Una vez en Suiza, pasamos unos días estupendos con la familia. Nos hizo un tiempo excelente y pudimos disfrutar de unos buenos paseos con unas vistas extraordinarias. Un día fuimos a un spa que está en un pueblo en lo alto de una ladera en las montañas y fue una pasada, poder estar metidos en el agua calentita rodeado de altas cumbres. No dormimos en La Gringa porque no teníamos gas para la calefacción, pero estuvimos muy a gusto, compartiendo un apartamento con Ángeles, la sobrina de Puri, y su familia.
La segunda noche hicimos una cena en La Gringa con la familia. Fue genial comprobar que, usando una mesa de camping muy amplia que llevamos, pudimos cenar un grupo bien grande de gente. Entre otras cosas, dimos buena cuenta de los quesos que habíamos comprado en Saint-Point Lac de camino a Suiza.
Uno de los días, al volver por la tarde después de una excursión, nos encontramos con que la policía nos había dejado un papelito informando de que La Gringa estaba mal aparcada y pidiendo que la moviésemos. Nos extrañó porque antes de venir el hermano de Puri había consultado con la policía para confirmar que no habría problema en que la dejásemos allí. Fue la cuñada de Puri a hablar de nuevo con ellos (allí se conocen todos) y le dijeron que realmente no tenían poder de actuación allí donde estaba aparcada porque era un parking privado que pertenecía al club de golf y que simplemente nos habían puesto el aviso pero que realmente no pasaba nada.
En cualquier caso, al día siguiente ya nos íbamos y partimos de Crans-Montana tras despedirnos de todos. El descenso desde la estación de esquí me preocupaba, no fuesen a calentarse en exceso y no funcionar bien los frenos, ya que la bajada es larga y pronunciada. Así que lo que hicimos es ir parando un rato cada pocos kilómetros. En cualquier caso, La Gringa respondió perfectamente y bajamos sin problemas.
Sin embargo, un rato más adelante se encendió una luz en el extremo de la palanca de cambios. Yo no sabía lo que quería decir. Paramos en una gasolinera y consulté en internet y, según la información que encontré, esa luz indicaba que había algún tipo de problema con la transmisión. Sonaba preocupante, sobre todo a más de 1000km de casa! Pero el caso es que La Gringa andaba bien, yo no notaba ningún tipo de problema con los cambios o con la potencia del motor. De todas formas, decidimos intentar revisar esto al día siguiente.
Esa noche pernoctamos en otro area para caravanas en Suiza, en un sitio bastante chulo junto a un río en una pequeña población cerca de Basilea. Nos visitó Melanie, otra sobrina de Puri, ella vive en Ginebra y no había podido acercarse a visitarnos a Crans. Fue una visita estupenda y disfrutamos un montón contándonos nuestras vidas. En este area en teoría había que pagar pero no hubo forma, la máquina sólo aceptaba monedas (y hacían falta 15 francos que no teníamos) o el pago mediante una aplicación móvil. Pero la aplicación sólo se podía vincular a cuentas bancarias suizas!! Además los puntos de luz, que también iban con monedas, resulta que acumulaban el saldo de los anteriores que los hubiesen usado y había varios que tenían bastante saldo, así que, no sólo no pagamos sino que la luz nos salió gratis.
Al día siguiente, pasamos a Alemania porque yo había visto que había una ciudad que tenía varios talleres de camiones. Nos dirigimos a uno de ellos que parecía bastante grande y les comentamos el problema de la transmisión y les pedimos que si podían echar un vistazo. Nos dijeron que no estaban seguros de poder hacer algo, ya que ellos eran especialistas de otra marca (MAN), pero que harían lo que pudieran. Esperamos un rato bien largo y finalmente nos atendieron. Un operario nos confirmó que el nivel del líquido de la transmisión estaba correcto y que visualmente no se observaba ninguna pérdida ni nada que estuviese obviamente mal. Y también nos dijeron que no podían saber más porque no contaban con los ordenadores para conectar a un chasis Ford como el nuestro. Nos recomendaron otro taller Ford de la zona a ver si allí podían conectar el ordenador y encontrar el origen del fallo. Eso sí, nos cobraron 100€ por el vistazo!
Nos plantamos en el taller de Ford y preguntamos en recepción. Un chico bastante majo nos dijo que creía que sí nos lo podrían mirar pero que en ese momento estaban comiendo. Así que nos dimos una vuelta con La Gringa y volvimos al cabo de un rato. El chico nos dijo que pasásemos La Gringa al taller y allá fuimos entre estrecheces hacia dentro. Los del taller nos miraban como si estuviésemos locos y decían que a dónde íbamos con ese bicho. Nosotros decíamos que nos habían dicho que la metiésemos y hasta el fondo fue. Allí nos quedamos, nosotros sin saber qué hacer y los del taller mirando alucinados. Por fin llegó uno con pinta de jefe que nos dijo que finalmente no nos lo podían mirar porque los códigos de los Ford europeos no tenían nada que ver con los americanos y, siendo La Gringa americana, no podían conectar y ver el fallo. Estos por lo menos no nos cobraron nada.
En vista de que no había nada más que hacer y que la auto-caravana parecía ir bien, decidimos seguir viaje y hacerlo mirar más adelante cuando estuviésemos ya de vuelta en casa. Así que condujimos todos los kilómetros de vuelta a casa con la espada de Damocles de que en algún momento la cosa fuese a mayores. Afortunadamente no ocurrió nada y pudimos volver a casa sin más problemas.
Lo bueno de ir por Alemania es que las autopistas no son de peaje, así que seguimos dirección norte por este país todo lo que pudimos hasta que ya no tuvimos más remedio que pasarnos a Francia a la altura de Estrasburgo. Teníamos la intención de intentar pernoctar en Luxemburgo, pero pillamos mucho tráfico en la circunvalación de Estrasburgo, así que ante la perspectiva de llegar de noche, decidimos parar antes, todavía en territorio francés. Puri se animó a conducir un rato, pero lo dejó poco después, un poco asustada de lo que se movía La Gringa porque había bastante viento. Empezó a hacer un tiempo bastante horroroso con mucha lluvia, así que agradecí cuando llegamos y pudimos instalarnos. Es una pena que lloviese tanto, porque muy cerca había un spa que abría hasta tarde y normalmente hubiésemos ido a darnos un bañito relajante, pero bajo ese chaparrón no nos lo planteamos.
Uno de los días, al volver por la tarde después de una excursión, nos encontramos con que la policía nos había dejado un papelito informando de que La Gringa estaba mal aparcada y pidiendo que la moviésemos. Nos extrañó porque antes de venir el hermano de Puri había consultado con la policía para confirmar que no habría problema en que la dejásemos allí. Fue la cuñada de Puri a hablar de nuevo con ellos (allí se conocen todos) y le dijeron que realmente no tenían poder de actuación allí donde estaba aparcada porque era un parking privado que pertenecía al club de golf y que simplemente nos habían puesto el aviso pero que realmente no pasaba nada.
En cualquier caso, al día siguiente ya nos íbamos y partimos de Crans-Montana tras despedirnos de todos. El descenso desde la estación de esquí me preocupaba, no fuesen a calentarse en exceso y no funcionar bien los frenos, ya que la bajada es larga y pronunciada. Así que lo que hicimos es ir parando un rato cada pocos kilómetros. En cualquier caso, La Gringa respondió perfectamente y bajamos sin problemas.
Sin embargo, un rato más adelante se encendió una luz en el extremo de la palanca de cambios. Yo no sabía lo que quería decir. Paramos en una gasolinera y consulté en internet y, según la información que encontré, esa luz indicaba que había algún tipo de problema con la transmisión. Sonaba preocupante, sobre todo a más de 1000km de casa! Pero el caso es que La Gringa andaba bien, yo no notaba ningún tipo de problema con los cambios o con la potencia del motor. De todas formas, decidimos intentar revisar esto al día siguiente.
Al día siguiente, pasamos a Alemania porque yo había visto que había una ciudad que tenía varios talleres de camiones. Nos dirigimos a uno de ellos que parecía bastante grande y les comentamos el problema de la transmisión y les pedimos que si podían echar un vistazo. Nos dijeron que no estaban seguros de poder hacer algo, ya que ellos eran especialistas de otra marca (MAN), pero que harían lo que pudieran. Esperamos un rato bien largo y finalmente nos atendieron. Un operario nos confirmó que el nivel del líquido de la transmisión estaba correcto y que visualmente no se observaba ninguna pérdida ni nada que estuviese obviamente mal. Y también nos dijeron que no podían saber más porque no contaban con los ordenadores para conectar a un chasis Ford como el nuestro. Nos recomendaron otro taller Ford de la zona a ver si allí podían conectar el ordenador y encontrar el origen del fallo. Eso sí, nos cobraron 100€ por el vistazo!
Nos plantamos en el taller de Ford y preguntamos en recepción. Un chico bastante majo nos dijo que creía que sí nos lo podrían mirar pero que en ese momento estaban comiendo. Así que nos dimos una vuelta con La Gringa y volvimos al cabo de un rato. El chico nos dijo que pasásemos La Gringa al taller y allá fuimos entre estrecheces hacia dentro. Los del taller nos miraban como si estuviésemos locos y decían que a dónde íbamos con ese bicho. Nosotros decíamos que nos habían dicho que la metiésemos y hasta el fondo fue. Allí nos quedamos, nosotros sin saber qué hacer y los del taller mirando alucinados. Por fin llegó uno con pinta de jefe que nos dijo que finalmente no nos lo podían mirar porque los códigos de los Ford europeos no tenían nada que ver con los americanos y, siendo La Gringa americana, no podían conectar y ver el fallo. Estos por lo menos no nos cobraron nada.
En vista de que no había nada más que hacer y que la auto-caravana parecía ir bien, decidimos seguir viaje y hacerlo mirar más adelante cuando estuviésemos ya de vuelta en casa. Así que condujimos todos los kilómetros de vuelta a casa con la espada de Damocles de que en algún momento la cosa fuese a mayores. Afortunadamente no ocurrió nada y pudimos volver a casa sin más problemas.
Al día siguiente emprendimos camino temprano porque habíamos quedado en Brujas con una amiga para cenar y queríamos llegar con tiempo suficiente para poder dar una buena vuelta por la ciudad. Atravesamos Luxemburgo (realmente no hubiera hecho falta, pero me hacía ilusión decir que había visitado ese país) y entramos a Bélgica. Lo bueno de este país en comparación con Francia es que, no sólo las autopistas no son de pago, sino que el combustible cuesta la mitad. Así que aprovechamos para llenar los depósitos hasta los topes.
El día transcurrió calmado y circulamos a buen ritmo, así que pudimos llegar a Brujas a la hora prevista, poco después de comer. Llegamos al area de auto-caravanas y de nuevo la entrada era bastante estrecha. Estábamos allí a ver si entrábamos y llegó un español que estaba pernoctando allá y nos echó una buena mano para poder maniobrar hasta que pudimos entrar. Las plazas no eran muy largas pero este amigo español lo solucionó pronto arrancando un tronco que había al final de una de esas plazas de forma que pudiésemos meter el culo de La Gringa y de esa forma poder caber. Las plazas tampoco eran muy anchas y no parecía que fuésemos a poder sacar los slide-outs ya que estábamos emparedados entre otras dos auto-caravanas.
Al lado nuestro estaba aparcado un holandés muy simpático que estaba alucinado con La Gringa, nos dijo que le encantaba y que su sueño era algún día tener algo así. Le invitamos a pasar y lo pasó como un niño pequeño explorando todos los espacios. Me hizo mucha gracia este hombre que nos cayó fenomenal.
El día transcurrió calmado y circulamos a buen ritmo, así que pudimos llegar a Brujas a la hora prevista, poco después de comer. Llegamos al area de auto-caravanas y de nuevo la entrada era bastante estrecha. Estábamos allí a ver si entrábamos y llegó un español que estaba pernoctando allá y nos echó una buena mano para poder maniobrar hasta que pudimos entrar. Las plazas no eran muy largas pero este amigo español lo solucionó pronto arrancando un tronco que había al final de una de esas plazas de forma que pudiésemos meter el culo de La Gringa y de esa forma poder caber. Las plazas tampoco eran muy anchas y no parecía que fuésemos a poder sacar los slide-outs ya que estábamos emparedados entre otras dos auto-caravanas.
Al lado nuestro estaba aparcado un holandés muy simpático que estaba alucinado con La Gringa, nos dijo que le encantaba y que su sueño era algún día tener algo así. Le invitamos a pasar y lo pasó como un niño pequeño explorando todos los espacios. Me hizo mucha gracia este hombre que nos cayó fenomenal.
Empezó a atardecer y a hacer más frío (nos había hecho una tarde estupenda) y nos volvimos con las bicis a la auto-caravana. Nos encontramos con la agradable sorpresa de que nuestros vecinos de plaza se habían ido, así que, pensando que a esas horas no iba ya a aparecer nadie más a aparcar, movimos La Gringa de forma que ocupase dos plazas y así pudimos sacar los slide-outs. En seguida apareció Lola, nuestra amiga, con su hijo Santi y pasamos una buena noche con ella.
Lola y Santi se quedaron a dormir en nuestro sofá-cama. Al día siguiente, poco después de desayunar, nos despedimos de ellos y emprendimos viaje. Nuestro vecino holandés nos ayudó emocionado a maniobrar para salir y nos acompañó hasta la puerta, diciéndonos adiós con una mirada soñadora. No me extrañaría encontrármelo dentro de unos años conduciendo un bicho como el nuestro por Europa.






