Cumpleaños con coche nodriza

 

A finales de octubre, después del cambio de hora, empieza a anochecer tan pronto que los días dan para poco y comienza a ser complicado ir a ningún lado con La Gringa. Pero el finde del 31 de octubre teníamos un día extra porque me daban un día libre en la empresa por ser mi cumpleaños, así que decidimos sacarla. Eso sí, a algún sitio cercano porque si no se nos iba a hacer de noche antes de que pudiéramos llegar a ningún lado, así que decidimos acercarnos a los Costwolds.

Según se acercaba la fecha, el pronóstico del tiempo era bastante horroroso. Ya habíamos tenido que cancelar algún plan de viaje por coincidir con mal tiempo pero esta vez no me apetecía nada quedarme en casa, me apetecía salir y disfrutar del cumple. Pero claro, tampoco apetecía pasarse el día en la caravana, que es lo que parecía que íbamos a tener que hacer con ese pronóstico tan malo. Así que se me ocurrió una idea. Como el sitio al que íbamos a ir estaba más o menos cerca se me ocurrió que podíamos llevarnos también el coche, yo conduciendo La Gringa y Puri el coche. Así por lo menos teníamos un medio de desplazarnos y visitar sitios si, según lo previsto, hacía mal tiempo. Y así hicimos.

Salimos el sábado por la mañana y, efectivamente, hacía un tiempo de perros, con bastante lluvia y viento. Pero según fue avanzando el día la cosa mejoró y cuando llegamos a Cheltenham estaba el tema bastante bien, nublado pero sin viento ni lluvia. El camping al que fuimos estaba genial, una entrada muy franca y unas parcelas estupendas, con suelo de grava. Uno de los mejores sitios en los que hemos estado.


Por la noche salimos a cenar a un estupendo restaurante de postín, celebrando mi cumpleaños. Una buena cena muy agradable, con cosas muy ricas, sobre todo una carne con una salsa con remolacha que estaba buenísima.

Al día siguiente salimos a visitar los pueblitos de los Costwolds. Son una maravilla, perfectamente conservados, llenos de casas muy hermosas, un placer para la vista. Fuimos primero a Stanway, un pueblito de cuatro casas con una iglesia espectacular y luego a Stanton donde nos dimos un buen paseo y nos hinchamos a hacer fotos. El pueblo estaba lleno de gente a caballo y se notaba que allí la gente tenía pasta.


Desde allí nos dirigimos a Broadway, un pueblo más grande en el que había un parking con una zona para autobuses donde vimos que La Gringa hubiese podido aparcar fenomenal. Apuntado para otra futura excursión a la zona. En Broadway sobre todo nos dedicamos a ir de tiendas, había un montón de comercios de alimentación, artesanía, ropa, etc... en la calle principal, todo muy auténtico, se agradecía ver un pueblo que no estaba invadido por los Zara, Costa y McDonalds de rigor. Nos dejamos una pasta, sobre todo en cositas ricas para comer. 

Cuando estábamos terminando nuestro paseo por el pueblo empezó a chispear. Hasta ese momento había estado haciendo un tiempo bastante bueno y yo me preguntaba si realmente habíamos necesitado traer el coche. Pero a partir de ahí el día empeoró bastante y la decisión de traer el coche se mostró muy sabia. 



Comimos unos bocatas en el coche y continuamos la excursión. Fuimos hasta Snowshill, otro pueblo precioso y hasta la torre de Broadway, muy espectacular, pero en ambos sitios no pudimos pasear porque estaba ya lloviendo bastante. El día se acababa así que nos volvimos a La Gringa y pasamos allí tranquilamente la tarde jugando al Mahjong

Al día siguiente vaciamos los depósitos de aguas grises y negras y salimos tranquilamente sin prisa. Nada más salir del camping me encuentro con que hay unas obras y están asfaltando la carretera. Se acerca uno de los operarios y me dice que no podemos pasar y que tenemos que dar vuelta. No había espacio para dar vuelta, así que me tocaba dar marcha atrás, algo complicado con este bicho gigante. Y además en la otra dirección había que pasar por un túnel por debajo de una autopista y no tenía claro que tuviese la altura necesaria para que pudiésemos pasar. Así que Puri se fue con el coche a investigar si podíamos pasar.

Estaba allí esperando a que volviese Puri cuando de pronto veo llegar a un camión y que pasa tranquilamente hacia delante sin que los de la obra le digan nada. Los de la obra debieron ver mi cara de no entender nada porque de pronto me hacen señas y me dicen que me apresure a pasar. Intento llamar a Puri para avisarla pero no consigo contactar, así que decido tirar adelante antes de que se arrepientan. Llego a una intersección y cuando estaba dudando qué hacer veo que ya vuelve Puri, que debió flipar al no verme donde las obras. 

Un camión me deja pasar y me incorporo. Pero no deja pasar a Puri y se tiene que incorporar varios coches más atrás. Me doy cuenta de que Puri no sabe exactamente a dónde vamos y tras girar en una rotonda no estoy muy seguro de que haya visto hacia dónde hay que ir. Intento parar en algún lado pero no hay ningún sitio donde poder hacerlo. Sigo adelante por el camino previsto, sin ver que Puri me siga, siempre buscando algún sitio donde poder parar pero me lleva más de 15 minutos antes de que lo consigo. Intento contactar con Puri pero no lo consigo, así que le mando una ubicación de a donde vamos por Whatsapp con la esperanza de que en algún momento pueda verla.

Puri no sabía exactamente dónde íbamos pero sí sabía que era un pueblo que tenía mercado los lunes y con ese dato y el rumbo aproximado consigue deducir donde es, así que finalmente llegamos a Cirencester más o menos al mismo tiempo y conseguimos volver a reunirnos.

Repostamos gas y dejamos La Gringa en el aparcamiento de camiones de la gasolinera. Sorprendentemente no hay límite de estancia en este parking e incluso está permitido pernoctar, algo muy poco habitual en este país donde todos los aparcamientos están limitados, así que tomamos nota para otra vez.



Nos acercamos con el coche a Cirencester, un pueblo que no tiene gran cosa de interés, tan sólo una iglesia chula y un mercadito bastante pequeño. Pero nos basta para comprar unos quesos y algunas otras cosas ricas y para darnos un agradable paseo aprovechando que el tiempo nos da un respiro.

Retomamos el camino y conseguimos llegar de vuelta a donde guardamos La Gringa antes de que anochezca. En resumen, una excursión muy tranquila en la que el hecho de llevar nuestro coche nodriza nos permitió poder celebrar mi cumpleaños y disfrutar de estos pueblitos tan encantadores.

Los cuentos de Canterbury

 


A principios de Octubre habíamos planeado hacer una excursión al New Forest pero ese fin de semana hizo un tiempo horroroso, así que lo tuvimos que cancelar. Afortunadamente, el fin de semana siguiente hizo bastante mejor y pudimos hacer otra excursión bastante interesante. Nos habíamos pedido el lunes de vacaciones, así que teníamos tres días y decidimos irnos a visitar la zona alrededor de Canterbury, que no la conocíamos

Salimos el sábado por la mañana y en el viaje de ida nos encontramos un montón de tráfico y retenciones causados por varias obras que había en el camino. En Inglaterra están siempre de obras en las carreteras, es un poco pesadilla. El viaje se hizo bastante eterno, teníamos que haber tardado tres horas y tardamos más de cinco.


Finalmente llegamos a Dover con el tiempo justo de darnos un paseo y poder ver los famosos acantilados. No están mal, pero prefiero los de Seven Sisters, cerca de Brighton. El camino de entrada a la zona de aparcamiento del National Trust era un poco estrecho pero como no había apenas tráfico pudimos pasar sin problemas. Y la zona de aparcar autobuses donde dejamos a La Gringa mientras dimos el paseo no era más que un solar medio inundado pero nos hizo el servicio

Después de esta visita relámpago tiramos hacia el camping que estaba en las inmediaciones de Sandwich. Llegamos justo a tiempo poco antes de anochecer, el camping estaba bastante bien, una buena entrada y mucho sitio, nos pusieron al final de un camino para que estuviésemos sobre un terreno duro.

Al día siguiente al despertar me encontré con que La Gringa estaba rodeada de coches, lo que me extrañó porque el día anterior no había nadie. Resulta que el camping tenía un montón de lagos para pescar y todos los coches eran de pescadores que habían venido temprano a echar el día. Desayunamos mientras contemplábamos alucinados el equipamento que desplegaban los pescadores. Parecía que iban a la guerra, con unos armatostes impresionantes, uno pasó con varios carritos llenos hasta arriba de cacharros. Los ingleses y la pesca, vaya mundo!!


El domingo el plan original era que nos íbamos a acercar a Canterbury con La Gringa y dejarla en el Park & Ride pero Puri descubrió que había una línea de autobuses que pasaba junto al camping y que nos llevaba directos y decidimos no mover nuestro trasto. Nos acercamos a la parada de autobús con las bicis y las dejamos allí candadas mientras íbamos a hacer la visita. El autobús iba por una ruta en la que la carretera era súper estrecha y el tío iba a toda leche, pasando a milímetros de las casas y obstáculos de la ruta, yo iba acojonado y no podía dejar de pensar en si hubiésemos tenido que hacer ese trayecto con La Gringa

Llegados a Canterbury nos acercamos a la catedral donde teníamos reservada la visita. La catedral es magnífica, muy curiosa, sobre todo porque tiene una arquitectura muy peculiar y una estructura muy diferente a otras catedrales que hayamos visitado. Pasamos un buen rato visitando la catedral a fondo, fue muy interesante. Lo único malo es que estaba en obras, con muchos andamios por fuera y una parte del techo cubierta, pero pudimos ver lo suficiente como para irnos satisfechos.


Después de la visita a la catedral teníamos hora para dar un paseo en barca por unos canales que hay por el centro de la ciudad. Justo antes de subirnos a la barca llovió un rato y por un momento temimos que se nos fuese a fastidiar el paseo, pero dejó de llover mientras esperábamos a embarcar y pudimos dar el paseo sin mojarnos. Nuestro guía era un chaval inglés que había pasado mucho tiempo en Málaga, fue muy simpático y el paseo muy ameno e interesante.

Después de este paseo fuimos a comer a un parquecito que habíamos visto desde la barca, un sitio bastante agradable. La ciudad no parecía dar para más, es algo que he visto en muchas ciudades con historia de Inglaterra, en cuanto te sales de las cuatro calles que tienen algo histórico el resto es todo igual en todas partes, lleno de Costas, Boots y similares, les falta caracter. Así que decidimos volver y acercarnos a Sandwich que habíamos leído que era bastante interesante.

Sandwich resultó una decepción. Fuera de un antiguo puente de peaje y cuatro casas medio antiguas no tenía nada que resaltar, así que fue un poco de chasco. Y además a mi bici le dio por dejar de funcionar el motor, así que tuve que estar toda la vuelta al camping dándolo todo con la lengua fuera.

Por la noche habíamos previsto hacer una barbacoa junto a La Gringa pero llegando allí había unas nubes bastante oscuras y decidimos cancelar el plan. Y menos mal que lo hicimos porque poco después comenzó a llover a lo bestia con una gran tormenta con rayos y truenos. Salvados por la campana!!

El lunes dejábamos el camping por la mañana pero al ir a salir nos encontramos con que uno de los pescadores había dejado su coche de tal forma que apenas dejaba hueco para pasar. Intenté pasar echándome mucho a un lado pero las ruedas de la autocaravana empezaron a patinar así que tuvimos que abortar el intento. Puri salió para avisar al del camping y tuvo que hacer un poco de alpinismo ya que el lado de la puerta estaba pegado a un desnivel lateral y apenas se podía pasar. El del camping fue a ver si encontraba al del coche y afortunadamente estaba por allí y no tuvimos que esperar mucho. Puri me escoltó el resto del camino hasta que salimos del camping porque había muchos otros coches aparcados y nos preocupaba que se repitiese el problema. Afortunadamente pudimos pasar sin más apuros por el resto de sitios.

Camino de Margate decidimos ir a echar gas a una gasolinera y entre que la gasolinera era bastante pequeña, que estaba hasta arriba de gente y que la gente no colaboraba ni una pizca, estuvimos un buen rato hasta que conseguimos hacer toda la maniobra de colocarnos junto al surtidor y luego volver a salir.

Llegamos por fin a Margate y aparcamos en un sitio cojonudo, un parking muy grande para coches que recorría todo el lateral de una playa, había cientos de sitios y no tuvimos problema en encontrar una zona donde dejar La Gringa ocupando varios de ellos. 


Cogimos las bicis y nos fuimos a visitar una cosa súper curiosa, una gruta que estaba completamente decorada con conchas, muy interesante y fascinante. Echamos un buen rato visitando la gruta y contemplando todo el trabajo que había llevado construirla. Después volvimos a coger las bicis y nos acercamos hasta la zona de playa.


Margate resulto ser un pueblo muy bonito, con unas zonas de playa espectaculares, muy cuidado e interesante. Es una pena que no tuviésemos más tiempo, habrá que volver en otro momento que haga mejor tiempo.

Mi bici seguía sin funcionar, así que volví de nuevo con la lengua fuera a donde habíamos aparcado La Gringa. Comimos y emprendimos el camino de vuelta. El regreso fue mucho mejor que la ida, no encontramos ningún tráfico y en poco más de tres horas estábamos de vuelta, se nos hizo el trayecto mucho más corto. Y Puri se animó a conducir un rato desde los alrededores de Sevenoaks hasta la estación de servicio de Fleet, así que todo estupendo.

En resumen un fin de semana muy interesante en el que pudimos conocer esta zona del país y en el que el tiempo nos respetó lo suficiente como para poder disfrutar del viaje. Nos quedaron ganas de volver en otro momento en el que haga incluso mejor tiempo y podamos disfrutar de las estupendas playas que conocimos.