuvimos alguna buena charla con ella.

El sábado por la mañana fuimos hasta Wells donde había un pequeño mercado. Pasamos un rato estupendo curioseando todos los puestos y comprando algunas cosas ricas de comer y algún que otro detalle. De vez en cuando llegaban los chubascos y nos teníamos que ir a refugiar debajo de algún soportal.


Comimos al lado de la casa del obispo, un sitio muy chulo al que no entramos porque nos querían soplar 15£ y eso que estaba cerrado por el tema Covid y sólo se podía visitar el jardín, así que pasamos. Antes de entrar cayó otro buen chaparrón y estuvimos casi media hora refugiados en el portalón de entrada. Fuimos a intentar visitar la catedral pero ya la habían cerrado.

Cogimos el coche y emprendimos el camino de vuelta a Glastonbury. Empezó a llover de nuevo de lo lindo y en vista de esto decidimos hacer un plan alternativo. A la ida habíamos visto un outlet de Clarks, así que nos plantamos allá y pasamos un rato dominguero de tiendas.


A la salida del outlet parecía que el tiempo había mejorado un poco así que nos fuimos hacia el Tor, una edificación que hay en lo alto de una colina al lado de Glastonbury y desde la que hay unas vistas estupendas. La guía decía que había media hora de subida hasta la torre y Puri decidió ahorrarse la visita y esperarme en el coche. Pero la guía debía referirse a la subida desde el pueblo porque en menos de diez minutos estaba arriba. Al comenzar a descender volvió a empezar a llover a chorro gordo y me empapé bastante.

Luego volvió a salir el sol así que decidimos ir a darnos una vuelta por Glastonbury. Con tan mala fortuna que la abadía la cerraban a las 16:30 y tampoco la pudimos visitar. Pero nos dimos un agradable paseo viendo todas las tiendas hippies y llenas de objetos esotéricos que pueblan esta ciudad, parece ser que es un centro importante para iluminados, hippies y demás fauna. Entré a un super a comprar unas cosas y mientras estaba esperándome se le acercó a Puri una de estas flipadas y le dijo a dos centímetros de su oído "I love you", dándole a Puri un susto de muerte.

Por la noche hicimos una agradable barbacoa junto a La Gringa. Al día siguiente salimos hacia Bath y dejamos a La Gringa en un park and ride y nos fuimos en autobús al centro del pueblo. Teníamos reservada sesión en el Thermae Spa, un spa que ya conocemos y que nos gusta mucho y en el que ya habíamos estado con La Gringa el año pasado. Tras una relajante sesión de spa volvimos a La Gringa y emprendimos el viaje de vuelta.


Y ahí llegó la tormenta. Estaba subiendo una empinada cuesta a unas pocas millas de Bath cuando vi que se encendía una luz roja en el panel. Miré al indicador de temperatura y vi que estaba al máximo. Eché un vistazo y vi una señal que indicaba que había un lay-by (una zona de parar) a 400m. Reduje la velocidad y conduje hasta el lay-by donde intenté aparcar a La Gringa. Pero el sitio estaba lleno de coches y sólo conseguí entrar en un hueco parcialmente, dejando todavía medio metro de vehículo en la carretera. En cuanto paré empezó a salir un montón de vapor del motor. Puri consiguió aparcar un poco más atrás de mí y flipó con el panorama.

Llamamos a la asistencia en carretera y nos dijeron que vendría un vehículo de ayuda en 3 o 4 horas. Señalizamos a La Gringa como pudimos, con unos chalecos reflectantes que colgamos de la parte de atrás y un triángulo de señalización, pero nos preocupaba que llegase la noche. Finalmente al cabo de algo menos de tres horas llegó la ayuda. El señor que vino llenó de nuevo el depósito de refrigerante con agua (tuvimos que meter un montón de agua) y llegó un momento en el que vio que salía líquido de debajo del motor. Se metió debajo de La Gringa y nos dijo que había una tubería que tenía un agujero grande.

En vista de que no se iba a poder reparar nos dijo que lo mejor era moverla fuera de ese sitio donde estaba sobresaliendo de forma peligrosa antes de que se hiciese de noche, que como había vuelto a rellenar el depósito de refrigerante podríamos conducir unas millas sin problema. Así que eso hicimos, condujimos unas millas hasta una carretera lateral sin tráfico y allí nos quedamos esperando a una grúa.

La grúa tardó un montón en llegar, los de asistencia en carretera contactaron con una empresa de salvamento de vehículos que a su vez contactó con otra empresa más pequeña local. Así entre mensajes entre unos y otros no llegaron hasta nosotros hasta cerca de las doce de la noche. Puri aprovechó el rato para echar una cabezadita, pensando en que tenía que levantarse temprano al día siguiente.

Empezamos a subir a La Gringa a la grúa pero pronto se dieron cuenta de que había un problema. Nuestra altura al suelo en la parte de atrás es bastante baja por los depósitos del LPG (de hecho ya habíamos rozado alguna otra vez) y al inclinarnos para subir a la grúa tocaban en el suelo. Estuvieron un buen rato intentando solventar este problema a base de levantar las ruedas con unos tablones que llevaban en la grúa pero tuvimos que esperar a que llegase el jefe con unas traviesas grandes de tren que levantaron las ruedas lo suficiente como para que pasase sin tocar. La verdad es que los chicos que hicieron esta operación eran unos máquinas que sabían perfectamente lo que hacían, tuvimos suerte de dar con gente tan experimentada.


En la foto no se ve muy bien pero esa es nuestra Gringa finalmente subida en la grúa a las dos de la mañana. Gracias a que teníamos el coche pudimos seguir nuestro viaje y llegar finalmente a casa a las cuatro de la madrugada ¡Menuda pesadilla!

Al día siguiente La Gringa ya estaba en el taller de Steve en Newport (de nuevo se demostró la profesionalidad de los que nos asistieron) y esa misma semana quedó lista (tuvieron que pedir la pieza a EEUU y llegó en un tiempo record de dos días). Así que el fin de semana siguiente repetimos la jugada, yo me fui a Newport el viernes por la tarde y el sábado por la mañana me fui con La Gringa hasta un camping que habíamos cogido en el New Forest. Puri se vino desde casa con Marisa, una amiga que iba a pasar con nosotros el fin de semana.


En el New Forest estuvimos en un camping en el que ya había estado el año anterior, es un camping bastante chulo con mucho espacio. Por la mañana nos dimos un buen paseo por el bosque y por la tarde hicimos lo mismo con las bicis. El New Forest es un sitio mágico, con unas arboledas extraordinarias y lo pasamos estupendamente.

Al día siguiente nos acercamos con el coche a Lymington, un pueblito marinero en el que nos pudimos dar una vuelta disfrutando de los barquitos y la ría. Estábamos comprando unos helados en la calle principal cuando de pronto cayó una granizada tremenda, no duró ni un minuto pero fue bestial. Era lo único que nos faltaba para culminar estos fines de semana con un tiempo tan loco.


Aventuras marineras

 

Después del largo paréntesis invernal donde no fuimos a ver a La Gringa porque estaba prohibido (y además no apetecía nada con tanto frío y anocheciendo tan pronto), a mediados de Abril nos acercamos a ver cómo andaba y darle una limpieza. Y nos encontramos con que no la pudimos arrancar, el motor de arranque funcionaba pero no acababa de encender. Nos fuimos a casa frustrados por no haber podido ponerla en marcha.

Hablando con Steve, nuestro mecánico de motorhomes favorito, me comentó que con esos síntomas todo indicaba que pudiese ser un problema de la bomba de combustible y me dio unas instrucciones para probar varias cosas a ver si averiguábamos el problema. Volvimos al fin de semana siguiente y, tras un arduo trabajo detectivesco digno de Sherlock Holmes, determinamos que el problema estaba en un relé. Lo cambiamos por otro y, aleluya, conseguimos que arrancase.

Steve quedó en mandarme un relé de repuesto pero no lo pudo encontrar a tiempo, así que un fin de semana después me fui para Gales habiendo puesto en lugar del relé fundido el que controlaba el ventilador del calefactor, que no lo necesitaba usar. Llegué a Newport sin incidencias y allí se quedó La Gringa para que le mirasen unas cuantas cosas, principalmente la bomba de agua que no funcionaba correctamente desde nuestro viaje a Galicia.

Volvimos en tren al siguiente fin de semana y pasamos la noche aparcados junto al garaje de Anglo American Motorhomes. Vinieron a vernos Sara y Emma, nuestras amiguitas de Gales, y tuvimos una noche muy agradable de charla, risas y conversaciones mientras disfrutábamos de un menú takeaway hindú. Da gusto poder volver a ver a las amigas después de tanto tiempo de no poder ir a ningún lado.

Al día siguiente nos levantamos con calma y salimos hacia Tenby, un pueblo en el sur de Gales en el que íbamos a pasar el puente del primer fin de semana de Mayo. Tras un viaje tranquilo sin incidencias llegamos al camping que estaba bastante bien, mucho espacio y una buena localización, con una entrada poco complicada.

Empezamos a instalarnos y cuando fuimos a abrir los slide-outs nos encontramos con que el de adelante solo funcionaba de un lado. El motor de atrás se había quedado atascado y no iba para adelante ni para atrás. Afortunadamente conseguimos que casi volviese a su posición de reposo, quedando sobresaliendo sólo unos 5cm, así que podíamos conducir. Pero nos quedamos sin poder usar ese slide-out ese fin de semana.

Enseguida trabamos conversación con Sam, nuestra vecina de la parcela de al lado. Una chica de la zona que se había comprado una caravana y que estaba disfrutando de un fin de semana de vacaciones con sus dos hijas, a la espera de que se incorporase el marido al día siguiente, que ese sábado estaba trabajando. Las dos niñas pequeñas en seguida quisieron ver la motorhome, así que les hicimos un tour.

Después de comer cogimos las bicis y tomamos camino de Manorbier, una playa cercana. Cuando estábamos llegando me equivoqué en un cruce y tiré hacia donde no debía y de pronto me encontré delante de un castillo que no esperaba. Decidimos aprovechar y hacer una visita. El castillo era pequeñito pero molón y pasamos un buen rato recorriendo todos sus recovecos.

Después llegamos por fin a la playa de Manorbier, un playón estupendo con una zona muy rocosa y otra con arena. Hacía una tarde medio agradable y nos pudimos dar un paseo estupendo. Vimos a un tipo que de pronto se quedó en calzoncillos y se dio un baño. Le preguntamos qué tal el agua y nos dijo "very cold!" y nos partimos todos de risa.


Decidimos seguir camino junto a la costa en lugar de volver por el mismo lado y nos encontramos con unos cuestones que nos dejaron con la lengua fuera. Pero el día estaba agradable y nos pudimos dar un buen paseo por unas carreteras estrechas entre granjas y campos de cultivo.

Volvimos a La Gringa y después de unas merecidas cervezas cenamos unas costillas de cerdo y unos choricitos hechos en la barbacoa y luego pronto a descansar.

Al día siguiente cogimos de nuevo las bicis y tomamos camino de Tenby. Fuimos por un camino muy subibaja, lleno de cuestas. Llegamos a un punto desde el que había una vista estupenda de la isla de Caldey y muchos campos cultivados llenos de flores amarillas. Empezamos a descender camino de Tenby y bajamos por unas cuestas super empinadas, estaba claro que a la vuelta íbamos a tener que buscar otro camino.



Llegamos a Tenby y dejamos las bicis candadas muy cerca del puerto. Tenby es un pueblo marinero precioso. También es muy turístico y estaba hasta la bandera de gente. Nos dimos una vuelta pasando por una playita que había allí al lado y vimos mucha gente que, a pesar de que hacía bastante frío, como estaba soleado, estaban bañándose y tomando el sol. Nosotros íbamos con nuestro abrigos y parecíamos de razas diferentes.

Recorrimos todo el paseo marítimo y nos tomamos unos helados refugiados debajo de unas sombrillas en un momento en que se puso a llover. Volvimos a donde las bicis y comimos nuestros bocatas en unas mesitas que había junto al puerto, disfrutando de todo el ambiente marino.



Después de comer habíamos reservado para hacer una excursión en barco a la isla de Caldey. Pasamos un frío horroroso con el viento helado que hacía pero el paseo fue muy bonito, la isla era super chula y vimos muchas cosas interesantes, incluyendo algunas focas. Yo no paraba de pensar en varios niños que iban en el barco vestidos de verano, en chanclas, bañador y camiseta, pensando que debían estar helados, pero parecían bien contentos. Lo que digo yo, otra raza.

Al volver Puri consiguió entrar a comprar a una pequeña pescadería que había junto al puerto, había estado todo el día con mucha cola pero a esas horas la gente ya se estaba recogiendo. Salió con un buey de mar y un bogavante como botín, así que esa noche nos dimos un buen homenaje.

Emprendimos el camino de vuelta, por un camino menos empinado pero que también estaba lleno de subibajas. Al final de una buena cuesta me paré a esperar a Puri y estaba tardando mucho. La vi llegar muy despacio y con la lengua fuera. Resulta que su bici se había quedado sin batería. Afortunadamente estábamos ya bastante cerca del camping y pudimos llegar sin mayores contratiempos.

Cuando llegamos estuve un rato sentado con Sam y su marido que acababa de llegar, tomando un vermucito al calor del poco sol que alumbraba. Andaban por allí sus dos hijas terremotos, corriendo por todas partes descalzas y con un amiguete que habían hecho y que andaba también por allí como un bólido con su bici.

Al día siguiente el pronóstico del tiempo era horroroso, al parecer iba a hacer muchísimo viento y bastante lluvia empezando a media mañana. Así que nos levantamos bastante temprano y salimos dirección a Newport. Habíamos hablado con Steve y habíamos quedado en que le íbamos a dejar a La Gringa para que mirase el problema del slide-out. En el camino no nos hizo demasiado malo pero ya llegando a Newport empezaba a empeorar bastante. Volvimos en tren a casa con el alivio de habernos podido librar del temporal.

En resumen, un fin de semana estupendo en el que pudimos disfrutar de unas buenas aventuras junto al mar, lástima del problema con el slide-out y de haber tenido que volvernos tan pronto el lunes.