Viaje a Suiza, parte 1



Había llegado el momento de plantearse un viaje más largo. Puri tiene una sobrina-nieta que ha nacido hace pocos meses y a la que no conocíamos. Su madre, sobrina de Puri, vive en Suiza, donde también vive el hermano mayor de Puri con su familia. Así que decidimos tomarnos unas vacaciones y hacer un viaje hasta Suiza, tomándonoslo con calma y disfrutando del camino.

Salimos un viernes por la tarde después de que yo recogiese a Puri con La Gringa frente al hospital donde ella trabaja. Un viaje bastante tranquilo hasta cerca de Dover donde íbamos a tomar el ferry. Habíamos planeado parar unas horas en una gasolinera en Dover porque nuestro ferry no salía hasta la una de la mañana. Pero al llegar a Dover nos dimos cuenta de que esa gasolinera no tenía area de descanso o aparcamiento. Teníamos un billete flexible que nos permitía coger un ferry hasta cuatro horas antes o después de la hora reservada, así que nos fuimos hasta la entrada al ferry a ver si podía ser posible coger uno más temprano. No hubo problema y además no nos cobraron nada extra (estos billetes más tempranos eran más caros) así que a las once ya estábamos embarcando. Genial!!

Tras un par de horas de travesía llegamos a Calais. Yo había buscado un area de auto-caravanas que estaba bastante cerca de la terminal del ferry, así que allí nos plantamos. Y nos encontramos con que la barrera de entrada al sitio era estrechísima y no había forma de que cupiese La Gringa. Justo enfrente del area de pago había una zona para descargar aguas grises y repostar agua. Dado que eran las tantas y que no nos apetecía andar buscando otro sitio decidimos pasar la noche en esa zona en la que en teoría no podíamos estar, pero ¿quién nos iba a decir algo a esas horas? Dormimos estupendamente pero a las ocho de la mañana ya teníamos allí un señor diciendo que nos teníamos que ir

Así que tras ese despertar más temprano de lo que hubiésemos deseado cogimos carretera y manta y pusimos rumbo a Reims. Las autopistas francesas son estupendas, muy bien conservadas y con unas areas para parar y descansar que son una maravilla. Además las hay cada pocos kilómetros, así que es súper fácil parar cuando es necesario para descansar. Puri se animó a conducir un rato sin ningún problema.

 

Llegamos a Reims poco antes de la hora de comer. Yo había buscado un sitio estupendo para dejar la caravana mientras visitábamos la ciudad, era el parking de un estadio y estaba cerquita del centro, ideal para ir en bici. Pero llegamos al parking y resulta que esa tarde había partido!! Así que el parking estaba cerrado. Puri miró en el móvil buscando otro sitio donde dejar a La Gringa y encontró un parking para autobuses. Tiramos para allá pero resultó ser una bodega de Champagne que tenía una zona de parada de buses para los visitantes pero nada más, así que no podíamos dejar allí la caravana. Decidí que había que parar donde pudiésemos para poder echar un vistazo con el ordenador y buscar un parking y de pronto encontramos un hueco grande para aparcar. La Gringa cabía perfectamente, la calle era lo suficientemente ancha para no molestar y no había ninguna señal que indicase que no podíamos aparcar, así que allí nos quedamos.



Comimos algo en la caravana, cogimos las bicis y fuimos hasta la catedral. Esta es impresionante, probablemente uno de los edificios más bellos que haya visto. De un tamaño descomunal, es sobrecogedora y una maravilla. Después de visitar la catedral nos sentamos a tomar algo en una terraza donde nos atendió un camarero de Madrid que llevaba tanto tiempo en Francia que ya tenía acento francés. El camino de vuelta con las bicis lo hicimos por una ruta diferente junto al río que estuvo estupenda.

Seguimos en ruta y paramos para pasar la noche en un pueblo pequeño camino de Dijon. Otra de las cosas buenas de Francia es que casi en cada pueblo tienes un area de auto-caravanas, la mayoría de ellas gratis. Nosotros habíamos comprado una guía de todas estas areas que nos vino genial para ir planificando la ruta. Un paseito antes de cenar por el pueblo que parecía fantasma, no había ni dios por las calles. Localizamos una panadería para comprar unos bollos para el desayuno del día siguiente y volvimos a nuestra Gringa a pasar la noche tan ricamente

Cuando nos levantamos al día siguiente casi todos nuestros vecinos en el area de auto-caravanas ya se habían ido. Qué madrugadores! Me acerqué a comprar unos ricos croissants (que maravilla unos croissants de verdad, no la patata que nos suelen vender en España) y después de desayunar emprendimos camino. Ese día apenas paramos más que para descansar un poco de vez en cuando y para repostar, comimos en un area de servicio en el camino. Puri también condujo una buena parte del camino.


Llegamos al sitio donde habíamos planeado pasar la noche, un area para caravanas junto a un lago precioso (Saint-Point Lac) junto a la frontera con Suiza. Este area era de pago y según llegamos veo que está vacía, lo que me extrañó bastante. Intentamos entrar y resulta que no hay forma, la máquina que hay a la entrada no acepta ningún tipo de tarjeta, siempre da error. Más tarde llegan otro par de caravanas y les pasa lo mismo. Por eso estaba vacía, no había forma de entrar. Decidimos quedarnos en un parking para coches que hay al lado, confiando de nuevo en que nadie nos diga nada. Las otras auto-caravanas siguen nuestro ejemplo.

Puri ve a unos paisanos con unas vacas y se va a curiosear. Consigue entenderse con uno de ellos que le confirma que aquí no hay policía ni nada parecido y que nadie nos va a decir nada. Se pasa un rato más charlando con ellos y viendo lo que hacen las vacas y consigue averiguar que muy cerquita hay una tienda de quesos que vende muchos quesos artesanos elaborados con la leche de estas vacas. A la mañana siguiente compramos un montón de estos quesos, un descubrimiento genial.

Al día siguiente emprendemos camino y pronto llegamos a la frontera con Suiza. Aunque habíamos comprado la pegatina para poder circular por las autopistas de Suiza allí nos enteramos de que esta pegatina sólo vale para vehículos de menos de 7500Kg, así que no nos vale y tenemos que pagar la tasa correspondiente a camiones que va según los días que vayas a estar y que se paga en la misma frontera. Bueno, ya lo sabemos para otra vez.

Paramos en una gasolinera y yo intento rellenar el depósito de gas que se usa para la calefacción, no el que se usa para combustible y descubro que no puedo usar el adaptador que tengo porque la boquilla de ese depósito no tiene rosca. Teníamos la duda de si cuando estuviésemos en el pueblo del hermano de Puri íbamos a dormir en La Gringa o no porque nos habían ofrecido quedarnos en un apartamento y el detalle de no tener combustible para la calefacción nos acabó de decidir para ir a ese apartamento. Además al ir a repostar me di cuenta de que en la anterior parada en la autopista me había dejado puesto el freno de mano. En el momento no le di más importancia al tema pero ya veréis que más adelante si que tuvo importancia.


Los paisajes de Suiza son espectaculares. El lago Lemans es una maravilla, rodeado de altas montañas, proporciona una vista que te deja alucinado. Seguimos una carretera bastante llana junto al lago con muy buenas vistas y por fin llegamos hasta el punto donde teníamos que coger la carretera que sube hasta Crans-Montana. Esta es una carretera muy empinada y yo no estaba seguro de como se iba a comportar La Gringa pero se comportó como una campeona, subimos despacito pero sin pausa y no tuvimos ningún problema hasta llegar hasta el pueblo.

Allí nos encontramos con que había un montón de obras. Resulta que es la época en la que menos gente hay, ya se fueron los visitantes de verano y aún no llegaron los de invierno y es la época en la que aprovechan para hacer todas las obras que hay que hacer. Así que fuimos poco a poco pasando de obra en obra entre estrecheces. En una de ellas había un buen escalón en uno de los lados y yo iba tan preocupado de no meterme en ese escalón que di con el espejo del lado del conductor con una señal de tráfico. El espejo se dobló sin dañarse y yo quise bajar para volverlo a colocar, así que puse el freno de mano y ya iba camino de la puerta cuando oigo a Puri gritar "Barel, que se mueve!!". Efectivamente, el freno de mano debió quedar dañado al quedarse puesto y ya no hacía su función y habíamos empezado a ir cuesta abajo. Volví al sitio de conducción de un salto y pude frenar la caravana antes de sufrir ningún percance pero menudo susto!!

Puri se bajó para intentar mover ella el espejo, pero está bastante alto y no llegaba bien así que sólo lo podía coger del borde inferior. Tirando de él para intentar colocarlo se separó el espejo inferior y quedó colgando, así que tuvimos que ir con este espejo bamboleando el resto del camino. Afortunadamente pudimos colocar el resto del espejo y más tarde una buena aplicación de cinta americana dejo el espejo perfecto para su uso.


Llegamos por fin junto al campo de golf donde está la casa del hermano de Puri. Allí estaba esperándonos él con nuestro sobrino-nieto, "terremoto" Adrián, una gran alegría poder verlos por fin. Un viaje estupendo en el que pudimos disfrutar mucho del camino. Luego pasamos unos días maravillosos en Suiza, pero de eso hablaremos en otro post.



Líos cerca de Dorchester


Tenemos una buena amiga, Kate, que hace un par de años se fue a vivir a Dorchester. Teníamos ganas de verla, así que decidimos hacerle una visita a ella y a su marido David con La Gringa. A pesar de que ya era septiembre, estaban todos los campings a tope y sólo pude encontrar sitio en un camping en Sparkford, a unas 25 millas de Dorchester.

Llegamos al camping el viernes por la noche y nos encontramos una parcela para La Gringa estupenda, muy grande, de muy fácil acceso, tenía incluso una mesita de madera con un par de bancos junto a la parcela, de lujo!! Una cosa curiosa es que era un camping sólo para mayores de edad, no se admitían niños. Me gustó mucho el sitio, sin duda volveremos

Al día siguiente habíamos quedado por la noche con estos amigos, así que aprovechamos el día para hacer un poco de limpieza y arreglar algunas cosas que estaban pendientes. Por fin conseguimos que funcionase la lavadora, había un grifo escondido que no sabíamos que existía y que estaba cerrado. Cuando lo abrí por fin conseguimos ponerla en marcha.


Por la tarde cogimos las bicis y nos fuimos a Castle Cary, un pueblo cercano bastante chulo. El paseo en bici se nos dio fenomenal y las bicis eléctricas se portaron como unas campeonas. Sobre las 6 vinieron ya estos amigos. Habíamos quedado bastante pronto porque el camping cerraba sus puertas por la noche a las 9 y tenían que haber salido antes de esto, así que planeamos una cena temprana (para los horarios españoles). La cena estuvo estupenda y fue un placer poder compartir este tiempo con ellos.

Para el día siguiente no teníamos plan pero vimos que había cerca una casa de National Trust, Montacute House, y quedamos con estos amigos en vernos allí para visitar la casa y comer en la cafetería. En la propia casa no había un parking donde pudiésemos dejar La Gringa así que estuve yo investigando y encontré un parking que había en lo alto de un monte cerca de un paraje natural, a poco más de una milla de la casa. Estuve mirando con Google Street View la entrada al parking y parecía lo suficientemente ancha como para no tener problemas, así que al día siguiente allá que fuimos.


La entrada al parking efectivamente no fue nada complicada y pudimos dejar La Gringa bien aparcadita y coger las bicis, pero antes de llegar allí tuvimos que pasar por unas calles bastante complicadas y estrechas, aunque afortunadamente no encontramos ningún tráfico de frente y no tuvimos problemas. Bajamos toda la cuesta hasta Montacute e hicimos una buena visita a la casa. Después de comer con estos amigos nos despedimos y emprendimos el camino de vuelta. El camino era bastante empinado pero aún así conseguimos subirlo bastante bien con las bicis eléctricas.

Como en el camino de ida habíamos pasado por unos sitios bastante estrechos, miré el mapa y vi que siguiendo en la dirección contraria podíamos llegar también a la carretera que nos interesaba y el camino no parecía muy complicado. Pero no miré el Street View y ahí estuvo el error. Porque poco después de salir, el camino comenzó a estrecharse y estrecharse y comenzamos a tener un montón de coches viniendo en dirección contraria. Fue un lío de mil pares de narices, cabíamos por los pelos, los otros coches eran torpes y no se apartaban lo suficiente (hubo incluso uno que por sus santos huevos dijo que no se movía, que cabíamos, me dieron ganas de llevarme su retrovisor). Sudamos la gota gorda, sobre todo Puri que lo pasó fatal. Cuando un rato largo más tarde conseguimos por fin llegar a una carretera más ancha juramos que nunca más cogeríamos un camino sin estudiarlo previamente. Pero bueno, no hubo ningún incidente y conseguimos sortear el problema.