Se acercaba la hora de empezar el viaje de vuelta y empezamos a llenar La Gringa con todas las cosas que nos íbamos a llevar de vuelta: varias cajas de vino blanco y tino, una caja de Estrella Galicia, dos cajas grandes llenas de productos alimentarios de todo tipo, un montón de verduras incluyendo una caja grande con 25kg patatas, 6 garrafas de 5L de aceite, unos buenos trozos de bacalao salado, un ossobuco, otras piezas de carne... Llevábamos la nevera a reventar y un montón de los espacios inferiores ocupados.
Salimos por fin el jueves 10 por la mañana temprano, con tiempo porque queríamos llegar a la Praia das Catedrais con tiempo de pillar la marea buena. Paramos en Ordes a repostar y seguimos camino, con Puri conduciendo. Un rato después, a la altura de Vilalba queríamos parar y cogimos una salida que indicaba una gasolinera. La tal gasolinera no se veía por ningún lado. Al cabo de un rato vimos un cartel que indicaba que estaba a 500m. Seguimos un buen rato y la gasolinera no apareció por ningún lado, un misterio digno de Cuarto Milenio. Paramos finalmente en un parking frente a una empresa y tras una breve parada retomamos el camino. Al cabo de un rato miré por el retrovisor y me di cuenta de que nos habíamos dejado abierta la puerta!! Qué despiste!! Paramos otra vez como pudimos y cerramos la puerta.
Llegamos finalmente al sitio donde íbamos a pasar la noche, un area de autocaravanas en San Cosme de Barreiros, frente a Foz. El area de autocaravanas no tenía apenas servicios pero estaba de maravilla, con unas vistas preciosas a la ría de Foz. Y encima no había nadie, todo el area para nosotros.
Comimos y salimos en bici camino de la Praia das Catedrais. Un bonito paseo junto al mar y llegamos justo a tiempo de pillar la marea bajando. Nos dimos una buena vuelta por esta maravillosa playa, haciendo un montón de fotos y disfrutando de las increíbles estructuras creadas por la naturaleza.
Después de la visita a esta playa seguimos camino y nos acercamos hasta Rinlo, un bonito pueblo desconocido por la mayoría de la gente. Puri se encontró a una antigua conocida del pueblo y estuvimos un rato charlando con ella y comentando el estado del pueblo y los alrededores. Luego volvimos de nuevo hasta San Cosme, parando un ratito a tomar una cervecita en un bar del pueblo. Un buen paseo con las bicis que nos dejó cansados pero bien a gustito.
Al día siguiente salimos camino de Santander. El día anterior, de camino a San Cosme, nos habíamos acordado de Yatecomeré, una casa que vende comidas preparadas, incluyendo unas estupendas croquetas. Puri les había llamado a ver si nos podían enviar un pedido a Reino Unido pero nos enteramos de que tenían un almacén en Asturias, junto a Oviedo, que nos pillaba más o menos de paso. Así que organizamos un pedido para recoger en este almacén. Hicimos esta parada, recogimos nuestro pedido de croquetas, cochinillo y carrilleras y seguimos camino con más cosas llenando nuestra caravana.
Al día siguiente cogimos las bicis y tiramos hacia la costa. Para llegar allá había que subir unas colinas y bajar por unos caminos bastante empinados. En uno de ellos de pronto oí a Puri gritando. Los frenos de su bici no estaban en el mejor estado del mundo y en esa cuesta no conseguía parar del todo. Afortunadamente finalmente consiguió parar y todo acabo en un sustillo.
La playa a la que habíamos elegido ir se llamaba Santa Justa, una auténtica joya, súper bonita y recogida, con poca gente. Y con un estupendo chiringuito en el que nos sentamos a disfrutar de unas cervecitas. El chiringuito tenía como banda sonora una recopilación de música de los ochenta que nos ofreció una selección de temazos de la movida. Yo encantado!!
Llegamos por fin a la zona de embarque y tras esperar lo que parecieron varios milenios por fin embarcamos (de los últimos, yo creo que el barco zarpó según subimos). El viaje de vuelta tranquilo y sin incidencias. Se nos hizo más largo que a la ida. Cuando desembarcamos, en la aduana inglesa, un policía me hizo abrir todos los compartimentos inferiores. Como estaban todos cerrados con llave estuvimos un buen rato hasta que conseguimos abrirlos todos y el tipo quedó satisfecho.
De Porstmouth al sitio donde dejamos la autocaravana nada que reseñar, un trayecto corto esta vez sin tráfico. Llenamos el coche hasta el techo con todas la cosas que habíamos traído (y aún quedaron unas cuantas en La Gringa pendientes de recoger más adelante) y tiramos hacia casa, tristes de que acabase este estupendo viaje donde lo habíamos pasado tan bien.



